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Broncas en el corral hispánico: a navaja y sin reglas
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

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Broncas en el corral hispánico: a navaja y sin reglas

No hay en la galaxia autodenominada progresista una persona sensata, con prestigio y capacidad profesional y un expediente limpio que se preste hoy a meterse en el Gobierno de Sánchez y mucho menos en la dirección de su partido

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno extraordinario. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno extraordinario. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
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Pedro Sánchez, político cínico y ventajista donde los haya, siempre reta a sus enemigos de la misma forma: a navaja y sin reglas (más bien, sin reglas para él y con ellas para los demás). El principio que inspira su trayectoria política y vital se condensa en la frase castiza: si sale cara gano yo, si sale cruz pierdes tú.

Por otro lado, que el presidente del Gobierno español miente más que habla quedó establecido hace tiempo como evidencia científica. Por ello resulta chocante que aún haya quienes lo crean cuando repite la trola de que en algún instante consideró dimitir.

El obús de un Feijóo desacomplejado en la sesión del Congreso del miércoles ("¿de qué prostíbulos ha vivido usted?") nace, a mi juicio, de una decisión calculada al milímetro. Quien haya redactado un par de discursos detecta que esos cinco minutos venían escritos palabra por palabra por si era menester usarlos ante la previsible lluvia de injurias de Sánchez cuando se ve corto de razones.

Así pues, Feijóo y la escuadra de combate que forma su nueva dirección aceptan los términos del desafío: a navaja y sin reglas. El líder del PP ha concluido que este no es tiempo de licenciados en Cambridge sino de centuriones y gladiadores, empezando por él mismo. A partir de ahora el espectáculo cruento del miércoles se repetirá a diario, aunque se debata sobre el color de las amapolas.

Foto: paripe-socios-izquierda-prostibulos-sanchez

Deberíamos revisar, al menos parcialmente, la impresión generalizada de que Sánchez es prisionero de sus aliados. Lo es, pero en la misma medida en que él mantiene secuestrados a los socios. La imagen resultante es la de dos sujetos que se esposan uno al otro y tiran la llave al río. El PSOE y su bloque de apoyo están condenados a caminar juntos el resto de la legislatura y soportar sus respectivas pestilencias. Es probable que continúen amarrados entre sí cuando se trate de montar una oposición de tierra quemada al previsible gobierno de la derecha. No es sencillo recuperar la autonomía política una vez que la has entregado.

Feijóo ha procedido a clarificar el panorama. Con el partido de Sánchez no hay nada que hacer, al menos mientras siga en manos de su propietario actual. Él mismo se ha ocupado de despejar preventivamente el quilombo de Vox: será colaborador necesario para la investidura -al menos con una abstención- y para cogobernar en algunos territorios, pero no tendrá pasaporte para el Consejo de Ministros.

En cuanto a los nacionalistas del Frankenstein, toda aproximación es estéril -incluso contraproducente- mientras sigan enganchados al sanchismo y aterrados ante unas elecciones generales. Si fuera por su gusto, esta legislatura moribunda se prolongaría durante diez años más.

Así como Sánchez condenó a su partido a depender de otros gane o pierda las elecciones, Feijóo ha asumido que, para gobernar en solitario, el PP tendrá que competir y ganar en solitario, lo que requiere una musculatura excepcional que por hoy no tiene. El siguiente paso sería metabolizar la idea de que sin el antisanchismo no se arranca, pero sólo con el antisanchismo no se llega.

Su discurso en el congreso de IFEMA explicitó los términos del plan, aunque los fundamentos conceptuales de la estrategia estaban más sólidamente expuestos en el de José María Aznar el día anterior. Leídos de corrido, ambos textos encajan como las piezas de un mecano. Lo difícil es hacerlo en la práctica con un instrumento partidario aún desfasado; y, sobre todo, no dedicarse a perseguir liebres falsas, extravío habitual en ese partido desde que lo sacaron del poder a patadas.

Foto: sanchez-debate-gobierno-vox-1hms Opinión

A Sánchez le sobran compañías indeseables en el Parlamento, pero experimenta progresivamente otro tipo de soledad, más dramática, relacionada con los recursos humanos disponibles. Su descrédito actual es de tal magnitud que no puede subir al barco a nadie que no esté ya dentro de él -y aun así, abundan en el pasaje y la tripulación quienes se disponen a saltar, si es que no lo han hecho ya.

Es frecuente que en las crisis políticas se maneje el recurso de remodelar los equipos dirigentes para presentar caras nuevas y renovar energías. Suele ser inservible cuando el origen y epicentro de la crisis está en la cúspide unipersonal del tinglado, pero entretiene las conversaciones. Ahora, ni eso. Tanto para un hipotético baile de ministros como para la recomposición de la endodonciada comisión ejecutiva del PSOE, su aguerrido capitán tiene que conformarse con el personal bucanero que lleva a bordo; y aun así, no puede fiarse de que no estén grabándose entre sí o grabándolo a él, por si las moscas. En términos generales, material de desecho.

Tal como está el patio y con la que se ve venir, no hay en la galaxia autodenominada progresista una persona sensata, con prestigio y capacidad profesional y un expediente limpio que se preste a meterse en el Gobierno de Sánchez y mucho menos en la dirección de su partido.

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No es un problema ideológico o de expectativas políticas (que también) sino, sobre todo, de prudencia elemental. Lo de Salazar no ha sucedido por casualidad: se sabía que era material radiactivo, pero no había otro en la cuadra. ¿Quién que no sea un sanchista irremisiblemente atado al aparato de poder aceptaría hoy ocupar el sillón de Ábalos y Santos Cerdán en el panteón de Ferraz? La mayoría de quienes formaron aquel "gobierno bonito" de 2018 rechazaría hoy regresar a él; y muchos socialnotables con experiencia de gobierno que firman manifiestos de apoyo a Sánchez saldrían por patas si el presidente al que dicen respaldar los llamara y les ofreciera un puesto junto a él.

La cosa adquiere tintes trágicos en lo que se refiere a las mujeres. Sánchez cometió un error monumental entregando a Podemos el ministerio de Igualdad. Perdió el control de las "políticas de género" y consintió un cisma brutal en el movimiento feminista. Accedió a convertir el 8 de marzo de 2020 en la fecha que simboliza la irrupción masiva del coronavirus en España. Firmó una ley disparatada que, sí o sí, favoreció la salida de prisión de centenares de agresores de mujeres y creó un caos jurídico aboliendo la biología en el BOE y metiendo en el mismo artículo del Código Penal el piropo y la violación.

Sólo le faltaba que se descubriera que en su círculo de mayor confianza medraron durante años adictos clínicos al sexo pagado, depredadores sexuales, machistas de tugurio de los años 70, sobones y rijosos de especies diversas. Tipos que por la mañana predicaban la prohibición de la prostitución y compartían las noches en algún parador del Estado con Ariatnas, Carlotas y otras profesionales que se enrollan que te cagas. Todo ello, con el dinero de los contribuyentes.

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El PSOE lleva 30 años sosteniéndose electoralmente sobre el voto de las mujeres. En las elecciones comprobaremos cuánto le cuesta en las urnas esa cadena de disparates e hipocresías. De momento, quienes quisieron apropiarse patrimonialmente del feminismo no encontrarían hoy una feminista de las de verdad (excepto las ya enganchadas al presupuesto) dispuesta a dar la cara públicamente por el partido de Ábalos, Koldo, Salazar y el yerno de Sabiniano Gómez, "partícipe a título lucrativo" de su negocio según la maldición de Feijóo, que es sólo el aperitivo de lo que se oirá en España en los próximos meses. Feliz Navidad.

P.D. En la segunda parte de la sesión se habló de la OTAN y de la defensa y la seguridad de Europa. Pero ¿a quién le importa eso en este corral pudiendo hablar de putas y puteros?

Pedro Sánchez, político cínico y ventajista donde los haya, siempre reta a sus enemigos de la misma forma: a navaja y sin reglas (más bien, sin reglas para él y con ellas para los demás). El principio que inspira su trayectoria política y vital se condensa en la frase castiza: si sale cara gano yo, si sale cruz pierdes tú.

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