¿Dinero en el bolsillo o dinero invertido?

Una teoría dice que, como mínimo, el inversor debe tener fuera de mercado entre seis y 12 mensualidades de gasto normal corriente

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Una parte de inversores piensa que siempre hay que estar invertido. Justifican que, a largo plazo, estar comprado en acciones es mucho más rentable que mantener liquidez. Otra parte de inversores, prefieren tener siempre disponible una cantidad de dinero para evitar pérdidas en caso de fuertes caídas y así poder aprovechar correcciones de mercado comprando más barato. Lo cierto es que ambos razonamientos se podrían justificar en función de los datos que se tomen, pero tanto el pensar que el mercado seguirá subiendo otros nueve años como suponer que puede corregir un 50% en breve no parecen ser argumentos suficientes para hacer una cosa u otra.

Una teoría dice que, como mínimo, el inversor debe tener fuera de mercado entre seis y 12 mensualidades de gasto normal corriente. De esa forma, se evita exponer a riesgo dinero que podrá necesitarse al tiempo que se mantiene un 'colchón' de seguridad. Para el resto destinado a inversión, solo se deberían invertir aquellos ahorros que no se necesitan y cuya disposición no vaya a realizarse en el medio plazo.

Fuera de esos niveles y dada la situación de los tipos de interés actuales, muchos inversores están acudiendo al mercado de renta variable comprando 'blue chips', ETF que replican a bajo coste índices de renta fija o variable y fondos de inversión. Se espera recibir, por lo menos, ese dividendo prometido o esa revalorización esperada acorde a lo sucedido en los últimos años. Este planteamiento está provocando la entrada masiva en activos como el S&P500 que, en el caso de los ETF, están marcando flujos de entrada nunca vistos antes. En bonos, pasa exactamente lo mismo. De esta forma, esos inversores acaban por estar totalmente invertidos (medianamente diversificados) en lo que parece la única posibilidad real para obtener algo de rentabilidad.

Sin embargo, los mejores inversores de la historia no dejan de acumular liquidez en sus carteras. Los gestores de Tweedy Browne mantienen más de un 20% de los activos del Global Value Fund en liquidez. Igualmente mostraba el otro día cómo W. Buffett experimentaba un comportamiento similar respecto a la acumulación de 'cash' en sus fondos.

Este mismo comportamiento y, según un informe del US Trust, en el caso de los hogares norteamericanos con carteras de inversión superiores a los tres millones de dólares (1,8 millones), un 22% mantienen posiciones de liquidez que superan el 25% y un 62% tienen más del 10% en 'cash'.

El uso de crédito por parte de esta población sigue en niveles cercanos al 40%, pero bajando respecto al 50% del año anterior. El tener 'cash' disponible (y crédito) les permite poder entrar en inversiones interesantes cuando aquellas aparecen, sin tener que buscar agentes externos y sin importar el tiempo que permanezcan en dique seco. Son, junto a los gestores anteriores, los que compran cuando todos los demás venden y lo hacen a precios inferiores.

Si pasamos a números reales y, utilizando el índice director (S&P500) en los últimos 30 años hemos pasado por tres grandes 'crashes' bursátiles (En ese período hemos pasado por algunas correcciones que se recuperaron relativamente rápido y no influyen en los cálculos). De ese modo, un inversor que hubiera comprado en 1987, cerca de máximos históricos, se hubiera encontrado con caídas del 30% y solo en 1991 hubiera recuperado (sin dividendos). El que hubiera comprado en 2000, acumularía pérdidas del 48% unos años después y hasta 2014 su valor no se habría recuperado totalmente (sin dividendos). Por último, el que hubiera entrado en verano de 2007, tendría a principios de 2009 unas pérdidas superiores al 53%, no recuperadas hasta finales de 2013.

Si bien es cierto que, hablamos en esos casos de entrar en el peor momento posible (fin de ciclo alcista y en máximos históricos) las similitudes con lo que pudiera pasar hoy día son, por lo menos, altas y los números cambian dramáticamente si cambiamos unos meses respecto al punto máximo y mínimo. Del mismo modo, hay que incluir los dividendos que se hubieran pagado en ese período, que estarían sobre el 2% anual, considerando la reinversión de los dividendos para aprovechar el efecto compuesto.

Tomemos unos ejemplos y en 'backtesting', veamos las ventajas e inconvenientes de mantener más o menos liquidez en cartera. Supongamos 3 portfolios que abrimos en 1986 y mantenemos hasta hoy. El primero 100% invertido en S&P500. El segundo tiene un 70% en S&P500 y un 30% en monetarios. Por último, el tercero tendrá un 100% en monetarios. Pongo extremos para ver más claramente los resultados de una y otra estrategia.

Si lanzamos las carteras y hemos mantenido hasta hoy (luego acotamos tiempos) para una inversión inicial de 10.000 dólares en 1986, hoy tendríamos estos resultados (final balance):

Es decir, 10.000 dólares de 1986 serían hoy en la cartera 1 (100% en S&P500) unos 218.000 dólares (unos 100.000 ajustados por inflación). La que tiene 70% en bolsa unos 130.000 y la que solo tiene monetarios, unos 27.000 dólares (12.000 ajustados por inflación). Obviamente la desviación estándar de una y otra cartera no tiene nada que ver y hay años donde se ha llegado a perder un 37% del valor (cartera 1). Pero, sin duda, estar 100% invertido supera con creces a cualquier otra combinación de bolsa y liquidez.

Gráficamente lo vemos aún mejor (ajustada por inflación).

Siendo más realistas, muy pocos mantienen una cartera 30 años y hay que pasar a los plazos reales del inversor medio. Indexa capital (gestión pasiva) argumenta que el óptimo plazo debiera ser de unos 10 años. Por aquello de los ciclos. Sin embargo, análisis realizados en Estados Unidos muestran como, de media, no llegan a los cuatro años. Utilizando los análisis de Dalbar de 2016, estos son los resultados más llamativos.

Y si comparamos la rentabilidad real que obtiene el inversor contra el S&P500 justo por esta entrada y salida de flujos, vemos estos datos.

Volviendo a nuestro caso anterior y, tomando plazos de 4 años, las cosas cambian totalmente. Si partimos de una inversión en enero de 1999 que mantenemos hasta finales de 2002, obtenemos estos resultados (final balance).

Si partimos de una inversión en enero de 2006 hasta finales de 2009, estos otros resultados se hubieran dado:

Claro que, si ha comprado en 2013 y mantiene la posición hoy, el estar totalmente invertido le pega mil vueltas a cualquier otra combinación y muestra las ventajas de estar comprado en un mercado totalmente alcista.

Así las cosas, las matemáticas puras y duras muestran como en el caso del S&P500 y con un horizonte temporal superior a los 5 años, estar totalmente invertido ofrecería por norma, mejores resultados. Sin embargo, la realidad dice que no muchos van a poder estar ese tiempo sin hacer nada y, mucho menos, cuando las bolsas empiezan a corregir y el pánico se apodere del inversor. Otros participantes del mercado, como es mi caso, prefieren ir sacando liquidez a medida que éste se vuelve más y más caro. Bastaría con una comparativa entre la rentabilidad por dividendos del S&P y el bono a 10 años para ver dónde conviene estar invertido. Lo trataré en un artículo futuro pues creo tiene su importancia. Lo que está claro es que se debería unir teoría y realidad antes de tomar ninguna posición. Como ha visto, no tienen mucho que ver una con otra.

Aprender a Invertir
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