Así sobrevive el bitcoin al criptoapocalipsis
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Javier Molina

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Así sobrevive el bitcoin al criptoapocalipsis

Bastaría con explicar qué es la volatilidad y cómo impacta en el precio. Un instrumento que tiene un 125% de volatilidad anual o casi un 7% diario indica justo eso, que lo puedes perder todo

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Representaciones del ripple, del bitcoin, del ethereum y del litecoin. (Reuters)

Corren tiempos muy interesantes para los criptoactivos con respecto a lo que representan hoy y lo que representarán en el futuro. El 'mix' entre regulación, advertencias y protección del ahorrador, aplicaciones de la tecnología y utilización como un nuevo 'asset class' en un portfolio de inversión, está alcanzando tal grado de complejidad, que el desenlace resultante no dejará indiferente a nadie. Gobiernos, bancos centrales y organismos reguladores intentan recuperar el tiempo perdido dando mensajes que no siempre resultan ser coherentes, ni estar en línea con lo que el mercado demanda en cada momento.

Pero mientras esas entidades intentan identificar cómo deben enfrentarse a esta nueva revolución, lo cierto es que en términos de criptomercado, el avance es constante y notable pese a las caídas de precios experimentadas este ejercicio. Así, si nos fijamos en el precio del bitcoin (BTC), pasar de los 19.000 dólares hasta casi 6.500 dólares dio lugar a muchas afirmaciones sobre la llegada del criptoapocalipsis tantas veces anunciado. Sin embargo, y desde esa zona, se han vuelto a superar los 11.000 dólares donde están actualmente los precios. Es decir, en línea con la volatilidad que actualmente tiene este instrumento.

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Desde mi punto de vista, el regulador debería, más que alertar sobre estos instrumentos, dedicar sus esfuerzos a formar sobre los riesgos implícitos que ellos conllevan. Contra lo que parece, abrir una cuenta en un Exchange (la forma de operar habitual de un inversor no profesional) no es tan rápido ni sencillo. Hay que pasar el KYC que estas incluyen, subir los documentos y fotos a esa página web, abrir un 'wallet' para depositar los 'tokens', ver que ese monedero es apto para las criptos que se quieren depositar, entender qué es una clave privada y cómo protegerla, ligar la cuenta o tarjeta bancaria a esa Exchange, entender las pantallas de negociación, superar los límites de inversión que casi todas las Exchanges serias tienen (no puedes invertir 5.000 euros de golpe en una cuenta recién abierta), analizar las comisiones que van a aplicar, entender qué es la clave pública… entre otra serie de pasos que hay que dar antes de poder comprar cualquier criptoactivo. Es decir, el inversor debe dar de forma voluntaria y 'motu proprio' una serie de pasos previos a poder invertir un solo euro. Y no suele haber nadie incitándole a que lo haga. Comprar acciones del Banco Popular o invertir en unas preferentes, por ejemplo, es mucho más sencillo, rápido y no se suele estar solo en el proceso.

Sin embargo, bastaría con explicar qué es la volatilidad y cómo impacta en el precio. Un instrumento que tiene un 125% de volatilidad anual o casi un 7% diario indica justo eso, que lo puedes perder todo. Así de simple. Con unos gráficos como estos (están todos en abierto 'online'), cualquiera podría entender que, por ejemplo, a siete días el activo que hoy cotiza a 10.500 USD puede convertirse en 5.000 USD siendo totalmente normal en su estructura.

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Y si le queremos dar mayor consistencia, con añadir este otro gráfico donde se ve claramente que esa volatilidad es muy probable que siga así en el futuro, asunto cerrado. Cada cual que opere bajo su propio riesgo y contando no con alertas que no sirven de mucho, sino con verdadera información y formación.

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Avanzando un poco en la tarea de identificar si este criptomundo tiene sentido, y tomando datos de cierta seriedad como puede ser el dinero institucional que fluye hacia los criptoactivos, las cifras demuestran que estos van tomando un peso cada vez más relevante en una cartera diversificada, y que no hay marcha atrás.

Mientras que la alta volatilidad ha sido la nota que ha caracterizado a todos estos instrumentos desde su origen, y a pesar de las fuertes caídas de criptomonedas como el bitcoin (BTC), 'criptocommodities' como el ether (ETH) o 'criptotokens' como augur (REP) en lo que llevamos de 2018, lo cierto es que el inversor institucional está apostando cada vez más fuerte y con mayores alternativas conforme pasa el tiempo.

Foto: Javier Molina

Un informe reciente de Autonomous Next muestra cómo los criptofondos o 'hedge funds' han doblado su tamaño en los últimos cuatro meses. Se han contabilizado 226 fondos de estas características a nivel global a 14 de febrero de 2018, frente a los 110 que existían en octubre de 2017. A principios del año pasado, solo existían 36. Así mismo, los activos que gestionan se estiman entre 3.500 y 5.000 millones de dólares, una cifra que ya va tomando cierta forma y más si la comparamos con los 1.500-2.000 millones de octubre, y a pesar de las caídas experimentadas.

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Si bien es cierto que muchos de los 'hedge funds' pasivos que generaron altas rentabilidades el año pasado mediante posiciones largas están sufriendo ahora pérdidas y viendo una reducción de activos, existen otros que, sin embargo, llevan a cabo estrategias claramente diferentes y que están aportando 'alpha'.

De un lado, tenemos a los criptofondos que se centran en estrategias de arbitraje. En este caso, el riesgo puede llegar a ser muy bajo (casi nulo) y, hasta la fecha, ha generado muy buenos resultados dadas las posibilidades que ha ofrecido un mercado nuevo en fase de expansión. No se toman posiciones direccionales, sino que simplemente se explotan las ineficiencias del mercado. Ha sido un excelente negocio hasta ahora, pero el desarrollo del mercado va reduciendo poco a poco esta vía y veremos si son capaces de seguir rentando como hasta la fecha.

Otros fondos tienen como política acudir únicamente a las ICO (oferta iniciales de monedas) y existen casos de éxito. Estrategias 'market-neutral' aprovechan cualquier tipo de movimiento y quieren justo lo que este mercado ofrece. Algunos casos han generado rentabilidad mensual positiva cada mes desde 2017.

Destinando entre un 1% y un 2% del valor total de un portfolio tradicional a criptoactivos se puede mejorar la rentabilidad/riesgo de forma importante

Estrategias donde se combina el 'venture capital', las ICO y la gestión de critoactivos cotizados son habituales y generadoras de diversificación y 'alpha'.

El que se conoce como el primer fondo regulado sobre bitcoin, Global Advisors Bitcoin Investment Fund PLc, ofrece exposición al BTC y a aquellos productos relacionados con bitcoin.

Aquellos fondos pasivos que solo realizan ajustes de forma periódica han encontrado una alternativa de rentabilidad prestando los bitcoins o ethers que tienen en cartera. Si uno quiere ponerse bajista, nada tan antiguo como pedir títulos para venderlos a cambio del llamado repo o tipo de préstamo. Se han visto tasas de entre un 10 y un 25% anual en lo que llevamos de 2018.

Lo cierto es que, destinando únicamente entre un 1% y un 2% del valor total de un portfolio tradicional (de acciones, bonos, oro, petróleo…) a criptoactivos, se puede mejorar la rentabilidad/riesgo de forma importante, logrando diversificación, descorrelación y reduciendo el riesgo sistemático. Puede comprobarlo aquí. Mostrándolo gráficamente en una cartera eficiente, queda mucho más claro.

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Así las cosas, el desarrollo cada vez más importante del mercado institucional, la existencia de futuros regulados sobre el BTC que permiten posiciones alcistas pero también bajistas, la posible aprobación de los ETF sobre los mayores criptoactivos este año, las posibilidades de participar en 'tokens' que pueden ofrecen valor real (fuera de la intención de ser moneda) e incluso la regulación que puede aclarar mucho más el papel de cada uno de estos criptoactivos convierten este segmento del mercado en uno de los más relevantes y que mayor valor añadido pueden aportar. Desde el punto de vista tecnológico y desde el punto de vista de inversión. No en vano, entidades como Morgan Stanley están ya tomando cierto posicionamiento en criptoactivos, e incluso entidades como JP Morgan, que el año pasado criticaban al bitcoin, han empezado a reconocer que, tal vez, aquí haya mucho más futuro del que parecía.

Como siempre, es el inversor el que debe analizar todos los factores que pueden influir en el precio y en la evolución de estos activos. Si no entiende lo que compra, no lo haga. Y si lo entiende y lo hace, sea responsable, como debiera serlo en otro instrumento cualquiera. De momento y pese a todo, el bitcoin sigue sobreviviendo al tan anunciado criptoapocalipsis.

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