¿Sabrá Zapatero que un café cuesta dos millones?

El impacto de la inflación sobre Venezuela es obvio, perdiendo calidad de vida al mismo ritmo que sube la inflación y viendo cómo ahorros e ingresos valen cada vez menos

Foto: Una taza de café. (iStock)
Una taza de café. (iStock)

Me temo que no. Dudo que el expresidente sepa que necesita dos millones de bolívares para poder pagar, en caso de que lo encuentre, un café con leche en Caracas. Para ello deberá entregar (al momento de escribir estas líneas) unos 20.000 billetes de 100, el más utilizado del país. Hace dos años el precio no llegaba a los 500 bolívares, en verano de 2017 se necesitaban cerca de 2.300 y hace solo seis meses, unos 45.000. Estos datos salen del índice creado por Bloomberg que monitoriza la variación del precio de un café con leche en una panadería de la capital de Venezuela. Dada la inexistencia oficial de un índice de inflación del país real, la creación de este indicador permite un acercamiento simple para tener una mera referencia sobre la evolución de los precios. Cierto que no es un índice al uso y que en un país 'normal' no valdría de mucho, pero en este caso cuenta con ciertas características como la de estar establecido sobre un bien tangible, que se mide periódicamente y se calcula sobre un producto de consumo diario, lo que nos vale como indicador a pie de calle de la evolución de la inflación.

Pero si lo pasamos ahora a dólares tomando como fuente la tasa DolarToday en una especie de mercado negro, los dos millones no llegarían a 0,50 USD. Sin entrar en polémicas sobre esa conversión y teniendo en cuenta que el mínimo salario oficial del país no alcanza los seis millones, éste daría para unos tres cafés al mes, dejando claro los efectos devastadores de la hiperinflación que sufre el país. Las consecuencias de imprimir moneda, sin estar correspondida por el mismo aumento de la cantidad de bienes y servicios en la economía, provocan estas situaciones devastadoras para la población.

El profesor Philip Cagan, en un artículo publicado en 1956, estableció la cifra a partir de la cual se considera la existencia de hiperinflación, en una tasa de inflación que supere el 50% mensual. Si lo calculamos de forma anualizada, hablaríamos de un 13.000% al año. Para Venezuela, el IMF proyecta para fin de 2018 una inflación porcentual de un millón lo que indicaría que, a los datos de inflación actuales, los precios se doblarían cada 18 días.

En esta situación los efectos dramáticos son claros: una barra de pan, por ejemplo, sufre cambio de precios en la panadería varias veces al día, la población invierte su dinero en bienes de consumo duradero a fin de preservar el poder adquisitivo y, por citar solo unos pocos efectos, se termina por dolarizar la economía.

Hasta el bitcoin (BTC) ha visto como se doblaban las cifras de negociación en un mes, en una clara búsqueda de una alternativa que proporcione cierta reserva de valor. Si un venezolano ha comprado BTC en su máximo histórico cerca de los 20.000 USD de enero de 2018, resulta que hoy pese a que la criptomoneda cotiza a 6.100 USD, su posición en bolívares es muchísimo mayor a la de principios de año. Si la hiperinflación continua, y ante la ausencia de otras alternativas, el grado de adopción del BTC en ese país no dejará de aumentar.

En estas situaciones, se pierde el control total de la política monetaria y la moneda local deja de tener valor alguno. El impacto sobre la población es obvio, perdiendo esta calidad de vida al mismo ritmo que sube la inflación y viendo cómo tanto ahorros como ingresos valen cada vez menos. A día de hoy, el salario mínimo del país no basta para comprar un kilo de pollo o un cartón de 30 huevos (utilizando el cambio en el mercado negro) y el futuro inmediato no pinta mejor. Curiosamente, a un precio de 0,01 USD el litro de gasolina el oro negro es infructífero allí.

Así las cosas y tomando como referencia el precio del café con leche así medido, la inflación anualizada resultante del 86.857% está generando mayor pobreza y provocando que, pese a estar frente a un país rico en petróleo, el 87% de su población sea a día de hoy oficialmente pobre. En este contexto, convendremos que contar con un mercado de criptomonedas ha ayudado a unos cuantos a sortear el actual colapso del modelo económico venezolano, y viendo cómo el gobierno sigue financiando el déficit con dinero inorgánico, mucho me temo que este proceso no ha hecho más que empezar.

De Vuelta

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