La derecha es cosa de hombres
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

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La derecha es cosa de hombres

Si en España solo votaran los hombres, la derecha arrasaría. Si solo votaran las mujeres, ganaría la izquierda por poco. Y, si solo lo hicieran los mayores de 65, renacería el bipartidismo

Foto: Cierre de la convención nacional PP. (EFE)
Cierre de la convención nacional PP. (EFE)

En 1932, Indalecio Prieto y otros muchos socialistas se opusieron al voto femenino porque presumían que iría a parar masivamente a la derecha. Hoy, la estimación derivada de los datos de IMOP-Insights nos suministra una primera noticia importante: son las mujeres las que están salvando a la izquierda de una catástrofe electoral.

El Observatorio Electoral de El Confidencial acumula ya casi 4.000 entrevistas. Además de seguir la pista a la tendencia, ello permite indagar y afinar el análisis. ¿Cómo se compone la base electoral de los principales partidos? ¿Qué otros factores, además de la archimanoseada posición ideológica, son claves para comprender el comportamiento electoral de los españoles?

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Es importante saberlo porque en las cúpulas políticas se estudia y se sabe, y de ese conocimiento nacen las estrategias y las decisiones que a todos nos afectan. Pedro Sánchez no lanza una tómbola muchimillonaria para los jóvenes porque sí, sino porque sus analistas han detectado que quien puede hacerle perder las elecciones son los menores de 40 años. Pablo Casado necesita engullir a Ciudadanos no solo por eliminar a un competidor en su espacio, sino porque la aportación de los exvotantes de Rivera y Arrimadas rejuvenece a su electorado y ayuda a sacar el PP del gueto generacional de los mayores de 60 en el que lleva años encajonado. El discurso de Abascal, protomachista y, como le gusta decir a Rubén Amón, cipotudo, corresponde a quien es muy consciente de que casi el 70% de quienes lo votan son hombres soliviantados (en realidad, asustados) por la marea feminista.

Empecemos por las dos variables sociológicas más básicas: el sexo y la edad. Entre nosotros, tan básicas como determinantes. Si en España solo votaran los hombres, la derecha arrasaría. Si solo votaran las mujeres, ganaría la izquierda por poco. Y, si solo lo hicieran los mayores de 65 años, renacería el bipartidismo y los partidos nacionalistas quedarían prácticamente barridos del mapa electoral.

Entre los hombres, la derecha aventaja a la izquierda en más de 12 puntos. Aunque, en realidad, quien produce ese efecto es Vox, porque el electorado del PP es un reflejo casi exacto de la sociedad española: 48% de hombres y 52% de mujeres. En el Congreso resultante de un voto únicamente masculino, Vox disputaría la presidencia del Gobierno al PP, el PSOE sería tercer partido y habría aún más nacionalistas que ahora. En él, los dos grandes partidos sumarían un paupérrimo 45%, mientras las mujeres los llevarían al 61%.

Observen este otro gráfico, aún más ilustrativo que el anterior:

El PSOE es el partido más femenino en cuanto a su base electoral: 60% de mujeres (más bien mayores) frente a 40% de hombres. De hecho, las mujeres de edad mediana y avanzada y clase media-baja vienen salvando a los socialistas desde los tiempos de Felipe González. En eso se distingue de su socio podemita, que siempre tuvo un electorado mayoritariamente joven, masculino y burgués (habrá sorpresas el día que analicemos el voto por nivel de renta). Habrá que ver si Yolanda Díaz, con su constelación de mujeres dirigentes y el anclaje sindical que nunca tuvo Iglesias, es capaz de corregir eso y aumentar su cuota de voto femenino, obrero y maduro. Si lo lograra, el partido de Sánchez sufriría en sus dos fronteras.

Lo que distingue a las mujeres es que su voto es más moderado (optan por los partidos centrales), más sistémico y menos proclive a los extremismos y a los nacionalismos. Más sensato.

Más revelador aún es el voto en los distintos tramos de edad:

Pese al rejuvenecimiento de su electorado gracias a la llegada masiva de votantes de Ciudadanos, Pablo Casado tiene un problema serio. Vox está instalado en la zona del 20% del voto en todos los tramos inferiores a 54 años, pisando los talones al PP (incluso lo supera en el tramo entre 25 y 34 años). Si no fuera por la gente mayor de 55 que lo hunde, Abascal estaría en condiciones de disputar la victoria electoral al PP y al PSOE.

Observen el espacio crítico de quienes están entre 25 y 45 años. Entre 25 y 34, hay algo muy parecido a un cuádruple empate, con Vox en cabeza y Unidas Podemos muy cerca del PSOE. En ese tramo, los dos partidos tradicionales solo suman un 39% y el voto se centrifuga hacia los extremos. Entre 35 y 44, el PP y Vox adelantan al PSOE y Más País obtiene su mejor dato (7,2%).

Hablo de “espacio crítico” porque se trata de la generación machacada por las dos crisis, la de 2008 y la derivada de la pandemia. La generación del empleo precario, de las expectativas vitales obstruidas, del terror al futuro y del escepticismo hacia la democracia. Se supone que ellos son los llamados a conducir el país en los próximos años, pero, al parecer, por ahora solo piensan en salvarse de la quema.

Por lo demás, durante el mandarinato de Sánchez, el PSOE ha sustituido al PP como el partido más avejentado de España en cuanto a su base electoral (también en cuanto a su discurso, pero eso es para otro día). Así ha evolucionado la distribución de los votos del PP desde las elecciones de 2019:

En 1932, Indalecio Prieto y otros muchos socialistas se opusieron al voto femenino porque presumían que iría a parar masivamente a la derecha. Hoy, la estimación derivada de los datos de IMOP-Insights nos suministra una primera noticia importante: son las mujeres las que están salvando a la izquierda de una catástrofe electoral.

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