El Popular, lección a sangre y cuchillo para futuras generaciones

Lo que sucede hoy en día con el Popular es la lección más grande que ha producido la bolsa española en los últimos 22 años, que es hasta donde llega mi historia personal en el mercado

Foto: El presidente del Banco Popular, Emilio Saracho. (EFE)
El presidente del Banco Popular, Emilio Saracho. (EFE)

Esta semana, alguien me decía que sólo se hablar mal del Popular debido a que soy un zángano y es de lo que vivo. ¡Ya me gustaría! No pude resistirme, reconozco que me cuesta aunque intento mejorar, y contesté con ironía -en internet no es recomendable-: "Terra, Astroc, Prisa, Abengoa, Popular... La vida sigue igual, el pollo tomatero es inocente. La culpa es vuestra por no acompañarle". Me congratula pensar que mis `followers´ son tan malvados como yo. Por cierto, me olvidé de Martinsa-Fadesa.

Lo cierto es que somos responsables de todo lo que nos pasa. Incluso cuando nos roban, nos traicionan, o nos obligan a llevar a alguien a los tribunales para cobrar. Puede que no los únicos responsables, pero lo somos de algún modo que siempre es relevante, por acción o por omisión. Las personas que tenemos una pequeña capacidad de influencia lo somos también de lo que otros padecen.

El 14 de septiembre de 2007, en el principal diario económico del país, alguien que supuestamente desarrolla su actividad con gráficos en la mano escribía lo siguiente:

"Hay miedo a una crisis inmobiliaria, pero las empresas del sector ya no se suman de forma llamativa a los últimos retrocesos. ¡2007! Se castiga a los bancos españoles, que no tendrán problemas, y se hunde a las constructoras como si fuesen el malo de la película. (...) Por citar sólo dos ejemplos, el Popular, el banco más eficiente de Europa, con sobradas coberturas de riesgos...". A estas consideraciones no acompañaba 'stop' alguno aunque cabría esperarse de todo el que usa, aunque sea para divertirnos, alguna clase de acercamiento técnico al mercado. ¡Por si acaso hombre!

Las personas no leemos ni escuchamos lo que nos dicen. Interpretamos lo que escuchamos, sesgados por nuestra naturaleza y nuestra situación personal

A primeros de 2010, tras una recuperación de mil demonios, coincidí con el analista en un programa de radio; donde se despachó recomendando todos los 'blue chips'. Me enfadé mucho, y dio que hablar mi reacción: "25 años riéndose de la gente son suficientes". Desde que llegué a los 40 intento no cometer estos errores. Tras años intentando ser muy franco para que la gente no palmase más dinero del estrictamente necesario, caí en la cuenta de que en realidad conseguía lo contrario al generar animadversión en personas a las que quería ayudar.

Las personas no leemos ni escuchamos lo que nos dicen. Interpretamos lo que escuchamos, sesgados por nuestra naturaleza y condicionados por nuestra situación personal. No fue este conocimiento algo que consiguiera aprehender pronto, aunque me ayudó mucho el año de terapia que hice con uno de los grandes psicólogos de nuestro país, Fernando Muñoz, y las lecturas sobre las emociones que él y otros me recomendaron. Martin Seligman y Daniel Goleman han cambiado algunas vidas. Estos son los auténticos héroes.

Pensar el mercado, esa es la tarea

Cuentan que Georg Friedrich Hegel decía que pensar la vida es la tarea. Pero nos acercamos a algo tan importante para el futuro de la nuestra y de la de nuestros hijos, como son el ahorro y la inversión, sin la responsabilidad necesaria, como si no pudiéramos equivocarnos o como si fuéramos inmortales y tuviéramos siglos por delante para recuperarnos de cualquier experiencia negativa provocada por nuestros no siempre inevitables patinazos. Lamentablemente, cuesta mucho obtener lecciones de vida del cuello ajeno.

Todos los días, legos y expertos se acercan a un hecho social, reflexivo e impredecible como es el mercado, sin tener presente cómo es realmente el animal. Cuando das un 'stop loss' estás admitiendo que es probable que estés equivocado.

El 24 de abril de 2012, con un gráfico que mostraba la ruptura de un importante soporte y tras una caída superior al 80% desde su máximo histórico (mucho más si no tenemos en cuenta el dividendo obtenido por el camino), la misma pluma escribía en el mismo diario, y sobre el Popular, lo siguiente: la marcha bajista es impresionante. (...) a pesar de haber sido y seguir siendo el banco más eficiente de Europa. (...). No es momento de vender, pero hay que aplazar compras

No estoy intentando evidenciar un error, con mi trabajo se podría hacer lo mismo. Los que hablamos todos los días nos equivocamos casi todos los días. Sin ir más lejos, mi última operación en el propio Popular, fue ejecutada con pérdidas por confirmación de un patrón potencialmente bajista tal y como puede verse en el gráfico siguiente...

No quiero matar a una persona a la que he comprendido mejor con los años, y a la que en su día dediqué artículos de una dureza que hoy siento haber escrito. Pero me sirve como ejemplo de alto nivel (pues no estamos hablando de un cualquiera) para evidenciar dónde está el problema: en nosotros. El problema es suponer cosas, darlas por reales. El problema es no cambiar de opinión, aunque sea para vender un poco e ir preparando ese cambio. Si no es cuando cae un gran soporte, ¿cuándo un analista técnico recomendará vender? El enemigo, como afirmó el dibujante Walt Kelly, somos nosotros mismos.

No sé qué va a pasar con el Popular, ni me interesa. Mi trabajo es no llegar a estas situaciones, para eso me pagan. Por eso cerré con la pérdida del 0,95 lo que había comprado en la zona de 1. Así que no se moleste en dejarme un comentario diciéndome que hablo a toro pasado y que no sé nada de balances. Es sabido que lo mío son los posos del café, y que el análisis técnico es sólo una filfa de la que vivimos tipos sin talento.

Pero lo que sucede hoy en día con el Popular es la lección más grande que ha producido la bolsa española en los últimos 22 años, que es hasta donde llega mi pequeña historia personal en el mercado. Y por el camino he visto hacerse papilla a valores que eran intocables para el gran público español como Terra, Jazztel, Astroc, Martinsa-Fadesa, Prisa, Abengoa... Pero esta vez quien le ha volado los sesos al que nunca asume sus errores es el que se consideraba en pleno desplome como el banco más eficiente del Europa, que lo fue. Como antes del mundo entero. Antes, cuando no toleraba ladrillo en sus bolsillos, cuando no había pasado por las manos de un ángel del infierno.

Y la lección que debemos obtener es la de que siempre estamos lejos de poder prever qué sucederá en un mercado. Casi todos. Para subir, y para bajar. Y bueno sería que siempre quedara claro cuando hablamos sobre dinero. En el caso de los analistas técnicos, haciendo que toda recomendación conlleve un 'stop loss'. Y evitando también la tentación de querer parecer menos tontos de lo que somos, trabajando sin meternos en camisas de once varas que es lo que hacemos cuando nos ponemos a pontificar sobre la calidad financiera de las compañías; algo que ni siquiera los más sesudos especialistas fundamentales, en su ardua y compleja labor, hacen bien suficientes veces; y en lo que, por tanto, nosotros no tenemos ni una sola posibilidad.

Bolságora

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