Ahorrar para la educación de su hijo: la mejor inversión para 2020

Por si no bastara con todo lo demás, hay que añadir la reserva que debemos crear y gestionar para financiar los costes de educación de los hijos en sus diferentes etapas

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

Me comentaba el otro día un responsable de gestión patrimonial cómo, a la hora de realizar los cálculos de cuánto deberíamos ahorrar para intentar asegurar un futuro económico suficiente, esa cifra había aumentado de forma considerable en las últimas décadas. Por si no bastase planificar e intentar ejecutar una estrategia de acumulación de aquellas cantidades necesarias destinadas y objetivo de la jubilación, o las previstas para afrontar un entorno de mayor longevidad en el que nos moveremos (aquí se incluyen las derivadas de un mayor gasto en salud o dependencia hasta, por ejemplo, estar financieramente preparados para acometer aquellos gastos de reciclaje y actualización que, como profesionales de cualquier sector y tipo, necesitaremos acometer para poder continuar o mejorar nuestras largas carreras laborales), hay que añadir además la reserva que debemos crear y gestionar para financiar los costes de educación de los hijos en sus diferentes etapas.

Y es que la desigualdad social, en todos los ámbitos, es cada vez mayor en todo el mundo, y como ya comenté hace un tiempo, las cifras son realmente alarmantes incluso fuera de esos casos. Y todo empieza, por buscarle parte de la explicación y un posible punto de partida (que no el único), por el colegio y la universidad a los que van sus hijos. Lamentablemente, llevar (o ayudar) a nuestra prole a un centro u otro tiene implicaciones de largo plazo brutales, no generándose las mismas oportunidades a partir de todos ellos, y dejando claro el fallo de las políticas sociales activas al respecto.

Partiendo del caso norteamericano y antes de revisar la situación en España, es muy interesante observar algunas grandes magnitudes económicas. Utilizando datos del año pasado, entre 1988 y 2018, el gap entre los ingresos de las familias situadas en el 20% de menores recursos y las colocadas en el 'top 20%' de la zona alta no ha dejado de aumentar, resultando en un incremento de los ingresos totales de un 12% en ese tiempo para las primeras, mientras que, para las más ricas, el aumento ha sido del 51%. De este modo, y analizando mejor los datos, tenemos que los ingresos del 20% de las familias más ricas de ese país fueron 3,3 veces superiores a los del 20% de la clase media más alta (261.000 vs. 78.970 USD). Así mismo, comparando esa clase media con el 20% de la baja más alta, vemos que la diferencia fue 3,9 veces mayor en el primer caso (78.970 vs. 20.380 USD).

En las últimas tres décadas, los precios universitarios se han triplicado y más que doblado en el resto de centros de educación previa. Una de las consecuencias de esta situación es el importante aumento de la deuda estudiantil, muy utilizada en Estados Unidos, y fuente de problemas futuros. El monto total de esa magnitud en 2019 ascendía a más de 1,41 billones de USD, un 54% de los estudiantes había incurrido en ella, la cifra media solicitada era de unos 35.000 USD, dejando a un 14% de adultos endeudados y alcanzando casi el 11% el importe con mora mayor a 90 días.

¿Por qué es importante la calidad de la universidad a la que irán nuestros hijos?

En un artículo publicado por el banco de la Reserva Federal de St. Louis al respecto, se constata cómo existe una correlación muy alta entre acudir a un centro universitario de 'alta calidad' y las notas e ingresos futuros que nuestro hijo obtendrá. Se entiende por 'alta calidad' a las calificaciones medias que los alumnos sacan según el sistema de puntuación SAT estadounidense. Para demostrar este efecto, se realiza un estudio entre alumnos que entraron en la facultad en los ochenta ('baby boomers') y en los dos mil ('millennials') y se sigue su evolución.

En este análisis, se dividen en cuatro grupos los distintos centros. El tipo 1 engloba a los llamados 'community college', que tienen admisión más fácil y son una alternativa popular para los dos primeros años de carrera. El tipo 2 recoge las universidades con peores puntuaciones según la media del SAT. El tipo 3 se refiere a las puntuaciones medias, y en el tipo 4 se meten las universidades donde mejores notas se obtienen. A la hora de comparar notas de graduación y los salarios que se obtienen en el futuro, objeto final del estudio, también se intentan homogenizar las aptitudes (mediante sus correspondientes test) en los diferentes centros.

Los resultados son brutales. En el caso de los 'baby boomers', el estudio muestra cómo la probabilidad de que un alumno se gradúe aumenta un 50% en el caso de seleccionar la universidad de mayor calidad frente a seguir un camino de centros de menor resultado formativo. En el caso de los 'millennials', seleccionar una universidad del tipo 3 o 4 genera una probabilidad media del 63% de recibir la graduación que si toma el camino del resto de tipos de centros. Los gráficos siguientes muestran esas tasas de finalización de los estudios por centro seleccionado. El gráfico de la izquierda toma aquellos estudiantes con menores notas de aptitud y el de la derecha, el de las mayores calificaciones. Las diferencias así calculadas son muy considerables entre los distintos centros.

Si analizamos ahora los costes, resulta que las diferencias de ir a una universidad u otra no son menores. Se necesitan, según datos de 2019, unos 12.000 USD anuales en el caso de facultades públicas de dos años, y unos 21.000 en caso de centros de cuatro años en el mismo estado. En el caso de universidades privadas, hay que destinar unos 48.000 USD.

Según datos de la Seguridad Social de aquel país (SSA), la acumulación de rentas en función del título académico es claramente mayor para los que finalizan los estudios universitarios. De ese modo y a lo largo de la vida, los ingresos medios generados por estos últimos superan, comparados con los ingresados por graduados básicos, los 900.000 USD.

Del mismo modo, se ha comprobado cómo los hijos de familias con ingresos superiores a los 200.000 USD anuales obtienen notas superiores que aquellos con rentas inferiores. En concreto, y según lo obtenido bajo el test SAT, los primeros sacan una nota media combinada de 1.714 puntos, frente a los 1.326 de los segundos. Aquellos estudiantes de familias con ingresos inferiores a los 20.000 USD eran los que obtenían peores puntuaciones.

En el caso español, diferentes estudios han puesto de manifiesto la existencia de grandes desigualdades sociales, económicas y formativas en nuestro país. Desde datos que muestran cómo el 52% de las personas de clase social alta tiene título universitario, frente al 14% de las clases más bajas, hasta, por ejemplo, cómo el 46% de los que acceden a puestos directivos tiene orígenes sociales más privilegiados, frente a solo el 17% de quienes los alcanzan desde niveles inferiores. Las rentas también muestran esas brechas, ganando de media el doble los que vienen de estratos sociales más altos que los bajos. De esta forma, el que tiene mayores estudios alcanza, de media, mayores ingresos económicos futuros. Y eso viene determinado por dónde cursas tus estudios y por la calidad del centro en cuestión.

Así las cosas y por sacar algunas conclusiones, en esa planificación de futuro deberemos (si no lo hemos hecho ya) empezar a destinar una parte del ahorro para una mejor formación de los hijos. Teniendo en cuenta que estos son los que más tarde se emancipan de Europa, que se colocan (de media) entre los que peores notan sacan y que todo proceso de mejora social pasa, en función de los datos anteriores, por buscar la mejor y mayor calidad formativa, mucho me temo que, un año más, nos toca acumular fondos para financiar el futuro de nuestros hijos.

De Vuelta
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios