Ni recesión hoy, ni recesión mañana… mucho peor…

No puedo dejar de recordar al inversor que sea consciente del momento de mercado en el que nos encontramos. No habrá banco central que pueda impedir un reseteo de los precios

Foto: Imagen de archivo de Wall Steet en una jornada negativa. (EFE)
Imagen de archivo de Wall Steet en una jornada negativa. (EFE)

Tiene toda la razón. Prometí guardar todo mi pesimismo sobre los mercados y no volver sobre el tema hasta que esto estallara. Y si se fija, lo he conseguido durante varias semanas… He hablado del ratio de rentabilidad/riesgo, he mostrado nuevas tecnologías con alto potencial como el Blockchain y hasta hemos visto cómo cubrir una cartera. Sin embargo, no contaba en mi promesa con estar frente a frente con el inversor en los seminarios de aprender a invertir que realizamos con El Confidencial, y no empezar esas charlas con este gráfico sería traicionar la tesis que vengo aquí defendiendo desde hace varios meses.

¿Por qué ya no se cree nada del enfoque fundamental al invertir? ¿Y del análisis técnico? Incluso, ahora que aparecen viejos gurús de nuevo a escena, ¿por qué me da que no les irá todo tan bien como en el pasado?. Pues lo tiene claramente reflejado en el gráfico anterior. En este caso, no hay lugar a dobles interpretaciones ni explicaciones que beneficien nuestro punto de vista. En el medio plazo, no podemos ser más ricos que lo que la economía crece. Sí le puede pasar a corto plazo, como vimos en los años previos a la caída de 2008. Una casa en España multiplicó por tres su valor en siete años. Mucho más que lo que hizo la economía global. Pero todos sabemos cómo terminó aquello. En el periodo que va desde 2009 hasta ahora, tenemos el mismo evento pero para menos gente, pues hay menos inversores en bonos y acciones (los que han ganado en este periodo) que propietarios de viviendas. La burbuja creada por los bancos centrales es nuestro mal del futuro. Y ninguno de los caminos que se discuten hoy día me parecen los más adecuados.

Dos corrientes dominan actualmente el pensamiento económico. De un lado, aquellos que piensan que un alza de tipos en Estados Unidos no hará más que precipitar una inmediata recesión, dejando a la Fed sin munición para estimular el crecimiento, y de otro lado, los que piensan que los tipos deberían estar ya en niveles más altos para, precisamente, tener herramientas con las que afrontar la futura recesión.

Yo, sin embargo, pienso que la verdadera decisión está entre una recesión masiva ahora o en una de consecuencias más devastadoras en el futuro. Es decir, haga lo que haga la Fed, la manipulación mediante la política monetaria ultraexpansiva dejará de ser efectiva y despertaremos con la realidad de una caída brutal que nos llevará al origen. Solo desde ahí se podrá reconstruir y volver a cierto grado de normalidad.

Si miramos el crecimiento del GDP en USA con un simple gráfico de tendencia, veremos que no se ha producido una recuperación al amparo de esa política expansiva. Contra lo que se viene diciendo, esta última fase de 'crecimiento' económico es de las más débiles desde 1945. Crecimientos superiores al 3% no se han visto para nada, y, centrados en este último año, fíjese que estamos sobre el 1%. Todas por debajo de la media.

Y las previsiones no son mejores. Los modelos de la Fed de Atlanta pronostican crecimientos inferiores para los meses venideros.

Si tomamos datos de inversión privada, vemos que, en vez de utilizar los bajos tipos para invertir en nuevos proyectos, se está utilizando el endeudamiento para otras tareas con nulo impacto en la productividad. La inversión en maquinaria, equipos, vehículos, etc. es una medida de la confianza en la economía. Si se cree que se va a crecer más, se invierte en nuevas fábricas y equipos. Si no hay confianza… se recompran acciones propias… Son cuatro trimestres con descensos y lo más significativo es el cambio de tendencia que se puede estar produciendo. También es curioso ver cómo, a pesar de los tipos de interés cero, no se ha producido el reemplazo de los bienes de equipo desde que en 2012 se estabilizó y pasó a caer ya en 2014. También es interesante destacar que  las plantas físicas, o los edificios que albergan la producción, llevan una caída del 5% en los dos últimos años para un total del -20% desde 2008.

Y al mismo tiempo, fíjese en el crecimiento de la deuda que no va a parar a esos bienes productivos. Es decir, menos inversión y más deuda en los balances de esas empresa que no producen más. El exceso de liquidez del sistema ha provocado que las empresas se dediquen a endeudarse para llevar a cabo compra de acciones propias y al pago de dividendos, provocando que el grado de apalancamiento se encuentre, como el S&P, en máximos históricos.

Esta práctica de comprar acciones propias beneficia también a los actuales accionistas, pues reduce las acciones en circulación y, por tanto, dispara el beneficio por título (BPA). Lo malo es que no se da cuenta de que esos resultados no son reales y que ese incremento del BPA es a costa de poner en riesgo el balance de la compañía.

Muy interesante es ver cómo, al tiempo que los 'spreads' de los bonos basura se han reducido drásticamente, el ratio de quiebras se ha incrementado. Se había producido una especie de recuperación de dichos diferenciales hasta que, en febrero de este año, la nueva acción coordinada de los bancos centrales paró de golpe esa 'normalización' que se estaba produciendo. Esto ha llevado a continuar con la burbuja en la que dichos activos se encuentran. Si comparamos el 'spread' actual de esos bonos de alto rendimiento contra el diferencial que deberían tener atendiendo al ratio de 'defaults', nos encontramos que se ha colocado por encima de dos veces la desviación típica, sinónimo de estar totalmente fuera de toda lógica financiera. Si se llaman bonos 'basura' es por algo.

Si vamos al mercado de acciones y vemos la valoración, de nuevo seguimos en niveles muy sobrevalorados. Los crecimientos de ventas y resultados siguen sin justificar los precios actuales, lo que lleva a tener un ratio de precios medios del S&P sobre ventas en niveles históricos. Si tomamos una medida de valoración que incluya el valor de las empresas respecto a la deuda soportada y las ventas obtenidas, nos vuelve a dar un valor superior a dos veces la desviación estándar.

De nuevo, admitiendo que no sé cuánto más les queda a los precios de todos los activos financieros antes de la gran debacle, no puedo dejar de recordar al inversor que sea consciente del momento de mercado en el que nos encontramos. Tenga claros sus niveles de salida si está dentro y, de querer participar en este mercado, pregúntese siempre cuál es el riesgo que quiere asumir. No habrá banco central que pueda impedir un reseteo de los precios, una vuelta a la 'normalidad' e incluso a la fe en esos gurús que antaño dieron tan buen resultado.

De Vuelta
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