¿Llegará bitcoin a los 500.000 USD?

No dejan de sorprenderme muchos de los argumentos y comentarios estultos que propios y extraños se obstinan en utilizar para explicar el alza experimentada por el bitcoin (BTC) en 2020

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Llevo años escribiendo en esta misma tribuna sobre la propuesta de valor que bitcoin (BTC) incorpora y las razones que podrían, en algún momento del tiempo y siempre en un entorno de riesgo extremo, convertirlo en un asset class o en una reserva de valor. En este sentido y a la vista de lo sucedido en 2020, uno podría interpretar que ese camino se ha iniciado y que, posiblemente, no tenga vuelta atrás.

Sin embargo, no dejan de sorprenderme muchos de los argumentos y comentarios estultos que propios y extraños se obstinan en utilizar para explicar el alza experimentada por el bitcoin (BTC) en este año de la pandemia. Y siento decirle que ni es, ni posiblemente será, un tipo de dinero, entendiendo éste como un medio de pago o intercambio. A día de hoy, sólo la función de actuar como un depósito o reserva de valor futuro puede tener cierta validez en un entorno cada vez más digital. Pero tampoco es ésta última razón la verdaderamente puesta en valor por los inversores en la actualidad. Si bitcoin (BTC) cotiza ahora cerca de los 29.000USD es principalmente por empezar a formar parte de las carteras de inversión de ciertos inversores institucionales. Vendría a ser el inicio de adopción del criptoactivo como un asset class en sí mismo, con objetivos de lograr descorrelación e incrementar la diversificación, al tiempo que se busca posicionamiento en las bases del ecosistema. Esto se ha visto favorecido por la FED que, con sus políticas ultra expansivas como medio para contrarrestar los efectos de la crisis sanitaria, ha colocado más liquidez que nunca en los balances de las corporaciones norteamericanas, todo ello en un marco de tipos cero que se prolongará en el tiempo.

Bien sea por buscar cobertura contra la inflación futura, bien por necesidad de contar con alternativas donde colocar ese dinero, lo cierto es que el grueso de los flujos de entrada que se han visto en bitcoin (BTC) en 2020 y, especialmente en la última mitad del ejercicio, vienen del lado institucional (ver gráfico vía whalemap). Conscientes del gran negocio que emerge, la industria financiera se ha lanzado en masa a crear y facilitar la infraestructura necesaria para el desarrollo de dicha actividad en clara muestra de que, como ya decía entonces, a Wall Street esto le interesa pues hay mucho dinero a ganar. Custodia, operativa de compra y venta, derivados de todo tipo (tenemos hasta la versión VIX del bitcoin) e índices que lanzará S&P Dow Jones, conforman la primera capa de servicios ofrecidos. En cuanto descubran todo lo que se está creando en el entorno DeFi, veremos cómo evoluciona ese lado del ecosistema.

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Así que el sueño de aquella cultura ciberpunk que se encontraba en el origen de Bitcoin, mucho me temo que ha dejado paso a la corriente dominada por el sistema del que se pretendía escapar, dejando como contraprestación a las cotizaciones actuales, nuevos millonarios de lo establecido.

Bitcoin explota este año en un entorno de alta liquidez global, pero a diferencia de lo sucedido en 2017 cuando el precio acarició los 20.000USD, ni el mercado es nuevo, ni se enfrenta a la alta incertidumbre regulatoria de aquellos momentos ni, como decía, el tipo de inversores responde al mismo perfil. En el siguiente gráfico puede verse esta última diferencia (burbujas amplias indican flujos de inversores grandes) entre los momentos de mercado comentados. Si entonces eran los inversores retail los que dominaron los momentos de euforia, ahora tenemos a reputados inversores como Paul Tudor Jones o Stanley Druckenmiller comprando bitcoin (BTC), a empresas cotizadas como MicroStrategy o Square añadiéndolas a sus carteras, compañías de seguros como MassMutual haciendo sus primeras inversiones, o ciertos inversores profesionales entrando a través del fondo regulado Grayscale, que se encuentra en máximos históricos en cuanto a los activos bajo gestión.

Poco a poco, los mitos negativos que siempre han dominado la narrativa sobre el bitcoin (BTC) como activo de inversión y como reserva de valor, van cayendo. Del lado de la alta volatilidad, cerca del 70% en términos anualizados, parece que bajo la idea de la “trinidad imposible” se puede llegar a entender por qué aquella es una consecuencia natural de la política monetaria de Bitcoin. Aquí no se prioriza la estabilidad del tipo de cambio, sino que, mediante la limitación del crecimiento de la oferta monetaria, se permite el flujo de capital, renunciado a una cotización estable. Es por eso que dicho cambio queda en función de la oferta y demanda, generando en el camino, una elevada volatilidad. Del lado de la vieja idea de estar ante la “madre de todas las burbujas” en base a lo no existencia de un valor intrínseco, el bitcoin (BTC) cuenta con una serie de propiedades, como son la escasez, la durabilidad, la divisibilidad, la portabilidad, la fácil transmisibilidad y otra serie de cualidades monetarias, que le confieren un estatus similar al del oro en su versión digital. Pensando que la capitalización del bitcoin (BTC) no llega al 6% de la que tiene el oro, la mayor demanda y creencia de esas capacidades no hacen más que demostrar que aún queda mucho camino por recorrer. Por último, del lado de la pérdida que bitcoin (BTC) podría sufrir en caso de la existencia de “forks” o copias de todo tipo, la realidad muestra que las bifurcaciones como BCH no han tenido impacto alguno sobre el “hashpower”, ni sobre la liquidez, ni sobre el número de usuarios. A estas alturas y tras cerca de 12 años de existencia, bitcoin (BTC) se configura como el criptoactivo que, gracias a su red, destaca y acumula casi el 70% de la capitalización global del ecosistema, goza de la mayor seguridad existente y, a mi juicio, esta situación no tiene pinta alguna de cambiar.

Todo esto lleva a pensar que el mercado de bitcoin (BTC) está mucho más maduro, cuenta con unos jugadores que saben muy bien dónde se meten, atrae a nuevos participantes como PayPal o, más recientemente hasta jugadores como BlackRock lo colocan en su radar y, a nivel de regulación, se van cumpliendo ciertos hitos que ayudan a su consolidación.

Para justificar lo comentado, nada mejor que analizar los datos relativos al volumen. Del lado del efectivo real negociado, se ha experimentado un alza del 1000% en 2020, alcanzando unos 5.000 millones de USD en media semanal. Si observamos el mercado de futuros, puramente institucional, el “Open Interest” ha cerrado 2020 en máximos históricos con cerca de 9.500 millones de USD. Es muy interesante observar el siguiente gráfico que pone de manifiesto el relevo y dominio del mercado oficial regulado de futuros (CME) sobre el de las Exchanges.

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Del mismo modo, hay que entender cómo funciona y cómo evoluciona la liquidez de Bitcoin, pues es un elemento básico a la hora de posicionarse en este activo. Para lograr ese fin, el punto de partida se centrará en el análisis de las direcciones de la red, que son las que controlan (tienen) la oferta. A día de hoy, la cantidad de bitcoins en circulación es de unos 18,6 millones de BTC que, en porcentaje, supone cerca de un 88,5% del total establecido por su protocolo. Dentro de estas cifras, se estima que unos 3 millones de esa oferta se han perdido para siempre. Observando si se producen salidas hacia “Cold Wallets” con la intención de mantener las posiciones a mayor plazo, veremos cómo se reduce la cantidad de oferta existente. Por el contrario, aquellas direcciones que permanecen o entran en las Exchanges, pueden contribuir a mantener y/o incrementar la oferta de bitcoin (BTC).

La crisis de liquidez que padece el BTC ahora, puede verse claramente con estos datos pues 14,5 millones de tokens se consideran ilíquidos (78% del total) mientras que, sólo unos 4,2 millones (22%) quedarían disponibles para operaciones de compra y venta. En ese sentido y en 2020, más de 1 millón de BTC han salido de la oferta, generando una diferencia muy importante con respecto a lo sucedido en el rally de 2017/2018 donde, como puede verse en el gráfico, en aquel momento la oferta se incrementó. Gráficos vía glassnode.

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Si la oferta se continúa reduciendo, bajo un formato de oferta limitada por su propio protocolo, el precio experimentará variaciones parabólicas como las vividas desde octubre. En este contexto y si analizamos el balance de las Exchanges en 2020, se ha producido una disminución de más de medio millón de bitcoins (BTC) que han salido hacía monederos fríos, aplicaciones DeFi (WBTC) y protocolos de préstamos (BlockFi, por ejemplo). Del lado del número de direcciones, más de 1 millón de las mismas tienen un balance superior a los 10.000USD equivalentes en BTC.

Una de las teorías más populares desarrolladas para intentar justificar y predecir el futuro precio del bitcoin (BTC), es el llamado modelo “Stock to Flow” (S2F), que se basa en la relación existente entre la producción de oferta y el stock actual, calculando el valor en función de los nuevos bitcoins (BTC) que son minados (entran en circulación) de acuerdo al suministro existente. La idea básica se centra en la escasez y lo limitado de la oferta que, sometida a una mayor demanda, hace subir el precio del bitcoin (BTC).

Siendo una buena aportación en el ámbito de valoración, el modelo adolece de ciertos problemas como son el grado de aceptación como reserva de valor asumido. El S2F explica el porcentaje de asignación de un portfolio por parte de inversores en reservas de valor como son el oro, la plata, los diamantes o el bitcoin (BTC). A medida que la oferta se disminuye, menor dilución y mayor inversión colocada en el mismo hasta el punto que, se asignaría hasta el 100% al bitcoin (BTC).

El modelo ha sido capaz de predecir el precio del bitcoin (BTC) hasta la fecha con un grado de acierto elevado, pero siempre en función de asumir un grado de sustitución del oro y otras reservas de valor. Colocar un límite a modo de “cap” e introducir la oferta monetaria global (M2) y la velocidad del bitcoin, podrían ajustar mejor el modelo. Un estudio al respecto resulta de interesante lectura.

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Por último, y como decía al principio, la verdadera razón del alza del precio del bitcoin (BTC) viene del punto de vista de gestión de carteras. El inicio de aceptación del mismo como un asset class es, a mi juicio, el verdadero motivo de esta explosión de cotizaciones.

Como veíamos antes, la alta volatilidad que asusta a muchos gestores puede más o menos, verse explicada por el foco del modelo en los límites en la emisión de bitcoin (BTC), y no en la estabilidad del tipo de cambio. Esta circunstancia lo hace único, añade diversificación, no tiene correlación con el resto de activos y justificaría una asignación estratégica en ciertos portfolios.

Puestos a hacer unos cálculos y como ya he explicado en reiteradas ocasiones en esta misma tribuna y en el libro Blockchain, se trata de maximizar la ratio de Sharpe dentro de una frontera eficiente. Partiendo de varios activos como son la renta variable (SPY), renta fija (AGG), oro (GLD) e inmobiliario (RMZ), del lanzamiento de 1 millón de carteras y sin limitar el peso que bitcoin podría tener (no hace falta como veremos), asumir al BTC como un asset class en sí mismo generaría una asignación de entre un 2,5% y un 6,5% del total portfolio, obteniendo mejor rentabilidad riesgo que el resto de combinaciones (Gráfico vía ARK).

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Por último y a modo de resumen, si utilizamos los ciclos del bitcoin (BTC) con respecto a los “halvings” anteriores, la predicción de precios podría rondar los 77.000USD. Si utilizamos una comparativa contra el oro, de forma que consideramos que se llega a un 10% de la capitalización del metal dorado, el precio de bitcoin (BTC) podría alcanzar los 42.000USD. Si utilizamos los datos facilitados por la CEO de ARK Investment Managment, donde las carteras medias de una parte de inversores institucionales alcanzan hasta un 5% de sus carteras, el precio podría estar entre los 400.000 y 500.000USD. Si utilizamos estimaciones de ciertos analistas con respecto a las oportunidades globales que presenta bitcoin (BTC), con respecto a la capitalización total que podría alcanzar (unos 3.000 billones de USD), el precio estaría sobre los 140.000USD. Por último, y como siempre les indico, existe también una cierta probabilidad de que esto valga mucho menos (incluso cero), y de ahí la insistencia en limitar lo que se invierte a no más del 5% del capital destinado a riesgo.

Así las cosas y en este contexto, bitcoin (BTC) confirma que ha pasado a otro nivel. Sus cualidades como asset class se han puesto de manifiesto, no siendo descartable asistir a mayores entradas de capital de inversores institucionales en 2021. Desde un punto de vista de operativa, se ha demostrado que hacer “market timing”, en bitcoin (BTC) es aún más complicado que hacerlo en renta variable, siendo el acercamiento pasivo el que mejores resultados ha generado. No es tiempo de Altcoins ni de experimentos pues la fortaleza, los flujos y el interés inversor está en bitcoin (BTC) y, en menor medida en el ether (ETH). Por último y no por ello menos importante, invertir en estos criptoactivos requiere de conocimiento y buen juicio. Pese a todo lo comentado y a las fuertes expectativas generadas, lo que importa no es si bitcoin (BTC) llegará a 500.000 USD, lo que realmente debería interesarle es la nueva dimensión que los criptoactivos y la criptoeconomia ha puesto de manifiesto.

Feliz año nuevo a todos.

De Vuelta