¿Quién financiará la transformación de la empresa mediana?
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¿Quién financiará la transformación de la empresa mediana?

Hasta ahora, la banca parecía la única alternativa para las pymes: en Europa, más del 80% de la financiación a largo plazo procede de los bancos

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El cisne negro del coronavirus ha sumido a la economía mundial en una profunda crisis que está obligando a las empresas a transformarse para sobrevivir. Más digitales, más verdes, más internacionales… las exigencias son cada vez mayores para unas pymes sobreendeudadas, que se ven obligadas a repensar su futuro y a invertir en sus planes de trasformación en un previsible entorno de restricción del crédito bancario. Ante el empeoramiento de las perspectivas económicas, ¿quién financiará la metamorfosis de la empresa mediana?

Hasta ahora, la banca parecía la única alternativa para las pymes: en Europa, más del 80% de la financiación a largo plazo procede de los bancos, mientras que la financiación no bancaria no alcanza apenas el 20%. Sin embargo, los últimos movimientos del mercado apuntan a que esta tendencia ha empezado a invertirse y que, en los próximos años, las empresas medianas podrían financiarse en un 80% con capital privado y en un 20% con financiación bancaria, como ya ocurre en Estados Unidos. Veamos qué está pasando.

Aunque, en lo peor de la pandemia, la labor de los bancos ha sido esencial para canalizar la liquidez hacia las empresas y financiar el fondo de maniobra, la financiación tradicional de las pymes ya ha iniciado en 2021 un ligero declive, que previsiblemente se agravará cuando se desvanezca el efecto de los préstamos ICO. Así, las últimas encuestas del Banco de España revelan que en el primer trimestre se habría producido ya un cierto endurecimiento de los criterios de concesión de préstamos a pymes, que afectaría al largo plazo.

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En este escenario de incipiente restricción del crédito, es necesario promover alternativas a la financiación bancaria para que las medianas empresas —que representan el 0,6% del total en España (unas 25.000 empresas), pero generan el 20% del PIB y tienen una mayor rentabilidad— puedan seguir financiando sus proyectos de inversión, indispensables para el futuro del país.

Liquidez hay, en particular en las aseguradoras nacionales, que tienen 400.000 millones de euros en sus balances, pero que solo destinan 0,1% de sus fondos a capital privado, frente al 2% de la media mundial. Los fondos de pensiones, por su parte, tampoco invierten en capital privado más que un 1% frente al 3,5% global.

Cabe esperar, sin embargo, que dado el actual entorno de tipos de interés bajos y volatilidad en las bolsas, las aseguradoras y fondos nacionales tomen conciencia de la importancia de canalizar el ahorro privado de sus asegurados e inversores hacia los activos privados españoles, tradicionalmente muy rentables. Aun así, en un contexto de deterioro económico, será necesario incentivar la inversión privada ofreciendo garantías públicas.

La primera condición será incluir como estándar de mercado la calificación crediticia, una herramienta utilizada desde hace 50 años

Así lo ha hecho, por ejemplo, el Gobierno francés mediante el lanzamiento de un programa de préstamos participativos por 20.000 millones de euros, del que se beneficiarán 12.500 empresas que podrán seguir invirtiendo. En el proceso, intervienen todos los actores del mercado financiero: los bancos conceden los préstamos participativos a empresas que demuestran su viabilidad mediante una calificación crediticia mínima de BB- y transfieren el 90% de cada préstamo a un vehículo de inversión administrado por gestoras y financiado al 100% por aseguradoras.

En España, debemos tomar ejemplo y crear las condiciones necesarias para que fluya el capital privado y también para dotar de transparencia y eficiencia a la distribución de los Fondos Europeos de recuperación, que movilizarán 67.300 millones de euros en préstamos a empresas, lo que supone todo un reto para evaluar qué proyectos y pymes son viables.

La primera condición será incluir como estándar de mercado la calificación crediticia, una herramienta utilizada desde hace 50 años —y supervisada por ESMA— para la deuda soberana y para que las grandes empresas accedan en el mercado de capitales, que ya está disponible para las medianas empresas.

La segunda será apoyarse en el 'know how' de los bancos y gestoras de fondos para identificar a las empresas viables que necesitan transformarse para cumplir sus objetivos a largo plazo y gestionar la financiación o inversión.

A corto plazo, daremos tiempo a las empresas —algo sobreendeudadas— para amortiguar la crisis

Si lo hacemos bien, cumpliremos dos objetivos: a corto plazo, daremos tiempo a las empresas —algo sobreendeduadas— para amortiguar la crisis y seguir invirtiendo; a largo plazo, crearemos las condiciones para dotarnos de una alternativa real a la banca como "único" financiador.

Desde INBONIS, ya estamos trabajando para ello, no solo como agencia de calificación, sino también con el lanzamiento del portal De20a80.com, que recoge, a modo de resumen de prensa, las noticias más relevantes sobre la creciente oferta de financiación no bancaria a largo plazo.

Invito a los empresarios a ir más allá de la vorágine cortoplacista y, con todas las cartas en la mano, hacer un diagnóstico de su situación, planificar sus objetivos de negocio a largo plazo y definir la estrategia financiera para alcanzarlos. En sus manos están la viabilidad de sus empresas y el futuro de nuestra economía.

Alberto Sánchez Navalpotro, Consejero Delegado de INBONIS, agencia de calificación crediticia especializada en pymes

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