Los españoles y Dios

El de hoy es un buen día para repasar cómo va la relación de los españoles con Dios, tradicionalmente apasionadas para partidarios y detractores

Foto: Procesión del Cristo de Medinaceli en Madrid. (EFE)
Procesión del Cristo de Medinaceli en Madrid. (EFE)
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¿Alguien recuerda que en su origen la Navidad era una festividad religiosa? Hoy la celebramos todos, desde los más devotos a los más descreídos, y todos nos deseamos feliz Navidad sin que ello retenga la menor relación con el nacimiento de Jesucristo. Conozco a más de un ateo comecuras que no se priva jamás de instalar un belén un su casa. La Navidad es ya una festividad plenamente pagana, en la que el único altar en el que se reza es el del consumo desaforado (un poquito de recato y recogimiento vendría especialmente bien este año). En todo caso, el de hoy es un buen día para repasar cómo va la relación de los españoles con Dios, tradicionalmente apasionadas para partidarios y detractores. Por enfriar el tema, acudamos a los datos.

Una de las pocas cosa buenas que le van quedando al CIS son sus prolongadas y valiosísimas series históricas de datos. No las que se refieren a los métodos de estimación del voto ni a la antaño pulcra y cuidadosa redacción de los cuestionarios, que han caído bajo la piqueta tezanista. Pero por el momento se han salvado de la quema un puñado de indicadores, mantenidos durante largo tiempo, que permiten vislumbrar la evolución de la sociedad en periodos largos.

Uno de ellos es el que tiene que ver con las creencias y las prácticas religiosas de los españoles. Tenemos datos de 40 años al respecto. Hay tres categorías de creyentes: los que se declaran católicos practicantes, los católicos no practicantes y los que creen en otras religiones. Y tres especies de no creyentes: los que se declaran agnósticos, los que se sienten indiferentes y los ateos. En el barómetro de diciembre se distribuyen así:

En total, un 64,4% de los españoles adultos tienen alguna clase de fe religiosa y un 34,4% carecen de ella. La relación entre creyentes y no creyentes es de dos a uno, no muy distinta de países próximos con tradición católica, como Italia o Francia. Pero la serie histórica del CIS nos permite observar la evolución a lo largo del tiempo. Veámoslo dando saltos de 10 años (tomamos como referencia el barómetro de diciembre de cada año):

En 40 años, el porcentaje de creyentes ha disminuido 24 puntos y el de no creyentes ha crecido en la misma cuantía. Calculen que, con el censo actual, cada punto porcentual son alrededor de 350.000 personas y comprobarán la magnitud del cambio.

Entre las personas que se declaran creyentes (62%), predominan claramente los no practicantes. En el caso de los católicos, solo el 17% dice acudir regularmente a misa (al menos una vez por semana. El 30% lo hace ocasionalmente y más de la mitad, el 52%, no pisa una iglesia salvo en bodas, comuniones y funerales. El proceso de laicización de la sociedad española es rapidisímo y, aparantememte, imparable.

El factor clave de esta transformación es la edad. Los jóvenes españoles se alejan aceleradamente de la religión. Observen este gráfico:

El porcentaje de creyentes aumenta con la edad, y entre los menores de 25 años los no creyentes ya son claramente mayoritarios. En esto como en todo, la brecha generacional explica casi todo lo que sucede en la sociedad española: entre los menores de 45 años hay casi un empate entre los creyentes (49%) y los no crentes (45%), mientras entre los mayores de 45 años los creyentes dominan abrumadamente con un 73%. Aquellos jóvenes de 1980 que entonces se declaraban católicos, hoy son ya ancianos y la mayoría conserva la fe. Pero sus hijos ya fueron alejándose de ella, y sus nietos han salido masivamente descreídos.

Hay otros factores discriminantes, además de la edad. Las mujeres son claramente más religiosas (71%) que los hombres (56%). La gente sin estudios o con estudios primarios cree en la religión mucho más (89%) que quienes tiene estudios superiores (56%). Puesto que en España el nivel de estudios es aún fuertemente correlativo con la clase social, no es aventurado decir que la religión en la España actual es cosa más de pobres que de ricos.

En lo que se refiere a la política, la fractura es manifiesta: el 80% de quienes se sitúan ideológicamente en la derecha se declaran creyentes, lo que solo ocurre en el 45% de los que se ubican en la izquierda. Son muchos más los creyentes en el electorado del PSOE (63%) que en el de Unidas Podemos (25%). Y son también más en el espacio del PP (90%) que en el de Vox (82%). Ambos casos se explican por la edad: el PP y el PSOE tienen los electorados más envejecidos (también los de rentas más bajas; el electorado de mayor nivel de renta es el de Podemos, como antes lo fue el de IU y antes el del PCE).

Cuando Manuel Azaña pronunció la famosa frase “España ha dejado de ser católica”, la acompañó de una explicación: “El catolicismo —dijo— ha dejado de ser la expresión y el guía del pensamiento español. Que haya en España millones de creyentes, yo no os lo discuto; pero lo que da el ser religioso de un país, de un pueblo y de una sociedad no es la suma numérica de creencias o de creyentes, sino el esfuerzo creador de su mente, el rumbo que sigue su cultura (…). Tengo los mismos motivos para decir que España ha dejado de ser católica que para decir lo contrario de la España antigua. España era católica en el siglo XVI, a pesar de que aquí había muchos y muy importantes disidentes, algunos de los cuales son gloria y esplendor de la literatura castellana, y España ha dejado de ser católica, a pesar de que existan ahora muchos millones de españoles católicos, creyentes".

Creo que aquellas palabras respondían más a la voluntad de Azaña que en la realidad española de 1932. Pero se aproximan mucho a la actual; y probablemente, será un hecho consumado en un par de generaciones. Con todo, feliz Navidad.

Una Cierta Mirada