¿Ha llegado el momento de vender caro y comprar barato?

Lo suyo sería lograr una combinación de ambos, lo cierto es que la narrativa al respecto presenta polos opuestos no son sostenibles”. Como si no fueran compatibles

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El “growth” y el “value” son dos de los enfoques o estilos de inversión que más debate generan entre la comunidad inversora. Mientras que el posicionamiento en “growth” se fundamenta en la búsqueda de buenas compañías con alto potencial de crecimiento de resultados, la inversión “value” atiende a razones centradas en la identificación de empresas de calidad, con buenos cash flows y que estén infravaloradas desde un punto de vista fundamental.

Pese a que la lógica indicaría que, puestos a establecer una estrategia de inversión óptima, lo suyo sería lograr una combinación de ambos, lo cierto es que la narrativa al respecto presenta polos opuestos que versan sobre ideas que van desde “el value ha muerto”, hasta “las diferencias entre el “growth” y el “value” no son sostenibles”, como si ambas corrientes no fueran compatibles. Y es que, al observar lo acaecido en los últimos años, el diferencial entre lo generado por uno y otro enfoque de inversión, nunca había sido tan grande. De facto, algo así no se veía desde los años previos al estallido de la burbuja puntocom, y no fue de tal magnitud.

El siguiente gráfico (vía Invesco) muestra esta comparativa de rendimientos utilizando el Russell 1000, donde se puede ver cómo el “growth” aventajó durante casi una década al “value” para, entre 2001 y 2018, ser superado por el estilo “value”. Sin embargo, desde ese último año y hasta hoy, la diferencia se ha ido incrementando hasta alcanzar los niveles máximos actuales.

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Llegados a este punto, la pregunta pasa ahora por saber si podemos asistir a una rotación que devuelva esas diferencias hacía la media. La historia indica que desde 1945, se han producido esos ciclos donde los dos estilos han ido intercambiando su posición de cara a ser los mayores generadores de rentabilidad. Sin embargo, el actual momento del “growth” presenta la gran diferencia de estar muy concentrado en unos pocos valores (FAANG) con una valoración extrema, siendo el PER actual medio de unas 60 veces (el SP500 sin esos títulos tiene una ratio de 26 veces). De esta forma, es importante que el inversor sea consciente del riesgo que esta concentración, no vista desde 1975, tiene y del impacto consecuente en la diversificación.

En tiempos de pandemia y tras los movimientos experimentados por los mercados este 2020, puede haber llegado el momento de empezar a pensar en ese tipo de inversión “value” pues, de la explotación del comportamiento humano de corto plazo, pueden surgir las oportunidades en el medio y largo. Sumidos en un entorno donde mucha de la reacción de los inversores se ciñe a la aparición de noticias inmediatas, salir de la manada e incorporar un horizonte temporal mayor puede tener su recompensa futura. Eso sí, habrá que tener paciencia y ser conscientes de la estrategia que se quiere desarrollar.

Las dos oportunidades principales que surgen para este tipo de posicionamiento residen en, de un lado aprovechar el diferencial existente entre las acciones “value” y las de baja volatilidad (actualmente situado por encima de lo visto en la burbuja puntocom) y, de otro lado, intentar sacar provecho de la alta valoración comentada de una parte del mercado respecto a la otra, en el medio plazo.

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Frente a este planteamiento, la narrativa se centra en destacar que la alta concentración en las “súper compañías” no invita a la inversión en valor. En los últimos 20 años y tras los procesos de compras y fusiones pasados, resulta que muy pocas empresas muy grandes en cada sector, generan cerca del 30% del total ingresos. Este dato no llegaba al 20% hace algo más de una década. Frente a esta media, resulta que determinadas industrias como IT, telecomunicaciones, manufactureras o transportes y logística, presentan una concentración media así medida superior al 45%.

Esto provoca el llamado efecto red o como, determinadas compañías, se benefician del incremento masivo del número usuarios con coste de capital mínimo. Es el caso de Google, Visa o Facebook. Cuando sucede esto, es muy complicado competir contra ellos, y más cuando esas cifras en este año de coronavirus y explosión de la tecnología, no han dejado de crecer fuertemente. En ese sentido, seguiría existiendo potencial en este tipo de empresas de crecimiento.

Así las cosas y puestos a valorar las opciones existentes en un entorno donde se quiera lograr diversificación y gestión del binomio rentabilidad riesgo, lo sucedido este 2020 supone un aumento de concentración y una disminución de esa descorrelación perseguida. Eso sucedería tanto en el índice S&P500 como en el Russell “growth”. Al mismo tiempo, y tras la mayor extensión del ciclo positivo para ese tipo de estilo de inversión respecto al “value”, tomar posiciones contrarias a las abiertas por la mayoría, en un entorno de máxima dispersión de valoraciones (desde 1926 no se daba tal magnitud), puede presentar una oportunidad en el medio y largo plazo. Los ciclos no se mantienen eternamente, y puede haber llegado el momento de aprovechar aquello de “vender caro y comprar barato”.

De Vuelta
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