Cuando el caos en las bolsas te pilla cuidando de tus hijos

A día de hoy, estamos ante el movimiento descendente más rápido de toda la serie histórica. La respuesta, del lado de los Bancos Centrales no se ha hecho esperar

Foto: Una familia aplaude desde la ventana de su casa la labor de los médicos y sanitarios por la crisis del coronavirus. (EFE)
Una familia aplaude desde la ventana de su casa la labor de los médicos y sanitarios por la crisis del coronavirus. (EFE)

Nunca antes un mercado bajista me había sorprendido en casa y, mucho menos, estando al cuidado de mis hijos. Mientras mi mujer ejerce de profesora del mayor, nueva actividad que esta cuarentena nos ha generado, el Ibex 35 ha marcado la mayor caída de su historia en un día (14,06%) y el Dow Jones ha perdido casi todo lo ganado desde la llegada de Trump, yo me encuentro preparando la merienda de la pequeña.

Tras 11 años de ciclo alcista, un 13% de tasa de crecimiento anualizado de resultados y un 16% de revalorización anual (de pico a pico) del S&P500, el Covid-19 ha sido el catalizador que ha terminado con ese mercado, recordando a muchos inversores que la rentabilidad nunca es gratis. De repente, éste se ha encontrado inmerso en un entorno donde la volatilidad ha alcanzado los peores momentos de 2008 y está asistiendo, atónito, a una intensidad de caídas en las bolsas mundiales nunca antes visto. A día de hoy, estamos ante el movimiento descendente más rápido de toda la serie histórica.

Mientras esto sucede, los casos reportados de infección del virus se extienden por todos los continentes, de país en país y de localidad en localidad, estando la situación lejos de control alguno. Esto está obligando a llevar a cabo cuarentenas a gran escala y por periodos que no serán cortos (el caso de Wuhan sirve de referencia), provocando la restricción de la actividad económica, el parón total de sectores como el de las aerolíneas o el turístico, y la destrucción de la confianza del consumidor. Esta situación ha generado un 'shock' de oferta y de demanda sin precedentes que, de agravarse, puede provocar una depresión financiera mundial. A día de hoy, la probabilidad de una entrada en recesión mundial es elevada, escenario que están descontando las bolsas.

La respuesta, del lado de los Bancos Centrales no se ha hecho esperar. Hace poco menos de una semana, la FED anunciaba el mayor paquete de estímulos desde la Gran Recesión, y a medianoche del miércoles, el BCE anunciaba un nuevo plan por importe de 750.000 millones de euros. El mensaje implícito de estas acciones no deja dudas; la situación es muy seria y las autoridades deben hacer todo lo posible por evitar la recesión. Otra cosa es que lo consigan, pues no solo depende de estímulos monetarios, sino que habrá que acompañarlo de grandes estímulos fiscales y de ayudas, tanto a pymes como a autónomos, mucho más importantes. Peter Schiff de Europacific Capital, comentaba que nada de esto iba a funcionar. “Estamos en el inicio de la mayor crisis en toda la historia de los Estados Unidos y a diferencia de 2008, en esta ocasión se producirá un aumento de la inflación y una caída del dólar. El problema no es el virus, sino la gran burbuja de deuda existente”.

En este contexto, se han empezado a ver los primeros signos de capitulación. El ETF del S&P500 (SPY) experimentó esta semana la mayor salida de dinero desde octubre de 2018. Tener variaciones medias del 7,7% en las últimas siete sesiones, y experimentar la mayor caída diaria en tres décadas, puede haber terminado de mermar la paciencia de unos inversores pasivos que pensaban que, en la mínima comisión pagada residía el éxito de la inversión.

En el lado de la renta fija y tomando el ETF de BlackRock (AGG), las cosas no son distintas. Las salidas acumulan ya ocho sesiones consecutivas, en lo que es la peor racha desde su lanzamiento en 2003.

Pero no estamos frente al fin del mundo. Nos encontramos ante un cambio que, de momento, nos obliga a permanecer en casa hasta nueva orden. Y esto pasará. Las bolsas mundiales están atravesando movimientos convulsos, con variaciones diarias que no tienen antecedentes. Y también pasarán. El inversor debe ser consciente de estos eventos extraordinarios y no caer en la trampa emocional, evitando cometer errores de los que se tardará mucho tiempo en recuperar. Nunca más que ahora, contar con una estrategia, buen asesoramiento y un plan de inversión ha sido tan necesario.

Inmersos oficialmente en un mercado bajista no concluido, donde las caídas ya superan el 30% desde máximos, resulta interesante observar lo que pasó en situaciones bajistas anteriores. Se trata de obtener una referencia sobre cómo y cuánto se tardó en salir de ese entorno. Del lado positivo, y desde un punto de vista histórico (fuente datos de LPL Financial), las caídas más bruscas de las bolsas llevaron a recuperaciones también muy rápidas. Del lado negativo hay que mencionar que, si la economía mundial entra en recesión, el tiempo de recuperación será mucho más largo.

Para demostrar estas afirmaciones, se analizan los últimos 14 mercados bajistas desde 1950 para el S&P500. La media de recuperación fue de 20 meses. En los casos que se evitó la recesión, dicho periodo fue de 10 meses y de 30 en caso de entrar en recesión. La crisis de 2008 tardó 49 meses en recuperarse.

Así las cosas y ante caídas del 30% en un mes, la realidad es que las cosas pueden ir a mucho peor. Creo que es pronto para pensar que estos primeros inicios de capitulación, que el tener un sentimiento inversor muy negativo o que la prima de riesgo de mercado (Equity Premium Risk) haya subido hasta niveles no vistos ni en 2008, son síntomas que inviten al inicio de toma de posiciones. Sin embargo y con respecto a esto último, cada inversor debe ser consciente de qué prima de riesgo le pide a su inversión y actuar en consecuencia. Es de esperar la aparición de más noticias negativas, la continuidad de la volatilidad extrema y el seguir viviendo estos tiempos peligrosos que nos sorprenden y nos pillan cuidando de nuestros hijos. Pero tan pronto como el miedo alcance su pico, existirán oportunidades para aquellos inversores racionales y disciplinados que sepan aprovechar la coyuntura. Mantener el máximo efectivo posible y actuar con la máxima diligencia, son las claves del actual momento excepcional que estamos viviendo.

De Vuelta
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