Paramés sabe mucho… pero de bitcoin, ni idea

Creo conveniente dar algunas razones por las que, por lo menos, uno debe perder un poco de tiempo en estudiar qué hay detrás de las criptomonedas y qué aportan a la gestión

Foto: Bitcoin.
Bitcoin.

Me sorprendía la semana pasada, Vicente Varó con su tribuna sobre lo comentado por García Paramés con respecto al bitcoin. Básicamente, el afamado gestor comparaba el comprar bitcoins con jugar al Black Jack y mencionaba que la excesiva volatilidad no aporta valor alguno a los agentes económicos. También comentaba que lo que pretender ser una moneda, no puede tener esa escala de variabilidad tan grande. En definitiva, mientras el mercado de las criptomonedas está explotando y no hay suceso similar, en términos de riesgo y rentabilidad, en toda la historia de los mercados financieros, Paramés se coloca del lado de personalidades como Jamie Dimon o el mismo Buffett alertando de estar frente a una burbuja de terribles consecuencias.

No es mi intención, ni por asomo, el poner en duda la gran capacidad como estratega y gestor value de Paramés. Su exitoso pasado y presente así lo acredita y no puedo decir absolutamente nada negativo al respecto. Sin embargo, con respecto al bitcoin me temo que no entiende mucho de qué va esto y aún menos de la tecnología que sustenta a esta criptomoneda. Es por eso que creo conveniente dar algunas razones por las que, por lo menos, uno debe perder un poco de tiempo en estudiar qué hay detrás de las criptomonedas, qué aportan a la gestión de carteras, si existen sistemas de valoración reales y si, en definitiva y aún sin tener que invertir ni un euro, uno debe estar preparado para asistir a la verdadera revolución industrial de internet.

En primer lugar, hay que entender que el objetivo de bitcoin va más allá de querer competir y reemplazar al dinero fiat como dinero descentralizado. A ese respecto, no le falta razón a Paramés cuando menciona que lo que pretende ser una reserva de valor, no puede estar sometida a una volatilidad del 65% anual. Pero ver sólo esa cualidad es quedarse en las primeras líneas de la historia y no avanzar en la comprensión de las ventajas que la tecnología que lo sustenta lleva implícitas. Cuando hablamos de Bitcoin debemos entenderlo como un protocolo y una infraestructura pública descentralizada de confianza, sobre la que muchos desarrolladores ya están obteniendo importantes soluciones que van a mejorar el mundo tal y como lo conocemos hoy.

Bitcoin entendido como protocolo (en este caso se escribe con B mayúscula), funciona como una red pública y abierta no controlada por una entidad central, donde se registran los asientos contables de las transacciones realizadas que no podrán modificarse y que son totalmente transparentes. Los datos así producidos se van almacenando en la famosa Blockchain o cadena de bloques. Y para que esto pueda funcionar, se necesita del llamado token (o criptomoneda) que en este caso es el bitcoin (con b minúscula) necesario para su desempeño correcto. De esta forma, no se puede hablar de Blockchain sin hablar de bitcoin, ni de bitcoin sin hablar de Blockchain. A mayor uso de la red, mayor uso del bitcoin y este crecimiento está siendo exponencial.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Llegados a este punto, puedo entender que un gestor o inversor no quiera meterse en todo lo que esto de la Blockchain representa y que, incluso, se vea como algo lejano y complejo de poner en práctica. Pero no tiene sentido que, como activo disponible existente, no se quieran ver (otra cosa es aprovechar) las grandes ventajas que bitcoin aportaría a una gestión de carteras como fuente excelente de diversificación y protección frente a cisnes negros que, hoy en día, ningún otro instrumento es capaz de ofrecer.

Si comparamos el BTC contra el resto de activos tradicionales (S&P, Bonos, Oro, Stoxx50…) lo primero que salta a la vista en el período considerado (el lector puede acceder a estudios más amplios en Libroblockchain.com) es que el excesivo riesgo asumido por el bitcoin es recompensado por la rentabilidad obtenida. Si comparamos en base a Sharpe del S&P500 y del BTC, el primero nos da un ratio de 0,66 frente al 2,75 del bitcoin. Si lo hacemos con Sortino, 0,90 frente a 3,30.

Del mismo modo y en busca de ese efecto diversificación, nada como calcular las correlaciones de esos mismos activos. En teoría, es lo que debiera buscar un gestor como forma de mitigar exposición o riesgo.

Fíjense que la correlación máxima no pasa del 0,14 y aunque sabemos que esos datos no son constantes en el tiempo, los resultados y efectos son claros. El Oro y el bitcoin nos dan similar correlación con el S&P y presentarían claros ejemplos de activos válidos para coberturas.

Si bien es cierto que esta cobertura así planteada cuadra más para carteras muy agresivas o de Venture Capital que puedan asumir esa volatilidad, en una cartera más tradicional con un porcentaje mínimo que no supere el 2% - 5% lograríamos un efecto totalmente positivo dadas sus características y de impacto asumible en caso de evolución negativa en la totalidad de la cartera.

Con respecto a la valoración, es cierto que no responde a los medios clásicos utilizados para activos reales e, incluso, para startups donde pueden existir ciertas proyecciones de flujos de caja. Puesto a ser crítico, y contra lo que muchos se atreven a decir, la valoración del bitcoin no responde a la Ley de Metcalfe. Decir que un 94% del valor del BTC se puede calcular con esta fórmula es faltar a la verdad que de los números se obtiene. O modificarlos de tal forma que los haga coincidir.

La lógica del análisis nos dice que cuanto mayor sea el número de usuarios que soporta una criptodivisa, mayor será su capitalización

La Ley de Metcalfe nos dice que el valor de una red de telecomunicaciones (V) es directamente proporcional al cuadrado de su base de usuarios (N), es decir, V = c x N x N, donde c es una constante. La lógica del análisis nos dice que cuanto mayor sea el número de usuarios (N) que soporta una criptodivisa, mayor será su capitalización (V).

- Como proxy para estimar el número de usuarios se toma el número de transacciones diarias o el número de direcciones únicas utilizadas diariamente por una criptodivisa. Utilizaremos el número de transacciones diarias ya que es un dato que se publica en varias webs.

- Para suavizar las series utilizaremos medias aritméticas simples de 7 días.

- Calcularemos el valor de la constante c que minimice el cuadrado de los residuos, tratando de aproximar V= c x N x N al MarketCap (USD), considerando siempre medias de 7 días.

Repitiendo los cálculos para el bitcoin, con datos sin cocinar obtenemos que el valor de c que minimiza el cuadrado de los residuos entre ambas series es c = 0.3447. Y la representación gráfica muestra que no coincide con lo vivido por el bitcoin.

Incluso, si tomamos el valor que esos gurús dan de c=1,5, la representación gráfica real “sin tratar” no coincide con la evolución real y no se puede considerar válida. Otros autores como C.Burniske proponen otras fórmulas de valoración pero aún lejanas de ser tomadas en consideración.

Al final y en este sentido, afirmar que estamos ante una burbuja no tiene sustento alguno. No sabemos lo que vale bitcoin y el valor es más que dinero. Para valorar este activo se tendría que tomar todo aquello que la sociedad necesita y de lo que se puede beneficiar utilizando lo que bitcoin representa. Y eso no hay hoy en día nadie capaz de valorarlo.

Estamos ante un activo que nada tiene que ver con acciones convencionales, donde los participantes en este mercado no son los clásicos ahorradores o especuladores al uso. Las economías tras los tokens no son comparables a los mercados convencionales y participar en una economía de tokens no es participar en la bolsa. La promesa que traen las criptomonedas va de permitir a la gente crear y participar en un nuevo modelo económico donde todas las partes involucradas salen beneficiadas. Todas. Por eso mismo, decir que estamos ante una burbuja o negarlo, carece de validez alguna y uno se encuentra con esta situación de alerta permanente mientras los precios siguen disparados. Y por supuesto, tampoco podemos afirmar que mañana todo esto no valga cero y que una nueva economía así planteada no sea posible.

Así las cosas, lo que se trata aquí es de entender que la creación de valor futuro estará en el lado digital. El famoso salto del internet de la información al internet del valor. Y mientras esto sucede, saltarán tanto los detractores como los enamorados del bitcoin argumentando multitud de circunstancias para justificar un precio u otro. Pero si uno se atreve a hacerlo, el sentido común nos dicta que por lo menos, se argumente en base a conocimientos sólidos y así, en caso de equivocación uno podrá siempre modificar su razonamiento.

Lo importante ya no es la alternativa que ofrece bitcoin respecto al dinero fiat, sino la capacidad mencionada de poder construir sobre internet una capa donde las personas pueden intercambiar valor. Y del lado de la gestión de carteras, abstraerse de las ventajas que bitcoin ofrece en términos de diversificación y descorrelación, es como hablar de Black Jack sin saber que, con unos pocos cálculos de probabilidad y estadística, se puede minimizar la ventaja de la casa y aumentar nuestra posibilidad de beneficios. Tiempo al tiempo.

De Vuelta

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