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La realidad, los realities y lo que la “Gran Boda veneciana” nos ha enseñado (o no)
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La realidad, los realities y lo que la “Gran Boda veneciana” nos ha enseñado (o no)

No me queda más que reafirmarme en la evidencia de que “no es oro todo lo que reluce” incluso en el escenario más perfect

Foto: Madonna ( REUTERS Mario Anzuoni)
Madonna ( REUTERS Mario Anzuoni)

Madonna decía en una canción “el tiempo pasa tan lentamente”…Se nota que era joven cuando lo cantaba, estoy segura de que ya no opina lo mismo…Todos los años por estas fechas paso por la desagradable experiencia de que, en algún momento de la última semana de junio, pasa por mi cabeza (subconsciente, inconsciente, quizá simplemente dos neuronas que se chocan y van al mar…) la idea de “una semana más y vacaciones”.

Según pasa (la idea), un escalofrío atraviesa mi cuerpo como si un rayo me hubiese partido en dos y vuelvo a la realidad. Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana (la mía -la de muchos - alicatada de azulejos), la primera semana de julio daba paso a las vacaciones de verano y, aunque estuvieses en plena meseta central, hasta había momentos en que creías oír las olas. He vivido ya muchos más años fuera de esa realidad que dentro y, sin embargo, es tan poderosa que, como las cicatrices, año tras año vuelve a escocer.

El año pasado por estas fechas evocaba la película “A propósito de Henry” y la famosa escena del “hasta donde” (Henry le dice a Jessica, su secretaria, que ya tenía bastante y “he dicho hasta donde”). En las últimas semanas he sido testigo de varios “hasta donde” y he comprobado que no soy la única víctima del escalofrío en plena ola de calor.

También me ha hecho darme cuenta de lo poco indulgentes que somos con nosotros mismos, por lo general y cuando nos salimos de lo que creemos es el camino preestablecido, en particular. Ya dije en su día que éramos una procesión de penitentes, a lo que añadiría “en este valle de lágrimas”, que es como empiezan las llamadas últimamente dos de mis clientes favoritos.

En estos “hasta donde”, hasta me han llegado a interpelar, con cierta agresividad, “¿A que no esperabas esto de mí?” como si, cual desertor, el susodicho estuviese fallando al plan mágico trazado un día para él y no sabes si está cabreado consigo mismo, contigo por pusilánime que no le echas la bronca o con el cosmos en general. La verdad es que la situación me hizo dar un paso atrás para intentar entender mejor la escena ¿de dónde salía esa pregunta? Volviendo a la escena, lo que se ve en la otra parte es un abrazo caluroso (no por la ola de calor), unos ojos que no juzgan, una mirada que comprende, que acepta, e incluso que, sin comprender y aceptar, entiende que no todo el mundo es igual, aunque a veces intentemos crear estatus de “elegidos” tontamente.

Entonces ¿no es acaso que cuando nos miramos en el espejo de los ojos de otros proyectamos una frustración y exigencias que son nuestras y no de otros?. No estamos para perder el tiempo, intentar ser feliz es siempre urgente y eso no lo garantiza un puesto, un logotipo o un cartelito en la puerta. Ni siquiera un all nighther con desayuno de chocolate con churros y la escritura cero cerrándose a los cinco minutos lo garantiza.

Por eso pienso en los cientos (miles) de realities que he consumido cual aspirina para el dolor de cabeza a lo largo de los años (Abro paréntesis para abordar cualquier polémica sobre el hecho de ver realities/docurealities/Sálvame o similar: quien no quiera entender que hay momentos en los que este trabajo (y similares), a lo único que te lleva es a querer poner la mente en blanco como sea y no pensar en nada, que no lo entienda, pero es una realidad irrefutable y entre las sustancias químicas – cuidado las mentes malintencionadas-, los realities y recitar a Rilke … “Si me das a elegir” (entónese la canción de los Chunguitos), me quedo con esas voces melodiosas del universo Telecinco y similares y cierro paréntesis) y cómo gracias a ellos he aprendido que más que “El infierno son los otros”, y que me perdone Sartre, muchas veces somos nosotros mismos y las películas que nos montamos sobre lo que piensan o van a pensar los demás. También que “todo se magnifica”, pero eso creo que lo tenemos claro.

Dejo fuera “La Isla de las Tentaciones” que ahí sí pasan cosas de verdad. 2025 pasará a mi historia personal como el año de 401 días, después de vivir durante algunas semanas en este año y en 2003, todo a la vez (¿quién necesita el Ministerio del Tiempo?) ¿qué proyectó esa persona en mí para torcerse tanto aquella mañana tantos años después? No lo sé y probablemente nunca lo sabré, pero seguro que estaba a años luz de la realidad: cuando la vi sólo me pregunté si seguiría teniendo la misma letra, grande y redondita, óptima para los fotocopiadores de apuntes.

En plena resaca de la “Gran Boda veneciana” no me queda más que reafirmarme en la evidencia de que “no es oro todo lo que reluce” incluso en el escenario más perfecto y, ante la obsesión de nuestros días de vivir en el escaparate -enseñar lo bien que me va para demostrar que soy de los “elegidos” (esto cuando yo estudiaba se definía como calvinismo puro)-a lo mejor este verano entre chapuzón y chapuzón (y algún calypo también) podemos intentar aprovechar para dejar atrás cualquier obsesión por lo que piensan los “otros” y reencontramos con nosotros mismos antes de tomar caminos a ninguna parte o a todas partes, que el curso vuelve a empezar para (casi) todos en septiembre. Ya si alguno quiere aprovechar para reflexionar y aguantar la respiración embutido en un traje de serpiente como Lauren o las Kardashian…es cuestión de gustos y aguantar.

*Ana Julia García, counsel de Inmobiliario de Freshfields.

Madonna decía en una canción “el tiempo pasa tan lentamente”…Se nota que era joven cuando lo cantaba, estoy segura de que ya no opina lo mismo…Todos los años por estas fechas paso por la desagradable experiencia de que, en algún momento de la última semana de junio, pasa por mi cabeza (subconsciente, inconsciente, quizá simplemente dos neuronas que se chocan y van al mar…) la idea de “una semana más y vacaciones”.

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