Morir con honra
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Morir con honra

La falta de ayudas directas rápidas, ágiles y proporcionadas a la disminución sufrida por los negocios es la muerte asegurada del enfermo

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Nadie puede dudar a estas alturas que el tejido empresarial español se basa en la pequeña y mediana empresa. Así, el 94% de nuestras empresas está en el tramo de entre cero y nueve empleados. Representan el 31% del empleo. Si sumamos los empleados de empresas en los tramos de 10 a 49 empleados y de 50 a 249 empleados, alcanzamos una cifra del 65% del empleo en España.

La crisis financiera que comenzó en 2007-08 vino a demostrar lo débil que es nuestro entramado empresarial. En cuanto el grifo financiero se cerró, las pymes se vieron ahogadas. La liquidez desapareció para ellas. Las líneas de crédito no se renovaban. ¿Y cómo devolver lo que se debía? Además, los plazos de cobro a los clientes, en el mejor de los casos, se alargaban y a quien se vendía era a las administraciones.

Muchas pymes dejaron de existir y cerraron sus puertas. Muchos trabajadores a la calle. Pero ¿aprendimos algo de aquello? Mi opinión es que no. Ha llegado una crisis económica derivada de la crisis sanitaria. Se han cerrado los mercados. Han caído los ingresos, pero no así la mayoría de los gastos. ¿De dónde obtener recursos para abonar esos gastos? Estamos comprobando que las medidas adoptadas no fueron necesarias; de ahí que se decidiera ir pegando una patada al balón sin que sepamos dónde está el final del campo. Moratorias concursales, de desahucios, aplazamientos en carencias y amortizaciones de los préstamos ICO, los ERTE sin fin... No son más que la demostración de que no se ha sabio cortar el problema.

"La bola se está haciendo tan grande que muchas pymes no van a poder revertir la situación de ahogo en que se encuentran"

¿Alguien duda de que si el Gobierno estuviera seguro de que no iban a cerrar un número elevado de empresas si se para la música de los ERTE, ICO, moratorias… no la habría parado ya? Yo lo tengo claro. Pero en algún momento todo esto volverá a su cauce normal, y tendremos despidos, concursos, impagos… Porque la bola se está haciendo tan grande que muchos no van a poder revertir la situación de ahogo en que se encuentran. Y esperemos que, más allá de las consecuencias económicas, no traiga todo ello otras consecuencias jurídicas para los empresarios.

Porque la falta de ayudas directas rápidas, ágiles y proporcionadas a la disminución sufrida por los negocios es la muerte asegurada del enfermo. Sin embargo, muchos de ellos todavía confían en una ley de punto final que les perdone los créditos, que les permita partir de la situación anterior al covid-19. Una esperanza difícil de verse cumplida; y nada me gustaría más, pero hay que ser realista: el Estado no lo puede aguantar. Así, el enfermo agoniza, con dolor, se arrastra, con una pésima calidad de vida y con una esperanza que puede hacer que el final sea aún más terrible.

Lo que tiene que hacer este Gobierno, en mi modesta opinión, es empezar a transferir ya a las pymes las ayudas directas, terminar de desarrollar el Real Decreto-ley 5/21, establecer el modelo de reestructuraciones del ICO, poner fecha al fin de los ERTE y de las moratorias. Y empezar a establecer mecanismos realistas de rescate. O, en su caso, evitar que el covid acabe con cientos de miles de empresarios en la ruina por culpa de una mala gestión económica y puedan empezar de nuevo su aventura emprendedora, sin el sobrepeso que supone tener que hacer frente a todo lo que se deja atrás. Una buena ley concursal, una buena ley de la segunda oportunidad. Un ICO apoyando las segundas oportunidades, pero de verdad. Ayudas para la contratación. Vamos, lo normal que tendría que hacer el Gobierno, pero que por la mala gestión se va a convertir en algo excepcional.

*Fernando Santiago Ollero es presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos.

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