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Proactividad, el gran desafío en la gestión de los riesgos
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Proactividad, el gran desafío en la gestión de los riesgos

Este año el panorama de riesgos globales se caracteriza por un entorno de riesgos muy cambiante, con nuevos factores de crisis y crisis constantes sumados a una vorágine regulatoria

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Esta es una de las conclusiones que se desprende del último informe Global Risk Landscape 2025 que hemos realizado desde BDO para conocer la opinión de los empresarios sobre el efecto de los riesgos emergentes en sus compañías y las estrategias de gestión.

Este año el panorama de riesgos globales se caracteriza por un entorno de riesgos muy cambiante, con nuevos factores de crisis y crisis constantes y, a la vez, con una vorágine regulatoria que puede llegar a estrangular el crecimiento y competitividad de algunas compañías.

Ante este contexto, los resultados del estudio reflejan que las compañías están adoptando un enfoque más defensivo que proactivo en la gestión de riesgos, produciéndose un punto de inflexión en la evolución de dicha gestión, cuestión que es comprensible en situaciones concretas como la que nos encontramos actualmente, con nuevos riesgos geopolíticos derivados de los conflictos bélicos y de la guerra arancelaria iniciada por EEUU. Estos riesgos pueden afectar de forma sustancial a las cadenas de suministros o provocar cambios drásticos e inmediatos en las exigencias regulatorias, como ha ocurrido con la Ley Ómnibus de la Unión Europea en materia de Sostenibilidad.

Este enfoque reactivo de “espera y veremos” por parte de las compañías no debe durar mucho tiempo, ya que, sino, corremos el riesgo de estancamiento por una gestión deficiente o demasiado reactiva de los riesgos. Si lo analizamos en detalle, ante cualquiera de estas situaciones, aparecen nuevas oportunidades de crecimiento, nuevos mercados, nuevas cadenas de suministro, mayor trazabilidad e integración con los proveedores, nuevas posibilidades de diferenciación a través de políticas sostenibles y mayor transparencia en los mercados, por ejemplo.

Pero, para aprovecharlos, debemos volver a una gestión proactiva de los riesgos que vuelva a evaluar el apetito al riesgo de las compañías ante estas situaciones e incorporar la gestión de riesgos en la estrategia de las organizaciones, ya que, posiblemente, viviremos durante más años en situación de ‘permacrisis’ en los negocios, por lo que debemos adaptarnos si no queremos limitar las posibilidades de crecimiento de nuestras empresas e incluso estancar su desarrollo.

Otro factor determinante en la gestión de riesgos va a ser la respuesta a la gestión del cumplimiento normativo. La regulación puede ayudar a dirigir y arrojar luz sobre la gestión de los riesgos reales que afectan a las compañías, pero la carga normativa y de reporte que están padeciendo en los últimos años algunas compañías y algunos sectores está llevando a la autocomplacencia y al mero cumplimiento en lugar de a una gestión activa de los riesgos reales de las empresas a través de la orientación regulatoria.

También es verdad que, en muchos casos, cuando disminuyen o desaparecen ciertas obligaciones normativas y especialmente de reporte (como ocurrió con la directiva de informes de sostenibilidad corporativa (CSRD) y la directiva de diligencia debida en sostenibilidad corporativa (CSDDD) el pasado 26 de febrero de 2025 y con la simplificación y reducción de las obligaciones de reporte en materia de sostenibilidad, que se estima que afectó a un 80% de las empresas europeas), inmediatamente algunos de los objetivos que eran irrenunciables en las estrategias de las empresas y para el bien de toda la sociedad, como las mejoras necesarias y urgentes en materia medioambiental y de descarbonización del planeta, han pasado a un segundo plano o a no ser tan urgentes, lo cual constata que, en muchos casos, la regulación es necesaria para ir marcando el paso de los objetivos globales de los sectores, organizaciones y países y para la correcta gestión de los riesgos asociados.

Por último, destacar que por primera vez desde la pandemia, los directivos reflejan en el informe su preocupación sobre los riesgos relacionados con las personas y el talento dentro de las organizaciones. Probablemente, la irrupción de la inteligencia artificial en los negocios, con sus innumerables beneficios, pero también con sus grandes riesgos asociados, así como la necesidad de las compañías de disponer y retener el talento para su gestión, y para la gestión de otros riesgos muy importantes y especializados como el cibercrimen, los riesgos medioambientales o los riesgos regulatorios, como hemos indicado anteriormente, hace que la preocupación por parte de los directivos de disponer del talento adecuado dentro de sus organizaciones haya hecho subir este riesgo hasta el tercer puesto en este año 2025, por lo cual, la captación y retención del talento será sin duda uno de los objetivos primordiales de las compañías en los próximos años.

* Enric Doménech, socio responsable de Risk Advisory Services de BDO.

Esta es una de las conclusiones que se desprende del último informe Global Risk Landscape 2025 que hemos realizado desde BDO para conocer la opinión de los empresarios sobre el efecto de los riesgos emergentes en sus compañías y las estrategias de gestión.

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