¿Nos obligará el Gobierno a utilizar bitcoin?

Al final nos encontramos que pretender eliminar el 'cash' provocaría, por lo menos, problemas de privacidad y de pérdida de poder que pasaría a manos de los intermediarios financieros

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No es la primera vez que se plantea la eliminación gradual (hasta su desaparición) del pago en efectivo, como una de las medidas de prevención y erradicación del fraude fiscal. Pero al abrigo del covid-19, e impulsado ahora por la idea de evitar la transmisión del virus a través del dinero físico, el PSOE intenta acelerar tal proceso registrando en el Congreso una proposición no de Ley, encaminada a lograr la extinción del cash a medio plazo.

Una sociedad sin efectivo presenta, para aquellos que la defienden, varias ventajas; desde una reducción de los gastos operativos para muchos negocios, hasta la mejora de la experiencia del cliente, pasando por lograr una mayor seguridad derivada de la no utilización del dinero así tratado. Así mismo, se contaría con nuevas herramientas para la gestión de la economía evitando, de otro lado, el lavado de dinero y la evasión de impuestos.

Frente a aquellos, otros pensamos que el consumidor tiene derecho a escoger la forma en la que quiere pagar por cualquier bien o servicio, en función de sus necesidades o preferencias. El uso del efectivo garantiza la privacidad del usuario en materia económica, facilita la inclusión financiera de aquellos ciudadanos que no tienen una cuenta bancaria, y contribuye a que los sistemas de pago sean más competitivos. Eliminar el cash supone que el gobierno (o aquellas entidades intermedias) pueden conocer todos los movimientos económicos de los ciudadanos, pudiendo llegar a hacer un uso interesado de esa información y ejercer, de ese modo, un control aún mayor sobre el individuo.

Del lado económico, el no tener dinero en efectivo permitiría tipos de interés negativos. El ahorro de las familias medias (no destinado a inversión) se puede canalizar de dos formas principales; bien mediante efectivo, bien mediante cuentas bancarias. En el primer caso, el control es del ahorrador. En el segundo, es el intermediario financiero (el banco) quien puede utilizar a su discreción esos depósitos. En un entorno donde el cash no existiera y todo el dinero fuera electrónico, éste no se podría retirar del sistema, siendo en última instancia los ciudadanos, rehenes del sistema bancario coordinado por un banco central. Con la aplicación de tipos negativos (y la incapacidad para llevarnos a casa nuestro dinero) se estaría habilitando al sistema para expropiar la riqueza del ahorrador y que aquella pudiera ser transferida a deudores (eficientes o no) sin nuestro consentimiento. Además, se estaría incentivando a la gente a tomar deuda y asumir mayores riesgos.

Sin entrar en más detalles económicos (ya lo hice hace un tiempo en esta misma tribuna), al final nos encontramos que pretender eliminar el cash provocaría, por lo menos, problemas de privacidad y de pérdida de poder que pasaría a manos de los intermediarios financieros. Y en ese sentido, el gobierno estaría empujando, a los que no quisieran pasar por el aro, hacia el uso del bitcoin.

Nos encontramos que pretender eliminar el cash provocaría, por lo menos, problemas de privacidad y de pérdida de poder que pasaría a manos de los intermediarios financieros

El bitcoin(BTC) está configurado como un activo real digital gracias a su tecnología subyacente, es intangible, su valoración no depende de cash flows futuros, es descentralizado (no existe una entidad central), puede ser transmitido de persona a persona (P2P), no es confiscable, su sistema monetario no permite tipos de interés negativos y no existe un banco central que emita el dinero libremente, mantiene cierto grado de privacidad (existen otras criptomonedas como Monero(XMR) o Zcash(ZEC) que logran mayor anonimato), y la seguridad de la red sobre la que se soporta son algunos de los atributos que lo hacen único. Presenta una alternativa viable frente a un riesgo potencial de inflación y ha demostrado ser válido en aquellos países que han llevado a cabo controles de capitales. Tras más de 11 años de existencia, su verdadera utilidad parece centrarse ahora en su capacidad de actuar como reserva de valor, el nuevo oro digital.

Si nos obligan a pasar (aún más) por intermediarios financieros, dándoles libertad para que gestionen nuestros fondos de forma libre, nos aplican tipos de interés negativos por nuestros depósitos y pretenden controlar todos y cada uno de nuestros movimientos económicos (por si no bastará el control del resto de nuestros datos) los gobiernos estarán, irremediablemente, empujándonos a adoptar bitcoin(BTC) o aquellos sistemas alternativos.

Así las cosas, resulta inquietante que se quiera plantear una sociedad sin cash cuando la puesta en circulación de dólares y euros están en máximos históricos. Pero la aparición y fiabilidad de bitcoin(BTC) deja a los ciudadanos una alternativa cada vez más factible con respecto a los sistemas de pago, ofreciendo la opción de poder escapar del mayor control que se quiere ejercer sobre nosotros. A día de hoy, el número de monederos con posiciones en bitcoin superan los 30 millones en todo el mundo cifra que, aun siendo muy reducida, se encuentra en máximos históricos. A la vista de hacia dónde nos quieren llevar, sería una ironía que fueran los gobiernos y sus anhelos de control, los que provocarán la adopción y revalorización del bitcoin.

De Vuelta
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