El absurdo de no poder pagar con tarjeta

Sábado por la mañana en un centro de deportes de Madrid. Terminas tu partida de tenis y te diriges a recuperar la energía consumida en el bar del recinto

Foto: Tarjeta de crédito.
Tarjeta de crédito.

Sábado por la mañana en un centro de deportes de Madrid. Terminas tu partida de tenis y te diriges a recuperar la energía consumida en el bar del recinto. Al pagar, resulta que no aceptan tarjeta para importes inferiores a los 10 euros. Llegas al aeropuerto de Barajas AS y, pese a que por ordenanza municipal es obligatorio que el taxi ofrezca ese tipo de pago, tengo que perder hasta 4 turnos para finalmente poder subir a un coche que sí me permite utilizar la visa. Vamos a tomarnos unos helados al centro de la ciudad en plena zona turística de la capital, y termino saliendo en busca de un cajero para poder pagar pues, de forma incomprensible, no aceptan el pago con tarjeta. Como se te ocurra intentar pagar con el móvil, ya ni te cuento.

Un absurdo que pese a los 75 millones de plásticos emitidos en España y a las previsiones que apuntan a que, en 2018 deberían ser casi 2 millones de españoles los que paguen con su dispositivo móvil por un importe de unos 600 millones de euros, la realidad nos obliga a aceptar.

Pago móvil
Pago móvil

Hace un tiempo, ya comentaba en base a un estudio de 2017 del BCE sobre la utilización del efectivo en Europa, que la realidad demostraba que el 79% de todas las operaciones realizadas en los puntos de venta, se están haciendo en cash y representan el 54% del total valor transmitido. El pago con tarjetas solo acumula un 19% del total y un 39% del valor.

Cuota mercado pagos
Cuota mercado pagos

Datos que se ven confirmados si atendemos a otro estudio algo más reciente, esta vez del Banco Nacional Suizo(SNB), donde resulta claro que el efectivo es el medio preferido de pago y, como dato curioso, un europeo lleva de media en el bolsillo unos 60 euros. Los alemanes, colocados en el puesto primero, superan los 100 euros.

Suiza pagos
Suiza pagos

Pese a que no debería existir connotación negativa alguna al transar con efectivo, el tener que hacerlo de forma forzada para poder comprar el bien o servicio, sí me resulta ciertamente incomprensible en un entorno cada vez más digital. Me comentaba un lector que habría que analizar el impacto, a nivel de comisiones bancarias, de lo que supone para esos pequeños comercios (sólo un 65% de ellos cuentan con pasarelas de pago) el uso de tarjeta.

Si atendemos al informe anterior del BCE, el 75% de las transacciones que se llevan a cabo con efectivo son por importes inferiores a los 20 euros. Bajando más al detalle, el 53% del total no llega a los 10 euros. En ese contexto y dada la normativa que regula las comisiones de los bancos vigente desde hace ya varios años, para esos importes menores a 20 euros se debería cobrar el 0,2% para crédito y el 0,1% para débito. Es decir, 0,04 euros por cada 20 pagados en el peor de los casos. Sin querer menospreciar la cantidad resultante, me temo que la pérdida del potencial cliente que deja de consumir en el bar del campo de tenis (por seguir con mi caso) es mayor que el importe a pagar por esa comisión. Si bien hay que considerar la existencia de cuotas mensuales, los importes vuelven a ser discretos y a poco que el cliente tenga algo de poder de negociación, hablamos de cifras mínimas.

Y mientras aquí algunos nos sorprendemos por esta falta de evolución, otros países avanzan a ritmo de vértigo. En China, por ejemplo, el efectivo en la zona urbana se está quedando obsoleto y el 40% de la población lleva menos de 13 euros equivalentes en el bolsillo. El volumen de pago móvil era, el año pasado, 50 veces mayor que el de Estados Unidos. Y de los 725 millones de usuarios de dispositivo móvil (datos a junio de 2017), el 35% ya lo utilizaba de forma habitual, porcentaje que ya supera a los que pagan con tarjeta (30%).

En Suiza hace ya unos años que se iniciaron pruebas con microchips (RFID) implantados a humanos. Se han realizado pruebas para activar determinados mecanismos, a modo de scanner para acceder a edificios, para reconocer ciertos gestos como el de encender el coche, cerrar puertas o apagar las luces. Y ahora se está trabajando sobre este tipo de implantes para ser una de las formas de pago del futuro.

Así las cosas y mientras estamos asistiendo a cambios generacionales importantes, mayor valoración de la satisfacción del consumidor, implantación mundial de los pagos móviles y el desarrollo de nuevas tecnologías que traerán nuevas soluciones, el dinero en efectivo tiende a desaparecer pese a que, en nuestro caso, tardemos uno tiempo más que el resto del mundo y tengamos que salir de vez en cuando, en busca de un cajero automático.

De Vuelta

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