Vender o no vender, esa es la cuestión

La política monetaria aplicada por la Reserva Federal, la guerra comercial de Donald Trump y la bien alimentada burbuja han llevado a los principales índices de Wall Street a máximos

Foto: Un operador de bolsa en Wall Street. (Reuters)
Un operador de bolsa en Wall Street. (Reuters)

Hasta la fecha y pese a los altibajos experimentados en el camino, la combinación de las llamadas 'Powell Put' y 'Trump Call' han dejado vía libre para que el S&P500 se coloque en máximos históricos. La política monetaria aplicada por la Fed, la guerra comercial que el presidente decidió explotar, la evolución de la economía y el mantener bien alimentada, pero sin que llegue a explotar (todavía), la “burbuja de todo tipo de activos”, han sido las herramientas, argumentos y riesgos que explican tal evolución de cotizaciones.

Pero son muchos los que ya se plantean si, esa mezcla hasta la fecha efectiva, de todos esos ingredientes es sostenible a medio plazo a estas alturas del partido. Alertaba el Bank of America de los peligros de tener, de un lado a Trump volcado en la guerra comercial cuando los datos de crecimiento económico no son tan positivos o cuando las bolsas caen y, de otro, a la Fed siguiendo una especie de gestión del riesgo, donde se intenta mantener el crecimiento con inflación controlada, al tiempo que, se observa y actúa de forma que los mercados de acciones y bonos no adolezcan del mal de altura y corrijan más de la cuenta.

En ese sentido el juego de tensionar al máximo las expectativas, el primero con amenazas de extensión del conflicto comercial y, la segunda no asumiendo (inmediatamente) los deseos de reducción de tipos, ha marcado los últimos fuertes movimientos de finales de 2018 y los de estos meses de mayo y junio. Esta situación crea, en los participantes del mercado, esa sensación de tener siempre las espaldas bien cubiertas y, en ese sentido, invita a poder asumir mayor riesgo a coste teórico cero. De este modo, se ven montos de grandes dimensiones en ciertas posiciones (tanto de renta fija como de renta variable) que, de incumplirse las expectativas, pueden provocar uno de eso llamados riesgos de liquidez y la trampa en los mercados que generen, al final, un riesgo de cola.

La pregunta pasa por saber si es mejor que se acometa un recorte de tipos significativo, o un acuerdo comercial satisfactorio para Trump. Y el riesgo, sabiendo que las elecciones en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina, es que se siga prolongando esta situación y, con ello, la gran burbuja de todos los activos. De momento y para la reunión de este mes, el 70% del mercado asigna ya una reducción de 0,25 puntos en los tipos. Para diciembre, la referencia podría quedar entre los 125-175 para más del 50%.

En ese contexto y en la continua búsqueda de rentabilidad, la eterna discusión de si hay que diversificar y salir de Estados Unidos y abrirse a otros mercados, sigue copando mucha narrativa en el sector. Aplicar la teoría de los ciclos es, para muchos inversores, interesante y oportuno en el momento actual. Si observamos el siguiente gráfico de comportamiento de las bolsas de EEUU contra el resto de mercados internacionales, medidos por el MSCI ex USA y en base a la teoría comentada, la historia podría estar sugiriendo que el cambio podría estar ya muy cerca. Desde 1970 y tomando la rentabilidad de uno contra el otro, resulta que la media de esas situaciones ha sido de 7,4 años. Es decir, durante esos periodos un mercado lo hace mejor (en términos de rentabilidad) que el otro. A día de hoy, han transcurrido 8,1 años donde las bolsas norteamericanas lo han hecho sensiblemente mejor que el resto.

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¿Quiere esto decir que el mercado sigue dando oportunidad de inversión? ¿es momento de hacer ese cambio de Estados Unidos a otras bolsas con mayor potencial y menor valoración? Todo dependerá del perfil de inversión, del plazo y de los objetivos marcados dentro de la estrategia de cada uno.

Pero los peligros no se pueden obviar y uno debe ser consciente de ellos. Además, mientras que en los momentos alcistas del S&P la correlación con por ejemplo Europa, ha sido baja y ésta última no se ha movido de la misma forma, en caso de correcciones del primero mucho me temo que esa correlación sí se comportará mucho mejor y veremos cómo aquella se eleva.

El primero de esos problemas viene de la posible ruptura de ese anterior “collar” entre Trump y la Fed. La alta iliquidez del mercado y las grandes posiciones abiertas pueden, en un momento como el vivido en el último trimestre de 2018, provocar fuertes movimientos y un efecto cadena. En segundo lugar, no podemos olvidarnos de la deuda y el impacto en la economía. Los altos niveles alcanzados generan que el crecimiento económico se verá afectado (tarde o temprano) tan pronto esa deuda tenga que ser devuelta.

La liquidez del mercado y las grandes posiciones abiertas, como ya ocurriera a finales del año 2018, pueden provocar movimientos y un efecto cadena

Las expectativas de crecimiento a largo plazo, pese a que no marcan aún recesión, señalan crecimientos mediocres del entorno del 1,9%. Lo vivido en los bonos no es un tema menor. Si en noviembre de 2018 los tipos a 10 años en Estados Unidos estaban por encima del 3,2%, verlos hoy por debajo del 1,85%, ofrece señales muy claras del momento económico en el que nos encontramos y de hacia dónde vamos. Esta situación de caída de los tipos a largo, se está viendo en casi todo el mundo al abrigo de las menores expectativas de crecimiento globales. En tercer lugar, y pese a tener un S&P500 subiendo un 18% en el año, hay un dato que no puede pasar desapercibido.

La recompra de acciones experimenta, por primera vez en siete trimestres, caídas en este Q1 de 2019. Enmarcadas dentro de la nueva “ingeniería financiera”, las grandes cantidades de 'cash 'disponibles de las empresas, en un momento de sobrecapacidad, llevó estas cifras de recompras a máximos históricos. A esta situación, se le unió el pago de dividendos que también ha alcanzado records no vistos antes. Y el problema radica en las causas de este descenso que, como en el caso de los bonos, puede estar tras un descenso de expectativas. En este caso, sobre proyecciones de beneficios que marcan un descenso del 2,6% para el Q2 y de un 0,5% para el Q3. De cumplirse, serán 3 trimestres en descenso. En ese entorno, las empresas deciden “reservar” su 'cash' para lo que pueda venir.

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Así las cosas y pese a que los inversores siguen apostando por la protección de la Fed, no podemos dejar de vigilar las expectativas y su impacto en las bolsas. De momento, la vía libre a nuevas alzas o consolidación, parece lo lógico. Sin embargo, en el momento en que se ponga en duda ese soporte de la Reserva Federal y el descenso de los tipos, los problemas mencionados y la baja liquidez, pueden terminar por provocar un movimiento no previsto por muchos. Es tiempo de saber nadar y guardar la ropa.

De Vuelta
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