La evidencia de una relación entre la consideración de estas cuestiones y el desempeño financiero es cada vez mayor. Una oportunidad para ponerlas en valor es a través del Estado de Información no Financiera
La sostenibilidad de las empresas es una prioridad. (Foto: iStock)
Desde hace varias décadas, los objetivos de derechos humanos, sostenibilidad y responsabilidad social empresarial han atraído a multitud de empresas a sumarse al Pacto Mundial de Naciones Unidas. De este pacto y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (“ODS”) se ha pasado a hablar incesantemente de los criterios ESG.
La medición de las políticas de desarrollo sostenible conforme a criterios ESG ('Environmental, Social and Corporate Governance') evalúa hasta qué punto una corporación trabaja en nombre de objetivos sociales, medioambientales y de buen gobierno corporativo. El movimiento ESG ha pasado a ser fenómeno mundial que mueve grandes volúmenes de inversión y proyectos.
Actualmente, las decisiones de inversión se ven muy influenciadas por estos criterios. La evidencia de una relación entre la consideración de las cuestiones ESG y el desempeño financiero es cada vez mayor. Y ya no hay un discurso institucional o una presentación empresarial que no tenga en cuenta estos factores en su propuesta de valor y preocupaciones.
Es indudable que, a mayor tamaño de la corporación y mayor exposición a riesgos de carácter social, de gobernanza o medioambientales, habrá una mayor necesidad de incorporación de criterios ESG, pero ninguna empresa o entidad debería dejar de reflexionar acerca de su contribución al desarrollo de políticas y medidas vinculadas a estos criterios, ni dejar de incorporar estos factores a su estrategia y despliegue de procesos. Y ello, al menos por tres razones: por pura ética y responsabilidad social, por la necesidad de establecer estrategias y de gestionar en función de las tendencias globales y preocupaciones del entorno y por los beneficios que a nivel financiero puede retornar para la empresa.
Se trata de convertir esta obligación y responsabilidad compartida en una oportunidad de mejora y generación de valor para la empresa.
Hoy en día, cualquier actor con interés en la empresa, va a evaluar de una forma u otra su comportamiento conforme a criterios ESG: si tiene políticas sociales, cómo trata a sus empleados, qué está haciendo para reducir o compensar las emisiones contaminantes, si gestiona con criterios de eficiencia y responsabilidad en el uso de los recursos, y un largo etcétera.
Las empresas cotizadas lo saben bien, pues son evaluadas por agencias de calificación sobre el cumplimiento de los criterios ESG. Las compañías grandes y algunas medianas, a través del Estado de Información no Financiera, deben incorporar información acerca de estas políticas, criterios y medidas aplicadas. Muchas de ellas cubren esta información con un enfoque de mínimos, de cara a su cumplimiento, dejando pasar la oportunidad de ponerse en valor a través del despliegue de estos objetivos y medidas. Incluso compañías que no están obligadas a elaborar el EINF deberían incorporar información sobre estos aspectos en su Informe de Gestión, de cara a trasladar a terceros una alineación con estos criterios.
Toda esta información va a ser analizada por 'stakeholders' y entra en juego a la hora de enfrentarse a procesos de búsqueda de financiación, entrada de inversores o venta de la compañía. Y es que no hay más que ver los datos para darse cuenta de la repercusión a nivel financiero de los criterios ESG:
2021 cerró con un aumento en los préstamos ligados a sostenibilidad del 2,2%, con 18.400 millones de euros otorgados, de acuerdo con información del Observatorio Español de la Financiación Sostenible, lo que contrasta con el descenso del 16,2% en nuevas operaciones de crédito a empresas, según CESCE. Las instituciones financieras dedican recursos específicos a la financiación sostenible, creando una oferta con condiciones preferenciales. Esta tendencia irá en aumento a medida que nos vayamos acercando a la fecha límite de cumplimiento y a los hitos particulares de cada institución.
Las administraciones públicas exigen cumplimiento de criterios ESG en muchas de sus licitaciones y líneas de financiación
El mercado de fusiones y adquisiciones tiene un creciente interés en la sostenibilidad. Los compradores incorporan criterios ESG en sus decisiones de inversión, sobre todo a la hora de comparar inversiones similares, comparando tanto sus previsiones de flujos de caja como los riesgos que estos conllevan. Estudios recientes indican que los inversores están dispuestos a pagar un premium para adquirir una empresa socialmente responsable.
Ya no es suficiente demostrar viabilidad económico-financiera, sino que lleva consigo un modelo de negocio sostenible y comprometido con criterios ESG. Las empresas que no se preocupen y demuestren sus actuaciones en estos ámbitos, verán penalizadas sus oportunidades de financiación y de generación de valor y, con ello, su sostenibilidad.
* Begoña Fernández Vaciero es socia de 'corporate finance' en Vaciero.
Desde hace varias décadas, los objetivos de derechos humanos, sostenibilidad y responsabilidad social empresarial han atraído a multitud de empresas a sumarse al Pacto Mundial de Naciones Unidas. De este pacto y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (“ODS”) se ha pasado a hablar incesantemente de los criterios ESG.