Un traje a la medida: los seis encargos que recibió Tezanos

Lo que Tezanos presenta con el engañoso titular de “estimación de resultados” es un traje cortado a la medida de las conveniencias tácticas de Sánchez para afrontar la fase final de la campaña

Foto: El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos. (EFE)
El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos. (EFE)

Ya aburre esto de abominar de los engendros de Tezanos en el CIS. Lo que hay que hacer, en mi opinión, es exigir directamente que el instituto oficial deje de invadir las campañas electorales con macroencuestas manufacturadas que no responden al momento en que se publican (en esta, se comenzaron a hacer las entrevistas cuando ni siquiera se habían convocado las elecciones) ni al rigor y disciplina metodológica que siempre distinguió al CIS. Lo que en otro tiempo pudo justificarse por dar continuidad a un pulcro trabajo científico de décadas ha perdido todo sentido desde que el mandarín del CIS ha destrozado las series históricas e inventa una nueva metodología en cada encuesta.

Un traje a la medida: los seis encargos que recibió Tezanos

Estamos ante una intoxicación de la opinión pública, ejecutada con descaro pasmoso y sufragada con fondos públicos. La irrupción sistemática en las campañas de un organismo gubernamental disparando con fuego sociológico adulterado contamina la limpieza de los procesos electorales en España y debe ser detenida.

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Lo que Tezanos presenta con el engañoso titular de “estimación de resultados” (lo que se autodesmiente inmediatamente después subrayando que “no es en absoluto un modelo de pronóstico de los resultados de las elecciones”) es, simplemente, un traje de encargo, cortado a la medida de las conveniencias tácticas de Pedro Sánchez para afrontar la fase final de la campaña.

Ni siquiera respeta la lógica de sus datos de origen. Si, partiendo de la intención y el recuerdo de voto que él mismo suministra, hubiera aplicado honradamente el método tradicional del CIS, le habría salido una estimación parecida a esta: PSOE, 29,2%; PP, 19,2%; Unidas Podemos, 13,1%; Ciudadanos, 10,9%; Vox, 10,7%; Más País, 2,5%.

Ese sería, probablemente, un reflejo razonable de la situación existente en el momento en que se hizo la encuesta: con las elecciones sin convocar o recién convocadas, sin conocerse las coaliciones ni las candidaturas, lo de Errejón en mantillas y antes de los sucesos que se desencadenaron en Cataluña precisamente el día en que el CIS concluyó sus entrevistas. Sería una estimación obsoleta —porque ha llovido mucho desde entonces— pero honesta. Lo demás no es cocina, es sastrería.

Los ingredientes del encargo monclovita se adivinan con sencillez absurda:

Primero, hay que mejorar para el PSOE la estimación de marzo (30,2%). No solo por justificar el hecho de haber forzado las elecciones, sino para meter en los promedios de encuestas, que están de moda, un chute que corrija al alza la línea descendente de las últimas semanas. No podemos arrancar la campaña oficial en plena caída.

Un traje a la medida: los seis encargos que recibió Tezanos

Segundo, hay que mostrar que la izquierda aplasta a la derecha. Aquí se le ha ido la mano al sastre: con esta estimación, pasaríamos del empate entre bloques del 28-A a una victoria de la izquierda por ¡13 puntos! Sánchez, Iglesias y Errejón sumarían un sideral 49,7% frente al miserable 36,6% de Casado, Rivera y Abascal. Si añadimos a la izquierda nacionalista (ERC, CUP, Bildu, BNG), la sociedad española habría experimentado en cuatro meses un enrojecimiento repentino para los anales de la ciencia política.

El tercer encargo, lógicamente, es que la izquierda sume mayoría absoluta sin necesidad de los nacionalistas. La asignación de escaños por provincias está medida con primor de orfebre para producir ese efecto. Hay que acallar ya, José Félix, el molesto runrún de que tendremos que apoyarnos en el PP para gobernar. Bastante peligroso es Iglesias en los debates para brindarle además ese argumento el lunes. Al revés, arropado en nuestros datos, le pasaré toda la presión: ¿va a sabotear otra vez el Gobierno progresista?

Un traje a la medida: los seis encargos que recibió Tezanos

Cuarto encargo, quizás el más importante: hay que mantener intacta la ventaja del PSOE sobre el PP. Ya sabe toda España que cada punto que esa distancia se reduce es un peligro para Sánchez y alimenta la ilusión de Casado y los suyos. Tezanos lo ha clavado como a mariposa en pared: fueron 12 puntos en abril y 12 puntos siguen siendo en octubre. Abandonen los facciosos toda esperanza y ríndanse de una vez.

Quinto: hay que despejar la insidiosa especie de que estamos fortaleciendo a la extrema derecha. Abascal, al desván, y Vox, al 8% (cuatro puntos menos que en la estimación de marzo). Somos campeones de la izquierda y verdugos del trifachito, faltaría más.

El sexto ha sido el más sencillo de cumplir: hay que mostrar que todo el castigo del bloqueo se lo lleva el villano Rivera, como escarmiento por su veto y sus paseos por Colón. Efectivamente, no es posible encontrar, ni en esta encuesta antigua ni en ninguna de las contemporáneas, un solo dato alentador para el equipo naranja.

En realidad, es injusto que se ponga toda la atención en una única página, la de la estimación trucha de Tezanos. Un trabajo de 18.000 entrevistas con un cuestionario de más de 30 preguntas tiene que contener un montón de información interesante y útil. Ciertamente, la contiene. La estimación es el subproducto detestable de un producto valioso, que es la encuesta misma con sus miles de pequeños datos que, leídos con calma y relacionados con estudios anteriores, ayudan a comprender algo de lo que está pasando en estos meses en la convulsa sociedad española.

La estimación es el subproducto detestable de un producto valioso

En general, los datos directos de esta encuesta preelectoral son casi un espejo de los de la encuesta de marzo, incluidas las desviaciones habituales. Parece como si, en el momento de hacerse las entrevistas, con una legislatura a punto de perecer o recién fallecida, la opinión pública estuviera suspendida en una pausa expectante, esperando acontecimientos. Todo lo importante sucedió después.

La diferencia principal se refiere a la abstención. En la encuesta preelectoral de marzo, gemela de esta, el 76% anunciaba que iría a votar con toda seguridad. Esa fue la participación contabilizada en la noche electoral, así que parece un indicador fiable. En esta ocasión, la cifra de quienes dicen que votarán con toda seguridad es nueve puntos inferior: el 67%. Estamos hablando de tres millones de personas que estaban seguras de ir a votar en las elecciones de abril y no lo están ahora —o no lo estaban a principios de octubre—. No pierdan de vista la participación, porque será determinante del resultado.

Por lo demás, mi consejo —que sé que nadie seguirá— es proceder al revés: coger la página de la pretendida “estimación de resultados” con la hojarasca de pedante literatura pseudocientífica que la camufla, depositarla en la papelera y sentarse a leer con atención el resto de la encuesta. Dicho de otro modo: quedarse con la parte del CIS y olvidarse de la de Tezanos.

Una Cierta Mirada
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