¿Inviertes peor que tus hijos?

Los hijos se moverán en un entorno cambiante de altas posibilidades que, bien gestionadas, podrán abrirles un nuevo mundo de posibilidades

Foto: Foto: Reuters.
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Pese a que han transcurrido ya nueve años desde el inicio del mercado alcista de acciones en Estados Unidos, resulta que un 55% de la población no ha tomado posición alguna y se ha quedado fuera. De facto y como se deduce de un informe de Edward N. Wolff, el 10% de las familias más ricas de aquel país tenían el 84% de las acciones hace un año. En 2001 ese porcentaje era del 77%. Si miramos a las clases medias, solo un 27% de aquellas contaban con valores por más de 10.000 dólares. Wolff achaca a las burbujas del 2000 y del 2008 ese mayor miedo de ciertas partes de la población, con respecto al no haber tomado riesgo y permanecer fuera de las aún bolsas alcistas. La riqueza les ha venido del lado inmobiliario mientras que, para los más ricos, esos activos solo representan un 8% de su riqueza total.

Si analizamos ahora las franjas de edad y utilizando otro informe de Bankrate, solo un 33% de la población entre 18 y 35 años afirman estar invirtiendo en acciones o fondos de inversión de todo tipo (ETF incluidos). Considerando solo a los más jóvenes (18-25 años) el porcentaje baja hasta el 18%. Si tomamos la generación anterior (sus padres) resulta que el porcentaje de los que invertían era del 51%.

Sin embargo y entrando en materia, la generación Y o también llamados 'millennials', están demostrando que tienden a tomar mayores riesgos que sus padres. Y en este comportamiento se puede estar cruzando la delgada línea que separa la inversión de la especulación, encontrando un ejemplo claro en lo que está sucediendo con los criptoactivos. Los “millennials” están abriendo posiciones puramente especulativas en esos instrumentos y los prefieren muy por delante de la inversión en acciones. Sus padres, sin embargo, tienen en el mercado tradicional de acciones su principal foco de atención.

Esta forma de actuar puede presentar peligros adicionales futuros, que están llamando la atención de la industria. Bajo la idea del FOMO (miedo a quedarse fuera) en un mercado de altas rentabilidades potenciales, no se calculan los peligros de ciertas tomas de posiciones que exponen a riesgo el capital y que pueden tener consecuencias futuras. La principal y más preocupante, es que se termine por confundir el hecho de invertir con el de apostar como si de un casino se tratase. Eso implicaría salir mal del mercado y bajo esa idea errónea, no promover el ahorro como base de los recursos futuros. El que ésta parte de la población, que llega ahora al mercado, se haya graduado en un momento de recesión económica (2008/2009) y no crea en el sistema tradicional, les lleva a aceptar sistemas que no recaen sobre la confianza en terceras partes y, sobre todas, en los criptoactivos. Como detalle comentar que un 42% de los 'millennials' de Estados Unidos tienen conocimiento de la existencia del bitcoin (BTC). Por el contario, solo un 15% de sus padres saben de qué estamos hablando. Para éstos últimos, el mercado de acciones les da mayor confianza pues lo han visto evolucionar y han participado de alguna manera en él. Los sistemas centralizados les reportan mayores garantías de forma general.

En nuestra mano está ahora que adquieran la mayor formación financiera, para que así sean capaces de llevar a cabo una buena asignación de recursos

En este contexto, los padres invierten mejor que sus hijos y cuentan con una estrategia más seria. Sin embargo, los más jóvenes están expuestos a un entorno totalmente cambiante, con aparición de tecnología disruptiva de la que sus padres no participan en masa. Eso provoca el apetito por el riesgo y la mayor tolerancia al mismo. Un ejemplo claro puede verse en el tipo de inversor que ha participado en mayor medida en las acciones de crecimiento. Los 'millennials' entienden y usan modelos de negocio como el de Facebook, Amazon o Netflix. Sus padres prefieren acciones más clásicas que reparten dividendos y cuya estructura empresarial comprenden. Sin embargo, colocados de forma incorrecta, esa mayor disposición al riesgo puede acarrear también fuertes pérdidas si se toman activos incorrectos sin conocimiento.

Así las cosas y pese que a día de hoy parece que los padres cuentan con mayor estrategia de inversión, nuestros hijos se moverán en un entorno cambiante de altas posibilidades que, bien gestionadas y en el sitio correcto, podrán abrirles un nuevo mundo de posibilidades. En nuestra mano está ahora que adquieran la mayor formación financiera, para que así sean capaces de llevar a cabo una buena asignación de recursos, y sepan diferenciar la sana y necesaria inversión de la especulación.

De Vuelta
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