El escudo renovable: nadie asaltará un país por su sol o su viento
La seguridad energética es básica para el crecimiento económico y el desarrollo de las sociedades. Y cuando depende de recursos ajenos desata en algunos tiranos la codicia
Las renovables pueden contribuir a restaurar el orden mundial (EFE/S.Moreira)
Nada de lo que ha ocurrido en Venezuela se explicaría sin atender al dato de que este país dispone de las mayores provisiones de petróleo del planeta. Unas reservas estimadas en más de trescientos mil millones de barriles de crudo, lo que equivale al veinte por ciento del total mundial. Esas reservas sitúan a Venezuela muy por delante de los principales petroestados del golfo pérsico, como Arabia Saudí, Irán, Iraq, Emiratos o Kuwait.
Si tenemos en cuenta que, pese a los vaivenes que ha sufrido el sector en las últimas décadas, el petróleo sigue atendiendo el treinta por ciento de la demanda energética a escala global, convendremos en que disponer de ese inmenso tesoro enterrado bajo tus pies puede despertar la envidia y desatar la codicia de cualquiera que se considere libre de acatar las normas básicas del derecho internacional. Y eso es lo que ha ocurrido.
El propio Donald Trump daba buena prueba de ello al declarar abiertamente que “las autoridades provisionales de Venezuela”, impuestas por él mismo tras capturar a Nicolás Maduro, “entregarán 50 millones de barriles de petróleo a los Estados Unidos”. El problema añadido en el caso venezolano es que, a pesar de disponer de las mayores reservas de crudo, el país caribeño apenas produce petróleo para la venta debido a las férreas sanciones impuestas por el propio Trump.
Alba SanzMapa: Emma Esser y Blanca CasanovaDatos: Unidad de Datos
Aquí el mandatario estadounidense tampoco se ha cortado un pelo. “Este petróleo se venderá a su precio de mercado, y yo, como presidente de Estados Unidos, controlaré ese dinero”, ha declarado en su red social. Es decir, primero no te dejo venderlo y luego te intervengo militarmente para que me lo entregues a mí, que soy el principal productor (y consumidor) del mundo, para que pueda disponer a mi antojo. Todo en orden: el nuevo orden de Trump.
Ante esta exhibición de latrocinio, es decir de hurto de bienes públicos, ante este fragante ejercicio de rapacidad, o sea inclinación por el despojo y el saqueo, muchos analistas se preguntan cuál será el siguiente acto de la administración Trump. Cuál será su próximo objetivo. Quien será el siguiente en verse despojado de sus recursos naturales mediante una intervención militar. ¿Canadá? Cuarto país con mayores reservas mundiales de petróleo. ¿Groenlandia? Que además de principal yacimiento de tierras raras del planeta, dispone de inmensas bolsas de gas y petróleo bajo sus hielos.
Acceso universal a la energía
Llegados a este punto de tensión geopolítica y de incertidumbre, ante la demostración palpable de lo que algunos (no solo Trump) están dispuestos a hacer para fortalecer su seguridad energética y disponer de los recursos necesarios (estén donde estén), son también muchos los expertos que señalan la necesidad de acelerar la transición energética para acceder a las fuentes de suministro universales: aquellas que son inagotables, inabarcables y están a disposición de todos los habitantes del planeta, como por ejemplo el viento y el sol.
Protestas contra Trump en San Francisco (EFE/John Mabanglo)
No existe justificación alguna, por ilegal y arbitraria que ésta sea, para invadir un estado o alterar su soberanía a fin de garantizarse el acceso al viento o el sol. Por todo ello, y llegados a este punto, derivar la generación de energía hacia las fuentes renovables y promover su aprovechamiento mediante el impulso a la eólica y la fotovoltaica es, además de una de las mayores contribuciones a la mitigación del cambio climático, una medida prudente para eludir los conflictos internacionales. Unos conflictos que, como todos los analistas políticos venían pronosticando desde hace años, tendrán buena parte de su origen en el acceso a los recursos naturales más preciados, como las tierras raras o las reservas fósiles, cuya demanda va a aumentar notablemente en los próximos años.
No solo renovables, pero también
¿Quiere ello decir que la solución a las contiendas bélicas pasa por la instalación masiva de aerogeneradores y placas solares? Por supuesto que no. Lo que quiere decir es que para frenar las ansias de quienes han decidido convertir el mercado energético mundial en un far-westes necesario habilitar una respuesta múltiple y conjunta, en la que el impulso a la transición energética y la acción climática puede tener un papel cada vez más necesario y más relevante.
Protestas contra Trump en Nueva York (EFE/Sarah Yenesel)
Lo que está claro es que a un presidente que ordena la salida de su país de más de sesenta instituciones científicas y organizaciones internacionales vinculadas con el estudio y el conocimiento del cambio climático. A un mandatario que decide retirar el apoyo institucional al avance de las ciencias ambientales y las ayudas a las energías renovables y que en lugar de ello apuesta por reactivar la industria del gas, el petróleo y el carbón, una de las mejores maneras de plantarle cara es precisamente acelerar la transición energética a escala global.
Poner en marcha un gran movimiento global de respuesta que, desde el ámbito institucional hasta el empresarial y social, permita crear un gigantesco escudo renovable con el que podamos plantar cara al afán espoliador de Donald Trump y hacer frente a su absoluto desdén hacia el planeta. Como señala el gobernador de California, el demócrata Gavin Newson, quien con toda probabilidad será el candidato de su partido para las elecciones presidenciales de 2028, “Trump es temporal”: de lo que se trata es de crear un gran frente común para que los efectos de sus disparates también lo sean y no logre convertir el planeta en su rancho.
Nada de lo que ha ocurrido en Venezuela se explicaría sin atender al dato de que este país dispone de las mayores provisiones de petróleo del planeta. Unas reservas estimadas en más de trescientos mil millones de barriles de crudo, lo que equivale al veinte por ciento del total mundial. Esas reservas sitúan a Venezuela muy por delante de los principales petroestados del golfo pérsico, como Arabia Saudí, Irán, Iraq, Emiratos o Kuwait.