Bitcoin: el mayor riesgo es quedarse fuera

Resenta una alternativa viable frente a un riesgo potencial de inflación, y su consideración como posible reserva de valor, a modo de oro digital, gana cada vez más sentido

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Desde que en 2016 empecé a escribir en esta misma sección sobre bitcoin (BTC) y los activos digitales, mucho ha cambiado todo este ecosistema. Hemos pasado por la fase de negación, por etapas donde la especulación y la formación de burbujas parecían dominar el funcionamiento de esos instrumentos, nos sorprendía la creación de un mercado de futuros organizado, el surgimiento de las llamadas finanzas descentralizadas (DeFi), el primer borrador europeo regulatorio sobre el Mercado de Criptoactivos y, en los últimos días, hasta PayPal comunicaba que lanzará un servicio de para comprar, vender y mantener criptomonedas.

El concepto de divisa digital, aquella versión digital del cash que se controla mediante una clave privada, fue creada hace más de 10 años al aparecer en escena el bitcoin(BTC). Configurado como un activo real digital gracias a su tecnología subyacente (Blockchain), este es intangible, tiene un bajo coste de almacenamiento, su valoración no depende de Cash Flows futuros, no cuenta con una entidad central, puede ser transmitido de persona a persona (P2P), es divisible, no es confiscable, su sistema monetario no da lugar a tipos de interés negativos ni existe un banco central que lo emita libremente, mantiene cierto grado de privacidad y la seguridad de la red sobre la que se soporta, son algunos de los atributos que lo hacen único. Presenta una alternativa viable frente a un riesgo potencial de inflación, y su consideración como posible reserva de valor, a modo de oro digital, gana cada vez más sentido con el paso del tiempo. Vale siempre la pena una lectura al documento origen de Bitcoin para poder entender la magnitud, el modelo económico, el funcionamiento y la propuesta de valor que aquel introduce.

Utilizando la llamada curva de adopción tecnológica en “forma de S” de Everett Roger, podría interpretarse que estamos en un punto muy cercano entre la frontera que separa a los innovadores (innovators) de los primeros que lo adoptan (Early adopters), al modo que sucedió con la electricidad, el vehículo, las tarjetas de crédito, internet, etc.

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Y es que los llamados fundamentales del bitcoin (BTC) se van aclarando cada vez más, siendo las medidas de adopción unas de las más analizadas. En ese sentido, analizar el número de direcciones que mantienen posiciones abiertas, el tiempo de permanencia en cartera o el flujo de movimientos de las Exchanges, son algunos de los ratios o métricas a considerar. Si observamos la tendencia del número de direcciones con un balance mayor a 1 BTC a lo largo del tiempo, aquella es claramente alcista. Tras las caídas de 2018 se observó un ligero descenso del número de direcciones nuevas que, tocando suelo a mediados de ese año, ha vuelto a experimentar un crecimiento sostenido hasta la fecha, situándose en la actualidad en máximos históricos.

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Utilizando datos de Intotheblock, se observa como el número de direcciones que mantienen por más de un año sus BTC en cartera no ha dejado de aumentar, siendo ahora mismo el tiempo de permanencia medio de 4,8 años (en fondos de inversión la media en USA no llega a 3,7 años). Esto significa que los momentos de especulación de corto plazo han quedado atrás, mientras se apuesta por una generación de valor a largo plazo. Esto no hace más que reforzar la idea de considerar al bitcoin (BTC), no como una forma de dinero digital sino, como he venido defendiendo siempre, una reserva de valor.

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Los mercados P2P (de persona a persona) tienen también cierta importancia desde el punto de vista de adopción y liquidez. Existen una serie de plataformas donde los usuarios pueden transferirse criptoactivos de forma bilateral, normalmente mediante servicios de “escrow” ofrecidos por las mismas, destacando el caso de LocalBitcoin y Paxful. Pese al aumento de las Exchanges centralizadas, los mercados de derivados organizados, los OTC y las plataformas descentralizadas en DeFi, el crecimiento de esa forma de intercambio no ha dejado de crecer y, en ese sentido, añade valiosa información. Los mercados donde las Exchanges centralizadas no tienen presencia o existe poca competencia, son los que más operativa de este tipo experimentan, destacando los incrementos de volumen en América Latina y África subsahariana.

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A las adquisiciones de bitcoin (BTC) por parte de conocidos millonarios como Tom Draper o Mike Novogratz, se les unió recientemente Paul Tudor Jones, en lo que supone un nuevo empujón para que un mayor número de inversores institucionales empiecen a considerar a bitcoin (BTC) como un activo de inversión. En ese sentido, el número de empresas cotizadas que van anunciando posiciones abiertas, junto a fundaciones o productos como el Grayscale Bitcoin Trust, no deja de crecer.

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Según los datos de volumen negociado tanto en spot como en el mercado de futuros, se han alcanzado cifras no vistas en mucho tiempo. Mientras que el volumen efectivo real estos días ha superado los 4.000 millones de dólares diarios (frente a una media inferior a los 1.000 millones), en derivados el crecimiento ha sido igualmente importante.

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Utilizando los datos del CME, se está observando como este mercado de futuros está ayudando al descubrimiento del precio (“Price Discovery”) de forma más efectiva que los mercados de contado. Esto es relativamente importante dado que, históricamente, el mercado de materias primas ha funcionado como uno de los mecanismos de previsión de precios, variaciones y diferenciales. Varios estudios recientes parecen indicar que esto mismo está sucediendo ya en el caso de bitcoin (BTC) y se ha demostrado como, por ejemplo, la incorporación de información a los precios se adelanta en ese mercado frente al Spot, haciendo que aquellos empiecen a liderar ese descubrimiento de precios.

Si atendemos al mercado de opciones, mientras que podemos saber ya si la curva de volatilidad está en contango o no, es interesante observar como la probabilidad que los operadores otorgan ahora a que el precio del bitcoin (BTC) esté por encima de 19.000 USD en diciembre, ha subido hasta el 19%. Para el caso de un precio por encima de 20.000 USD, la probabilidad ha aumentado del 0 al 7% estas semanas.

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Reserva de valor

Desde su aparición en 2009, bitcoin es muchas cosas para mucha gente, y el debate existente gira en torno a la idea de estar (o no) ante una reserva de valor, un medio de intercambio, un activo alternativo, todos los anteriores o ninguno de esos.

Mientras que no existe una racional económico para utilizar el bitcoin (BTC) como el “dinero de internet”, la consideración como reserva de valor parece, sin embargo, una de las cualidades más destacadas de este activo por parte de muchos inversores. La alta volatilidad, decreciente en el tiempo (pese a ser aún muy elevada), ha supuesto un freno a esa idea, pero de otro lado, ha generado una parte muy positiva al llamar la atención general y provocar desarrollo e innovación alrededor del bitcoin (BTC) y resto de criptoactivos.

Una de las mejores características del bitcoin es su escasez digital, que apoya la tesis de protección contra la depreciación del activo en el largo plazo. La escasez se encuentra en su protocolo, se garantiza con la descentralización de la red y sus sistemas de incentivos orientados a lograr la seguridad de la misma. La actual fase de expansión monetaria y fiscal mundial con tipos de interés cero, está ayudando a incrementar la adopción. Los drivers de largo plazo incluyen la baja y estable inflación del modelo, junto con la transferencia de riqueza que se está produciendo entre generaciones, resultando los millennials mucho más digitales que sus antecesores. Comparado con el oro, la capitalización del bitcoin (BTC) de apenas 240.000 millones de USD, no llega al 2% de la que tiene el metal precioso.

Una de las medidas para calcular esa escasez es la ratio “Stock to flow” que, utilizada en materias primas, mide cuántos años de producción se requieren para alcanzar el stock actual. Las que son más complicadas de doblar, por su poca producción, son más escasas y más caras. A día de hoy, el oro es el que tiene el flujo más bajo, pero a medida que los “halvings” de bitcoin (BTC) se vayan sucediendo, éste superará al oro.

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Bitcoin como inversión

El motivo para introducir bitcoin (BTC) en una cartera es similar al de introducir activos alternativos; diversificación y mejora de rentabilidad. Hasta la fecha, el bitcoin (BTC) ha mostrado baja correlación con todas las diferentes clases de activos, los que lo utilizan con ese objetivo tienen distintos puntos de vista (reserva valor, especulación, medio de pago…), no se ha integrado aun en los portfolios (a medida que esto se haga, subirá la correlacion), ha tenido una entrada en el mundo financiero distinto pues ha pasado del mundo “retail” al institucional, pese a los movimientos vistos en marzo con el estallido de la pandemia (salidas de todo activo de riesgo), el bitcoin (BTC) tiene fundamentales diferentes al resto de activos y está menos afectada por el Covid-19. Ciertos aumentos de correlación en el corto plazo, contra el oro por ejemplo, ya se han visto en su historia pero, con el paso del tiempo, vuelven a descender como ya está sucendiendo en ese mismo caso. A medida que aumente la liquidez y baje la volatilidad más incorporaciones en carteras se producirían.

Para observar el impacto de colocar un 5% en bitcoin (BTC) en una cartera clásica, nada mejor que estudiar lo que hubiera sucedido hasta ahora con una inversión de 2000 USD. Partiendo en 2015 y hasta hoy mismo, si comparamos una cartera que invierte un 60% en renta variable y un 40% en renta fija (Traditional) contra una que tiene 57% en acciones, 38% en bonos y 5% en bitcoin (Enhanced), este sería el resultado:

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Mientras que en la Tradicional se hubiera generado un 41,93% de rentabilidad con una ratio de Sharpe de 0,5, en la cartera que incorpora un 5% de bitcoin (BTC) la rentabilidad hubiera sido del 73%, siendo la ratio de Sharpe de 0,93. Es decir, compensa con creces, desde un punto de vista de riesgo y rentabilidad, añadir un porcentaje mínimo de bitcoin (BTC).

Finanzas Autoejecutables

Las mal llamadas Finanzas Descentralizadas (DeFi), que debieran ser más bien denominadas autoejecutables (pues su grado de descentralización no queda muy claro salvo en muy contados protocolos), están cambiando la narrativa dominante, desde la especulación hacía la producción.

Considerada como aquella arquitectura que permite la creación de capas de valor (sobre una Blockchain), de servicios financieros digitales de distinta índole accesibles a todo el mundo, aquellos proyectos que resulten ganadores en el actual boom existente, serán parte del núcleo duro de la nueva infraestructura.

De esta forma, los criptoactivos que sirvan a este fin productivo, pueden ser ya valorados en función de los flujos de caja que generan. Si tomamos el caso de Compound, que es un protocolo de código abierto nativo de internet, al estilo de la empresa norteamericana cotizada de préstamos Lending Club (LC), los usuarios que utilizan la plataforma tomando préstamos, tienen que pagar un tipo de interés que se reparte entre los que prestan y el protocolo Compound. Esos flujos recibidos son entonces, susceptibles de ser analizados e incorporados en un sistema de valoración.

El importe bloqueado en este nuevo ecosistema está actualmente en máximos históricos, mostrando el potencial y adaptación que todas estas finanzas autoejecutables están generando. La cifra asciende a más de 12.000 millones de USD.

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¿Y los precios?

Ayer mismo Carlos Doblado sacaba un análisis de precios del bitcoin (BTC). Lo interesante de este lado viene de cómo se interpretan las expectativas de los agentes, y qué cabe esperar. Ese rango 10.000-13.000 USD que domina actualmente las cotizaciones es clave para entender los próximos movimientos de precios.

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Analizando las posiciones de los mineros, importante para tener una visión global de lo que sucede con los precios, tras las ventas que vimos en la zona de los 11.000-11.300 USD, parece que la presión vendedora ha vuelto a zonas neutrales.

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Así las cosas y dejando claro que esta tribuna no es ni pretende ser incitación a inversión alguna, todo lo expuesto anteriormente viene a poner de manifiesto que, para un inversor que cuente con los conocimientos necesarios, el bitcoin va tomando forma cada vez más clara como activo invertible, mostrando virtudes y posibilidades de rentabilidades asimétricas (en un entorno de muy alta volatilidad), que bien gestionado y en un porcentaje que no parece tener que ser superior al 5% muestra que, a día de hoy, el riesgo está en no tenerlo en cartera.

De Vuelta
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