Papá, ¿puede el Ibex 35 llegar a valer cero?

Mediante un buen reparto estratégico por sectores y empresas de esperada proyección, puede mitigarse el impacto de la volatilidad para, así, construir una buena cartera de futuro

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Tengo que admitir que esto de enseñar educación financiera a tus hijos tiene sus riesgos. Hace un año, tuve que explicarle al mayor que, en determinadas ocasiones, lo que te prometen las entidades financieras no siempre se cumple, y de ahí la necesidad de saber valerse, en esto del dinero, por uno mismo. En aquella ocasión y ante la eliminación del tipo de interés que le pagaban por tener cierto saldo en la cuenta mini, aproveché para explicarle que aquel no era fijo y dependía, entre otras cosas, de la marcha de la economía del país. En esa situación y en búsqueda de rentabilidad, le dije que lo suyo sería invertir en una cartera de acciones bien diversificada, como alternativa para intentar hacer crecer ese ahorro a largo plazo.

Mediante un buen reparto estratégico por sectores y empresas de esperada proyección, puede mitigarse el impacto de la volatilidad para, así, construir una buena cartera de futuro. Le dejé escoger cuatro acciones cuyo nombre conociera y utilizara de forma habitual, resultando ser todas las elegidas de Estados Unidos. Hicimos un pequeño análisis y por aquello del sesgo de proximidad, logré convencerle de destinar una mínima parte a un gran banco español, aprovechando la fuerte corrección de precios y una valoración muy por debajo de su valor en libros. Ser contrarias, le dije, es otra de las técnicas que pueden utilizarse en determinadas ocasiones.

"¿Puedo entonces perderlo todo? ¿Qué le pasa a la bolsa española?"

El problema ha llegado esta semana, pues, con muy buen criterio y analizando el comportamiento de su pequeña cartera, las únicas pérdidas sufridas vienen del lado español. Observando en un gráfico el desplome del valor, me dijo: "Papá, ¿puede llegar a valer cero esa acción?". "Técnicamente", contesté, "al existir tres decimales y mientras siga cotizando en bolsa (que no sea suspendida de cotización), eso no puede pasar". Me miró extrañado. "Tendría que declararse la quiebra, proceder a la liquidación de los activos y esperar que, tras pagar a empleados, proveedores y bonistas, no quedase nada para los accionistas. Solo en el caso que ese total final no existiera, lo perderías todo", le dije. Bueno, otra variante es la acaecida en casos como el del Banco Popular donde, ante una crisis de liquidez y de solvencia, se produjo una intervención que originó pérdidas totales a sus accionistas. No contento con esa respuesta, me dijo: "¿Puedo entonces perderlo todo? ¿Qué le pasa a la bolsa española?".

Publicaban el otro día en esta misma sección un interesante artículo con respecto a esto último. Hablando de la economía española y del peso de la misma en Europa, vía el índice Eurostoxx 50, se veía que mientras en el año 2000 aquella representaba un 26% del índice, a día de hoy, ese porcentaje no llega al 6%. La razón principal pasa por la incapacidad de adaptación a los nuevos tiempos, a la nueva economía, de nuestro tejido empresarial cotizado. Los sectores de no crecimiento como son el financiero, el energético o el de las telecomunicaciones siguen pesando en nuestro índice, más de un 60%. Eso ha provocado que la brecha entre el Ibex 35 y el Eurostoxx o el mismo Dax no haya dejado de aumentar en los últimos años. Mientras que el índice alemán o el global europeo muestran una recuperación en forma de V si atendemos al siguiente gráfico, el español tiene una clara forma de L, con peligro de formar otra figura aún peor.

En ese contexto, la bolsa española muestra una carencia de relevancia global absoluta, disminuyendo muy significativamente la entrada de capital extranjero que, hasta hace pocos años, representaba casi la mitad de la propiedad del mercado. Las consecuencias de la pandemia, de gran impacto sobre la economía española dada su composición, ha terminado de acentuar este gran desfase con respecto al resto de Europa al verse aún más afectada por la crisis sanitaria y la incapacidad de toma de decisiones solventes. La dilución así sufrida y la falta de adaptación, junto al resto de problemas de distinta índole, genera esa falta de interés y atractivo que nos lleva a la actual situación del Ibex.

Del mismo modo, y pese a tener una visión de largo plazo, no se puede estar en un activo claramente bajista, por muy barato que este parezca. El sector bancario europeo no levanta cabeza desde las grandes caídas de 2009, y buscar valor aquí genera un coste de oportunidad muy elevado al tiempo que incrementa el riesgo.

Así las cosas y terminando de contestar a las preguntas anteriores, la primera regla que todo inversor debe aplicar al invertir en bolsa es aquella de cortar las pérdidas de forma rápida e inexorable. Controlar y cerrar aquellas posiciones que no evolucionen en línea con la estrategia es de obligado cumplimiento. Cada inversor establecerá el nivel de ese daño máximo dispuesto a sufrir, pero llegado el caso, hay que ejecutar sin atender a emociones. Una caída del 8% necesita una recuperación del 8,7%. Una pérdida del 25% requerirá de una recuperación del 33%. Un descenso del 50% implica que, para recuperar, ese activo debe subir un 100%. De ese modo, le dije al niño, toca vender, pues así es como se debe evitar el poder perderlo todo y tener capacidad de recuperación futura. No esperaremos para saber si el Ibex 35 puede valer cero.

De Vuelta
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