Se trata de comprender que las bellezas confluyen
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Joaquín Araujo

Emboscadas

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Se trata de comprender que las bellezas confluyen

La naturaleza y la poesía convergen en fundar belleza. Poco, en consecuencia, menos poético que este ir demoliéndolo todo como hace nuestro sistema

Foto: La poesía deja respirar a las palabras, la natura, a todo lo demás. (Unsplash/@sebastian_unrau)
La poesía deja respirar a las palabras, la natura, a todo lo demás. (Unsplash/@sebastian_unrau)

Es poesía cuando las palabras sueñan con su infancia. La natura es la infancia común de la humanidad. La poesía intenta la belleza, esa que la natura siempre consigue. Por eso le debemos un montón de derechos de autor a la vida espontánea.

La poesía expresa la emoción que resulta imposible sin la vida que la natura logró para nuestros cuerpos. Los lenguajes emanan de lo ya dado por la evolución biológica. Es poesía cuando de los viejos lenguajes brotan nuevos significados, algo que la natura alcanza sin cesar.

"Poesías y natura son alambiques que destilan el caos para convertirlo en armonía"

En la poesía, descubres insospechados inquilinos dentro de las palabras. Todos, incluso los poemas, somos huéspedes de la natura. Canto a nosotros mismos, como nos enseñó Walt Whitman. Cuando la eternidad ya ha sido, es natura. Cuando intentas fundar otras eternidades, es poesía. Es poesía cuando lo que no usa palabras, la natura, dice algo que comprendes y lo cuentas.

Dos almas equivalentes. Inspiramos, al respirar, el alma de la natura. La inspiración es el alma de la poesía. Nadie lo resumió mejor que Federico García Lorca al afirmar que el poeta es un médium de la natura, o que poeta es árbol. Recordemos que el bosque fabrica la transparencia que alcanza nuestros pulmones. Esa que nos deja ser, escribir y hablar. Poesía y natura proclaman su dependencia del inasible misterio que es la vivacidad.

placeholder Ambas proclaman su dependencia del inasible misterio que es la vivacidad. (Unsplash)
Ambas proclaman su dependencia del inasible misterio que es la vivacidad. (Unsplash)

La poesía desata músicas que acaban bailando en nuestros tímpanos como hacen los paisajes sonoros de la natura. Acoger lo diferente, incluso lo contradictorio, son destrezas y proezas que indistintamente acometen la natura y la poesía. Dueñas de lo sin dueño y preñadas de multiplicidad, ni la poesía ni la natura quieren nada que no sea ya suyo. Cuando dos palabras que no se conocían deciden amarse, nace la poesía. La natura es el lecho donde copulan todas las diferencias para que sean posibles muchas más.

No solo la eternidad, también el infinito es apetencia de la natura y de la poesía. René Char nos lo confirma una vez más al mantener que la finalidad de la poesía es preservar los infinitos rostros de lo viviente, de la natura, pues. La defensa de los derredores y de sus inquilinos es, pues, también un poemario. La natura está agradecida a los poetas que, como nos recordó María Zambrano, jamás destruyen algo no hecho por ellos mismos. Poco, en consecuencia, menos poético que este ir demoliéndolo todo como hace nuestro sistema.

Foto: Foto: Unsplash/@lucabravo Opinión

La poesía es la búsqueda más intensa de la mente humana y buscar quiere decir 'ir al bosque', es decir, a la natura. La poesía deja respirar a las palabras, la natura, a todo los demás. La poesía y la natura demuestran que lo mejor jamás está en el mercado. Todo lo esencial para la vida y para la creación con palabras es por completo grato y gratuito. “El poeta es el hombre devorado por los espacios del bosque”: María Zambrano escribió lo que tantos quieren olvidar, sobre todo por haber entregado a las cenizas y a la producción de carne tantas arboledas.

Las dos, poesías y natura, son alambiques que destilan el caos para convertirlo en armonía. En fin, es por todo esto que tantas veces he incluido en mis libros y conferencias por lo que mantengo que, aunque se nos quiera olvidar, los naturalistas somos los que más poéticamente habitamos este mundo. Defender la belleza anterior a nuestras bellezas es, por lo aquí recordado, puro arte. Aunque se nos quiera olvidar.

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