La gestión pasiva es peor para la sociedad que el Marxismo

Una economía capitalista donde la única inversión que se realiza es pasiva es mucho peor que una economía centralizada o una economía con gestión de capital dirigida

Foto: Traders en la bolsa de Londres (Reuters)
Traders en la bolsa de Londres (Reuters)

No se asusten. Ese titular no es mío. Para nada. Pero me lo he encontrado en boca de la firma de análisis Sanford C. Bernstein & Co y me llamó la atención. Obviamente, el autor lo utiliza para atraer al lector a descubrir qué más hay dentro de la noticia y, en mi caso, le aseguro que así fue. El autor continua diciendo que una economía capitalista donde la única inversión que se realiza es pasiva es mucho peor que una economía centralizada o una economía con gestión de capital activamente dirigida.

La gestión activa permite asignar la inversión a aquellas empresas más productivas, creando empleo y mejorando la calidad de vida de la sociedad. En una economía marxista, el trabajo en común mejora el bienestar de la sociedad optimizando la dirección de los flujos de capital para mejorar la economía real. Es decir, la gestión activa y la visión marxista confluyen en esa idea. Y el ascenso de la gestión pasiva no va en esa dirección por su finalidad última, que no es crear valor. El siguiente gráfico muestra la salida de dinero de los fondos activos y como, en gran medida, esos flujos han ido a parar a la gestión pasiva.

Sanford también advierte del absurdo que tenemos respecto a la aparición de índices. Actualmente, existen más índices que acciones (large cap). Y remata, en el siguiente gráfico prestado, con cuál puede ser el futuro de este tipo de inversión en ese entorno pasivo. Muy gráfico es, eso no se le puede negar (1000 y 1 días en la vida de un pavo del día de acción de gracias).

Claro está que esa firma de análisis se dedica a vender informes económicos de empresas cuyos ingresos, en un entorno pasivo, dejarán de venderse…

Pero este tipo de miedos que crean algunos si es cierto que llevan a que el inversor, o al menos en mi caso, investigue un poco más antes de tomar cualquier decisión de inversión. En esta misma sección de 'Aprender a Invertir' ya vimos cómo se construía una cartera pasiva y cuáles eran las reglas que ese inversor debiera seguir al invertir de esa forma. Asimismo, vimos lo que era la gestión activa y cómo estaba evolucionando en estos momentos de mercado.

Las ventajas e inconvenientes de un tipo de gestión u otra son claras y es, al final, el inversor quien decide asignar sus ahorros a una u otra. Bajo mi punto de vista, y como manifesté en esos artículos, la pasiva me parece muy interesante. Permite pegarse al índice y recibir la rentabilidad del mismo. A largo plazo y si tomamos el S&P, se ha demostrado que es la forma más barata y más rentable a la hora de participar en los mercados.

Las ventajas e inconvenientes de un tipo de gestión u otra son claras y es, al final, el inversor quien decide asignar sus ahorros a una u otra

Sin embargo, esas alertas que se van extendiendo cada vez más sobre este tipo de “pasotismo” a la hora de invertir, por cuanto es mejor comprar el índice que ponerse a investigar dónde está el valor futuro, no carecen de cierto sentido. El que la gestión pasiva ya represente un tercio del total del mercado empieza a ser preocupante. Primero por la concentración de gestoras, segundo por el riesgo de centralización de ahorros en un mismo activo y, por último, acumulación de propiedad corporativa por parte de esas gestoras.

Un informe de la universidad de Amsterdam muestra justo ese último punto. La industria de gestión pasiva está dominada por tres grandes: BlackRock, Vanguard y State Street. Entre las tres, tienen a diciembre de 2015 casi un 70% del mercado de ETFs. El resto de gestoras no llegan a una cuota del 3,5%. Respecto a fondos índice, donde no hay datos públicos, parece sin embargo que Vanguard tendría más de un 50% de los mismos.

Esa concentración en lo que se llama “the Big Three” o las tres grandes provoca que, a día de hoy, sean los mayores propietarios en un 40% de todas las empresas cotizadas en US y que sean igualmente lo mayores accionistas en un 88% de las empresas del S&P500.

 

Vemos claramente cómo existe una concentración de la propiedad de las empresas por parte de gestoras pasivas. Y pese a que no pueden vender los activos sin la orden del cliente que tiene los ETFs, si existe un alto incentivo para usar su voz y, de una forma u otra, influenciar la toma de decisiones de las empresas. En teoría, los intereses están alineados (empresas y gestores) por la vocación de permanencia pero, a la larga, podría provocar cierta complacencia y descuido empresarial. Eso significa el contar con una alta concentración de propiedad sin precedentes en Estados Unidos. Todo esto genera que se cree cierto miedo respecto al impacto en la competitividad a la baja que este nuevo capitalismo de la gestión pasiva puede generar, con su lógico impacto en el crecimiento económico.

De otro lado, este crecimiento de la industria pasiva puede provocar nuevos riesgos financieros y momentos de alta volatilidad como lo vivido en agosto de 2015. Esos riesgos se manifiestan ante tensiones de precios resultando en cierto caos, falta de liquidez y descorrelación entre precio de las acciones y de los ETFs.

El 24 de agosto de 2015, tuvimos un claro ejemplo de los peligros ocultos de los ETFs pues, ante una caída de 1000 puntos del Dow Jones en los primeros cinco minutos de sesión, se produjo una caída superior en muchos de esos ETFs . Eso provocó fuertes pérdidas a los que, movidos por el pánico, se pusieron a vender ETFs.

En esa fecha, un ETF de BlackRock que invierte en acciones que pagan dividendos de forma consistente (DVY), caía cerca de un 35% mientras que la cesta de referencia lo hacía en un 2,7%. En el siguiente gráfico puede ver las caídas de los componentes versus el ETF.

 

Las causas de esa disparidad parece estar en 2 problemas. El primero es que los proveedores de liquidez (algoritmos y traders de alta velocidad junto con otros proveedores) desaparecieron en esos momentos de pánico. Lo mismo que sucedió en el flash crash de 2010. De otro lado, la falta de precios (por subastas de volatilidad en muchas acciones) provocó también esas distorsiones en los precios de los ETFs. Ese día de negociación se produjeron 1.200 paradas (esas subastas para dar tranquilidad y tiempo a repensar las decisiones de venta). 600 fueron las veces que se pararon los ETFs.

En cualquier caso y para concluir, me parece un poco exagerado el titular de hoy, pero es cierto que el futuro depara muchos retos para la gestión pasiva y para los algoritmos que alimentan a los sistemas automatizados (robo advisors), por cuanto, de producirse un momento de caos en el mercado, la respuesta hasta la fecha no ha sido muy satisfactoria. Cuantos más inversores depositen sus ahorros en esa gestión, impacto económico y social aparte, más se tenderá a profundizar en esos riesgos y, de no solucionarse, peores serán los resultados para los inversores y para ese tipo de gestión.

 

Aprender a Invertir

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