¿Terminaremos pagando por tener dinero en el banco?

En un entorno donde los tipos de interés están en cero ¿qué capacidad real (herramientas) tendrán los bancos centrales si se produce una recesión?

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El BCE, para que los bancos europeos puedan depositar ahí sus excedentes de liquidez, aplica una tasa del 0,4% desde hace varios años. Nosotros, como clientes de los bancos, hemos visto aumentar las comisiones por mantener una cuenta bancaria hasta cantidades que llegan, en algunos casos, hasta los 200 euros por ejercicio, y los más de 800.000 millones de euros que los españoles aún mantienen en cuentas y depósitos bancarios, se retribuyen prácticamente al 0%.

En un entorno donde los tipos de interés están en cero y no parece sufrirán cambio significativo alguno, una de las discusiones que en medios económicos se plantean con creciente insistencia, versa sobre la capacidad real (herramientas) que los bancos centrales tendrán para enfrentarse a una posible recesión.

Tras la crisis financiera de 2008, se inició un proceso de reducción de tipos a nivel mundial que ha llevado a muchos países a alcanzar y mantener tasas cercanos al 0%. Alcanzado el llamado “límite inferior nominal cero” (ZLB), se produce una trampa de liquidez y se limita la capacidad del banco central para impulsar el crecimiento económico. Históricamente y ante escenarios de recesión, hemos asistido a un recorte de tipos de interés como medida monetaria (entre otras) de unos 5 puntos porcentuales, con el objetivo último de estimular la economía. A día de hoy, y tomando como base los países de la OCDE, solo Islandia, México y Turquía dispondrían de ese margen de maniobra.

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Si un banco central coloca los tipos en negativo, el impacto en los bancos comerciales sería inmediato, pues de traspasar esos intereses a los depósitos (nos cobrarían por nuestro dinero) la reacción sería la de convertir a efectivo todo lo disponible. Lo mismo sucedería con los tenedores de bonos si las tasas fueran negativas (por encima del coste de mantener el cash). Este riesgo de sustitución del dinero electrónico (cuentas y depósitos) por cash, es lo que mantiene la existencia de ese ZLB o “límite inferior nominal Zero”.

Esa situación se produciría salvo que, el dinero en efectivo se redujera tanto (hasta un uso residual) que los tipos de interés pudieran ser muy negativos sin impactar en la economía. En este supuesto y, por ejemplo, ante la necesidad de tener que reducir los tipos hasta el -5% para afrontar una recesión severa, el depositante que actualmente está retribuido al 0%, pasaría a tener que pagar un 5% por mantener su dinero en el banco. La consecuencia lógica de una situación de ese tipo, sería la de incrementar el gasto, pasar a consumir más, se estimularía la demanda y se incentivaría la inversión, provocando entonces el ansiado regreso al crecimiento económico. Un documento de trabajo del FMI publicado el año pasado trata este tema y plantea una forma posible de acometerlo.

Con los tipos al 0, ¿cómo maniobrarán los bancos centrales ante una recesión?

Según ese planteamiento, la masa monetaria se podría dividir en dos monedas diferentes; el efectivo y el dinero digital o electrónico. Este último se renumeraría al tipo oficial, y el cash tendría un tipo de cambio contra aquel. Bastaría que el banco central dejase que dicha tasa de conversión del efectivo en digital se depreciara, en línea con la reducción del tipo de interés del dinero electrónico (negativo), para que el cash se fuera reduciendo en términos del electrónico. La ventaja de disponer de efectivo desaparecería, y el banco central podría reducir la tasa oficial tanto como fuera necesario, y así afrontar la recesión sin plantear el problema del impacto del 'cash'. La propuesta concluye que los comercios fijarían los precios de los productos en las dos monedas, el efectivo perdería valor en término de bienes y del dinero electrónico y, al final, se llegaría a la situación en la que mantener ese cash no representaría ventaja alguna sobre el otro. De este modo y con ese sistema monetario, se liberaría a la política monetaria de su tipo inferior cero, pudiendo ejecutar reducciones de tipos de interés a tipos negativos. Obviamente, serían necesarios cambios profundos de las cuestiones relativas a la ley monetaria y se tendría que poner en coherencia con el marco jurídico del FMI.

Así las cosas y ante la necesidad de plantear qué medidas podría aplicar un banco central para hacer frente a una posible recesión, a otras soluciones propuestas como la de aumentar el objetivo de inflación, se le podría unir este sistema de moneda dual que, contando con una buena comunicación, podría utilizarse de forma puntual y reversible en caso de crisis. La tecnología lo permite desde hace mucho tiempo y, en un plazo no muy lejano, capaz que nos toca ver tasas negativas de cierta magnitud.

De Vuelta
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