¿Camino a un suicidio colectivo?

En el ámbito financiero, similares mitos y desarrollos fantásticos generan falsas perspectivas de inversión que terminan provocando pérdidas en la colectividad inversora

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Los lemmings son un tipo de roedores que viven en el norte del continente americano y en algunas zonas de Eurasia. Popularizados gracias a un documental de Disney que ganó el Oscar a la mejor película de ese estilo en 1959, ayudó a potenciar un viejo mito que decía que cada pocos años, hordas de lemmings cometían una especie de suicidio colectivo lanzándose al océano desde lo alto de unas montañas. Esto sucedía cuando su población se veía incrementada hasta niveles no sostenibles, en una suerte de instinto grupal por mantener a salvo la manada. Imaginar que la colectividad puede llegar a sacarificarse de esa forma por la mayoría es, cuando menos, emocionante y digno de ser contado a las generaciones venideras.

Sin embargo y contra lo que dice la fábula, resulta que los lemmings no se inmolan de forma voluntaria y que ese comportamiento responde a temas conductuales. Cuando el número de los roedores crece demasiado, se produce una migración natural donde, por el camino, algunos de los componentes de la manada perecen ahogados al cruzar ríos o lagos. Y si este tipo de leyendas se prolongan en el tiempo es, entre otras caudas, gracias a la manipulación que de ellas se hace. En concreto y según una investigación realizada en 1983, se descubrió que el mito de los lemmings de Disney era totalmente falso, y se trataba de un cruel montaje amañado por los productores del documental.

En el ámbito financiero, similares mitos y desarrollos fantásticos generan falsas perspectivas de inversión que terminan provocando pérdidas en la colectividad inversora. Igual que se cree en la historia de los lemmings, se termina creyendo en los consejos y recomendaciones de analistas y bancos de inversión. Curiosamente, para 2019 el consenso marcaba un objetivo medio de precios del S&P500 sobre los 3000 puntos. Este tipo de suerte favorece que el mito de que, efectivamente, hay que confiar en el sistema y permanecer en mercado, es lo más sensato y rentable. Además, ya hemos empezado a ver como Wall Street empieza a echar más leña al fuego en ese afán de mantener la leyenda viva. Goldman Sachs acaba de revisar al alza su previsión para el S&P 500, fijando el objetivo anual en los 3100 puntos. Para 2020, el índice alcanzará los 3400. Hay que estar expuestos, de forma selectiva, a sectores cíclicos como el de transportes y, por el contrario, toca aligerar posiciones en salud.

Pero, como sucede en el caso de los lemmings, la historia no es del todo real. Publicaba David Dreman, que el 59% de las previsiones de consenso de Wall Street fallaban (arriba o abajo) en más de un 15% sobre los valores indicados. Entre 1973 y 1993, de las 80000 estimaciones lanzadas al público, solo 1 sobre 170 se quedó a un 5% del número real. Según James Montier, en el año 2000 los objetivos de precios se situaban un 37% por encima del valor de partida para, finalmente, terminar un 16% por debajo. En 2008, la previsión media era de alzas del 28% y el mercado cayó un 40%. Michael Sandretto de Harvard y Sudhir M. del MIT descubrieron que, sobre las 1000 primeras compañías más seguidas, los analistas eran consistentemente inconsistentes, perdiéndose un 31% de media anual sobre el mercado. El mito volvía a caer.

Así las cosas, los peligros actuales radican en que llevados por nuestro sesgo confirmatorio, terminemos formando parte de la muchedumbre camino a un posible suicidio colectivo cegados por la promesa de mayores rentabilidades. En un entorno de máximos anuales para los índices norteamericanos, donde la Fed baja tipos con tasas de desempleo del 3,7%, mientras estamos inmersos en la más larga expansión económica de ese país (121 meses), donde todos los activos suben (desde el 6% de los bonos hasta el 29% del petróleo pasando por el 24% del Nasdaq o el 10% de los bonos basura), donde tenemos al euro en su nivel más alto contra el dólar de 2 años y donde el precio de la vivienda en US alcanza nuevos máximos, ¿qué puede salir mal?

De Vuelta
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