Lo peor que puede pasarle a Sánchez es que gane Illa
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

Lo peor que puede pasarle a Sánchez es que gane Illa

El andamiaje del tinglado Frankenstein comenzaría a tambalearse por su punto más frágil en la misma noche electoral

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el candidato del PSC a la Generalitat, Salvador Illa. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el candidato del PSC a la Generalitat, Salvador Illa. (EFE)

Si la pretensión de Pedro Sánchez es gobernar hasta 2023 apoyándose en la mayoría que hasta ahora le ha respaldado —de la que ERC es una pieza clave—, debería poner velas para que el llamado 'efecto Illa' no llegue tan lejos como para que el PSC gane las elecciones del 14-F; porque, en tal caso, el andamiaje del tinglado Frankenstein comenzaría a tambalearse por su punto más frágil en la misma noche electoral.

No es fácil que el PSC quede en primer lugar, sobre todo en escaños (el reparto por provincias le perjudica claramente). Pero si sucediera, el ganador se encontraría, como Inés Arrimadas en 2017, sin posibilidad alguna de traducir su victoria pírrica en un Gobierno efectivo. Se supone que Illa debería reclamar inmediatamente ir a una investidura. Pero no lo hará, porque podría verse en la enojosa situación de que Ciudadanos y el PP le ofrezcan el voto y los aliados independentistas de Sánchez se lo nieguen.

Foto: El todavía ministro de Sanidad, Salvador Illa. (EFE)

Illa no será presidente de la Generalitat porque no existe un escenario verosímil en el que ERC esté dispuesto a votar su investidura, y mucho menos a integrarse como socio subalterno en un Gobierno presidido por el PSC. La famosa reedición del tripartito de izquierdas en cualquiera de sus variantes solo sería concebible con Aragonès o alguien de su partido encabezando el Govern. Ese fue siempre el escenario sobreentendido y el presupuesto de partida para Pablo Iglesias, principal patrocinador de la fórmula.

La hipotética victoria del PSC provocaría más bien el obligado reagrupamiento del independentismo para formar un Gobierno de coalición nacionalista aún más radicalizado que el anterior, porque esta vez incluiría a la CUP. El destino más probable de Illa, cualquiera que sea su resultado electoral, será el de líder de una oposición domesticada y condicionada por la necesidad de Sánchez de seguir contando con el apoyo de ERC en el Congreso. El primero en verlo venir fue Iceta, de ahí su gentileza para permutar el puesto de trabajo con su segundo: en esta ronda, a ti te toca lidiar con los zorrocotrocos en Barcelona y a mí mandar desde Madrid.

El miedo a contagiarse dispara el voto por correo un 160%

La crecida electoral del PSC está asegurada, con Illa o sin él, desde que Ciudadanos se suicidó doblemente, primero con la estrategia desquiciada de Rivera y después con el abandono de Arrimadas. En realidad, el regreso del PSC a una de las dos primeras posiciones no es otra cosa que restablecer la normalidad electoral que rigió en Cataluña desde 1980, solo alterada en 2015 y 2017 por la violencia emocional del 'procés'. De hecho, el PSC ya recuperó holgadamente la segunda posición en las dos elecciones generales de 2019. Atribuir toda la subida que tendrá el PSC en esta votación al llamado 'efecto Illa' es una exageración inflamada de propaganda que todos sus rivales han comprado como incautos hasta convertir la campaña en un plebiscito sobre el exministro. A este paso, al final conseguirán que el cuento se haga realidad.

La audaz maniobra de Sánchez ha sido percibida por ERC como una opa hostil. Primero, porque desafía su expectativa de conseguir la presidencia de la Generalitat. Segundo —aún más grave para ellos—, porque compromete el propósito sagrado de hacerse al fin con la hegemonía en el campo nacionalista. Si el 'efecto Illa' desplegara toda la potencia que se le atribuye, no estaría en peligro únicamente la victoria electoral de ERC, también lo estaría el segundo puesto. El horizonte verosímil de verse relegados de nuevo a la tercera posición, sobrepasados por los socialistas y por Puigdemont, es más de lo que Junqueras y sus huestes están en condiciones de soportar. Que ello sucediera tras haberse puesto a disposición de Sánchez en tres ocasiones (moción de censura, investidura, Presupuestos), no se dejaría pasar impunemente.

Foto: La portavoz de ERC, Marta Vilalta. (EFE)

Siempre se supuso que ERC, partido traidor en todos los acuerdos políticos que ha firmado desde su fundación, acabaría traicionando también a Sánchez. Pero ha resultado a la inversa: hoy sienten que el pícaro madrileño los embaucó para que le entregaran el poder y después los apuñaló como pago por sus servicios.

El pacto de Frankenstein contenía un acuerdo vinculante. ERC sostendría a Sánchez en Madrid y este ayudaría a ERC a conquistar Cataluña

El pacto de Frankenstein contenía un acuerdo no por implícito menos vinculante. Esquerra sostendría a Sánchez en Madrid y este ayudaría a Esquerra a conquistar el poder en Cataluña. Hoy por ti, mañana por mí. Ese fue desde el principio el espíritu de la famosa mesa de negociación por la que tanto luchó Junqueras y que trataron de sabotear Puigdemont y Torra. La idea era que Illa pastoreara la mesa desde Madrid a la espera de que, en Barcelona, Aragonès ocupara el lugar de Torra e Iceta el de Arrimadas. Luego, de poder a poder, ya continuarían la conversación entre ellos, con Iglesias haciéndose valer como mediador.

Foto: Los últimos presidentes de la Generalitat, Quim Torra y Carles Puigdemont. (EFE)

El lanzamiento a la carrera electoral de Illa con ambiciones de victoria quiebra los fundamentos de aquel acuerdo y coloca a ERC en una posición extraordinariamente comprometida. Se entiende su empeño en sortear el doble misil que les envían desde Moncloa y desde Waterloo aplazando las elecciones con la excusa de la pandemia, y su irritación ante la apuesta temeraria de Sánchez e Illa de mantener el pulso del 14-F pese al extremo riesgo sanitario del evento, con Cataluña pintada de rojo oscuro por la Comisión Europea como territorio que necesita confinamiento inmediato.

Más le vale a Sánchez, pensando en su propia estabilidad, que el resultado se ajuste al guion previsto inicialmente: ERC en primera posición, el PSC segundo (con Ciudadanos de vuelta a las catacumbas) y Puigdemont tercero, lo más lejos posible del primero. Cualquier otro escenario quizá le proporcione una efímera satisfacción en la noche electoral, pero inmediatamente después comenzará a sentir el suelo temblar bajo sus pies. Siempre se dijo que la avaricia rompe el saco.

El triunfador de esta operación es Iceta, que ha logrado largarse de aquel avispero y venir a tutelar desde la capital la política catalana del Gobierno

De momento, el triunfador personal de esta operación es Miquel Iceta, un político astuto con alma de cortesano que finalmente ha conseguido lo que lleva años buscando: largarse de aquel avispero y venirse a tutelar desde la capital la política catalana del Gobierno. Además, lo hace quedando como un señor y vendiéndolo como un generoso sacrificio por la causa.

Illa no tardará en percatarse de que sus jefes le han entregado un quilombo envuelto en papel de regalo. En cuanto a Sánchez y su Rasputín moclovita (cúrate pronto), ya deben estar pensando en dar la vuelta al tópico: el 14 de febrero, cuanto mejor, peor.

Si la pretensión de Pedro Sánchez es gobernar hasta 2023 apoyándose en la mayoría que hasta ahora le ha respaldado —de la que ERC es una pieza clave—, debería poner velas para que el llamado 'efecto Illa' no llegue tan lejos como para que el PSC gane las elecciones del 14-F; porque, en tal caso, el andamiaje del tinglado Frankenstein comenzaría a tambalearse por su punto más frágil en la misma noche electoral.

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