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Visto lo visto en Brasil, ¿de verdad vale la pena seguir con las cumbres climáticas?
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Jose Luis Gallego

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Visto lo visto en Brasil, ¿de verdad vale la pena seguir con las cumbres climáticas?

Egipto, Emiratos Árabes, Azerbaiyán, Brasil. Las negociaciones están bloqueadas y las últimas cumbres climáticas se cuentan por fracasos. La siguiente se celebrará en Turquía, pero bajo presidencia australiana. Todo bien

Foto: El presidente Erdogan será el anfitrión de la COP31, que se celebrará en 2026 en la ciudad turca de Antalya. (Reuters/Umit Bektas)
El presidente Erdogan será el anfitrión de la COP31, que se celebrará en 2026 en la ciudad turca de Antalya. (Reuters/Umit Bektas)

Tal y como estaba previsto la cumbre del clima de Brasil (COP30) ha resultado un nuevo fiasco. Las delegaciones participantes, con la sonora ausencia de EEUU y los principales mandatarios del mundo, han sido incapaces de lograr progresos significativos en materia de financiación climática. Mucho menos de llegar a un acuerdo para siquiera reducir la quema de combustibles fósiles, porque lo de 'abandonarlos' ni de broma. De hecho, en el documento final ni tan siquiera se los cita.

De ese modo el mundo seguirá quemando gas, petróleo y carbón conduciendo al planeta a un calentamiento de más de tres grados, el doble de lo pactado en la COP21 de París. Algo que condena a los países que se están viendo más afectados por el calentamiento global a los peores escenarios, esos que nosotros empezamos a conocer. Todo mientras los más desarrollados, incluida la UE, se ponen de perfil y rehúsan incrementar las ayudas para la adaptación. Seguimos reforzando las causas y haciendo oídos sordos a las consecuencias, lo que supone no solo incumplir los acuerdos, sino desatender el más elemental principio de solidaridad.

Foto: cumbre-climatica-belem-brasil-cop30

De hecho, aun sin estar presente, EEUU, segundo país que más contribuye al calentamiento global con el 11,1% del total y un incremento previsto del 2% para este año, ha sido quien ha acaudillado la agenda de la cumbre brasileña. Tras retirarse del Acuerdo de París, en su comparecencia ante la Asamblea General de la ONU del pasado septiembre su excéntrico presidente calificó el cambio climático como “el mayor engaño cometido en el mundo” y afirmó que “las predicciones hechas por la ONU son erróneas” y han sido realizadas “por gente estúpida”.

EEUU asalta el 'saloon'

Unas semanas después, el Departamento de Estado de la Casa Blanca no solo confirmaba que EEUU no enviaría delegación a la COP30 sino que, en un claro aviso a navegantes, incluidos quienes se disponían a poner rumbo a Brasil, amenazaba con “aplicar severas sanciones a los países que patrocinen la exportación neocolonial de regulaciones climáticas globales liderada por Europa”. Y los países, ya sea por temor al recorte de ayudas o al incremento de aranceles, han considerado la advertencia y se han puesto a salvo bajo las mesas del 'saloon'.

placeholder Trump alude al aumento de las temperaturas asociado al cambio climático. (Reuters/Kevin Lamarque)
Trump alude al aumento de las temperaturas asociado al cambio climático. (Reuters/Kevin Lamarque)

Los únicos que han plantado cara al actual mandatario estadounidense son los que con el cambio climático y el aumento del nivel del mar lo van a perder todo. Como los pequeños estados insulares, los llamados SIDS por su sigla en inglés (Small Island Developing States): Samoa, Islas Marshall, Aruba, Kiribati, Nauru, Micronesia, San Vicente y Granadinas, Vanuatu, San Cristóbal y Nieves o Santa Lucía, entre otras. Para estos pequeños países la lucha contra el calentamiento global es la lucha por su propia existencia: no ya económica, sino física.

Situado en mitad del Pacífico, a mitad de camino entre Australia y Hawái, el minúsculo estado insular de Tuvalu (el cuarto más pequeño del mundo) es uno de ellos. Ninguna de sus islas y atolones se eleva apenas seis metros del nivel del mar, por lo que desde hace aproximadamente una década está desapareciendo bajo las aguas del océano. Sus cerca de 12.000 habitantes hace tiempo que empezaron a huir a Fiyi convertidos en refugiados climáticos.

Los grandes perdedores

El primer día de la cumbre su Ministro de Interior y Cambio Climático (tal es la relevancia de las políticas climáticas en el país), Maina Talia, subió al estrado en representación de los SIDS. Lo primero que afirmó es que no se sentían intimidados por las amenazas del mandatario estadounidense. “El presidente Trump está imponiendo sanciones y aranceles a quienes no piensan como él -afirmó- pero nosotros no tenemos nada que perder ante Estados Unidos”.

placeholder Tuvalu está desapareciendo bajo las aguas del Pacífico. (Reuters/Mick Tsikasvia)
Tuvalu está desapareciendo bajo las aguas del Pacífico. (Reuters/Mick Tsikasvia)

Acto seguido, tras proclamar que ante lo que sí que están punto de perderlo todo es ante el cambio climático, denunció públicamente que con su retirada del Acuerdo de París “Donald Trump había demostrado su vergonzoso desprecio hacia el resto del mundo”. Y aludiendo a sus declaraciones esgrimió que “buscábamos esperanzas y alternativas en sus palabras, pero descubrimos una realidad desoladora” ya que con ellas “nos condena a todos y pone en peligro nuestra supervivencia”.

Para Talia a pesar de todo “el mundo observa a Estados Unidos, y aguarda su respuesta” pues “no solo estamos ante una crisis medioambiental sino moral, por eso EEUU tiene el deber moral de actuar”. Tras su discurso, y según la crónica de la jornada del diario británico The Guardian, “brotaron los murmullos entre las 193 delegaciones internacionales presentes en la sala, temerosas ante las posibles represalias de la Casa Blanca”. Tal era el clima en la cumbre del clima.

Por eso era ingenuo esperar la prometida hoja de ruta para acabar con los combustibles fósiles anunciada por la presidencia de la COP30. Ahora bien, lo que nadie podría pensar es que se produjera un retroceso respecto a la COP28 de Dubái. En aquella ocasión, pese a celebrarse en uno de los grandes petroestados del mundo, el acuerdo final de la cumbre recogió la necesidad de “iniciar la transición para dejar atrás” el petróleo, el gas y el carbón. Un concepto que tal vez pueda parecer ambiguo, pero que significó un paso adelante. En Brasil hemos retrocedido una zancada.

Un mundo muy distinto

La decepción es aún mayor si tenemos en cuenta las esperanzas despertadas por el propio presidente Lula, quien en la jornada inaugural la rebautizó como “la COP de la verdad” y anunció que la Cumbre de Belém impulsaría el multilateralismo y relanzaría el Acuerdo de París en su décimo aniversario. “Necesitamos una hoja de ruta para que la humanidad supere de manera justa y planificada la dependencia de los combustibles fósiles -dijo tras la primera semana de reuniones- para que detenga y revierta la deforestación y movilice recursos para estos fines. No podemos irnos de Belém sin tomar decisiones sobre estos temas”. Sin embargo así ha sido.

placeholder El presidente Obama en la Cumbre de París (COP21) de 2015. (Reuters/Kevin Lamarque)
El presidente Obama en la Cumbre de París (COP21) de 2015. (Reuters/Kevin Lamarque)

Durante las jornadas preparatorias a la cumbre de Belém tuvo lugar el Círculo de Presidentes de las COP, que reunió a los máximos responsables de las nueve conferencias climáticas anteriores con el fin de asesorar al diplomático brasileño André Corrêa do Lago, elegido por el presidente brasileño para presidirla. El conductor del encuentro fue el ex primer ministro francés Laurent Fabius, quien presidiera la COP21 celebrada hace diez años en París.

Fabius defendió que el Acuerdo de París se debió a que en la COP21 se produjo “un alineamiento único de planetas”. Una situación de confluencia de voluntades e intereses muy distinta a la actual, sin las actuales tensiones geopolíticas y, sobre todo, con Barack Obama en la Casa Blanca y su enviado especial para el clima John Kerry al frente de la delegación estadounidense y sumando esfuerzos para alcanzar el acuerdo.

Lejos de las soflamas de Lula, quien por cierto autorizaba a Petrobras a perforar en la desembocadura del Amazonas pocas semanas antes de la cumbre, el diplomático francés hizo una llamada a la prudencia y defendió que la COP30 no debía aspirar a “negociar nuevos objetivos ni lograr espectaculares avances, sino a consolidar los alcanzados en los últimos años y conseguir que se implementen, en particular la eliminación gradual de los combustibles fósiles”.

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Sin embargo, poco después de hacer esas declaraciones, Fabius reconocía que “hoy en día el Acuerdo de París sería inimaginable”. Entonces, si convenimos en que actualmente no se dan las circunstancias políticas para alcanzar un acuerdo como aquel ¿Por qué persistimos en lograr su implementación? ¿No es eso una contradicción en sí misma? Es más, siguiendo su razonamiento ¿no sería más sensato esperar a otro “alineamiento de planetas” para convocar una nueva cumbre con una mínima garantía de éxito?

Una muestra de la escasa confianza que ha generado esta nueva cumbre ha sido el bajo perfil adoptado por uno de los mayores activistas climáticos: el Secretario General de la ONU, António Guterres. Apenas se ha dejado notar, como si diera por descontados los posibles avances. De hecho, si echamos un vistazo atrás para anotar los logros alcanzados en las cinco últimas citas, las de Glasgow (COP26), Egipto (COP27), Dubái (COP28), Azerbaiyán (COP29) y Brasil (COP30), observaremos que las decepciones han sido mucho mayores que los logros, tanto en mitigación como en adaptación.

Llegados a este punto algunas voces muy calificadas de la diplomacia climática, como la ex secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres, alertan que quizá "las COP están dejando de cumplir con su propósito” y proponen abrir un debate para la reflexión sobre la manera más eficaz de impulsar la acción climática a escala internacional en otros foros, con nuevas ágoras para el diálogo. Entre tanto la próxima COP31 se celebrará en 2026 en Turquía: con Erdogan como anfitrión, pero bajo presidencia australiana. Y no es broma.

Tal y como estaba previsto la cumbre del clima de Brasil (COP30) ha resultado un nuevo fiasco. Las delegaciones participantes, con la sonora ausencia de EEUU y los principales mandatarios del mundo, han sido incapaces de lograr progresos significativos en materia de financiación climática. Mucho menos de llegar a un acuerdo para siquiera reducir la quema de combustibles fósiles, porque lo de 'abandonarlos' ni de broma. De hecho, en el documento final ni tan siquiera se los cita.

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