El año en que hasta los bajistas están invertidos al 100%
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Javier Molina

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El año en que hasta los bajistas están invertidos al 100%

En ese contexto y mientras muchos nos preguntamos cuánto más puede durar este momento dulce de los mercados, las señales de alarma no dejan de encenderse en todos los frentes

placeholder Foto: Toro en la entrada de Wall Street (EFE)
Toro en la entrada de Wall Street (EFE)

Publicaba una página financiera hace unos días, una entrevista a un conocido inversor norteamericano que resumía el actual momento de disonancia cognitiva por el que estaba pasando. Pese a contar con argumentos sólidos que le debieran colocar fuera de mercado, resultaba que nunca hasta la fecha había estado tan expuesto a bolsa. Si bien es verdad que decía permanecer “con el dedo listo para presionar el botón de vender en cualquier momento”, la situación se estaba prolongando en el tiempo y no veía el momento de reducir su exposición.

Y es que tras el séptimo mejor semestre de toda la historia del S&P500, unos flujos de entrada globales en renta variable en 2021 de 600.000 millones de USD (camino a superar a ese ritmo, el 50% de incremento con respecto a la media acumulativa de los últimos 20 años), el regreso de las recompras de acciones como principal driver alcista para las acciones en lo que queda de 2021 (según Goldman), unos índices de “allocation” en bolsa que superan el 64% de los activos bajo gestión (record histórico), asistir al mayor incremento de la riqueza de las familias en USA el año pasado (hasta los 13,5 billones de USD), y tener unas cotizaciones marcando máximos históricos (31 sesiones en las que eso ha sucedido este año), estar fuera de mercado, por muchas que sean las razones que uno pueda tener, hubiera sido muy complicado de justificar.

Me viene a la memoria un estudio de finales de año donde precisamente, se demostraba que era mucho más rentable estar en mercado acorde a un plan establecido que tratar de acertar con el “market timing”. En los últimos 72 años, los mercados alcistas han durado más (49 meses de media y tomando el S&P500) que los bajistas (13 meses de media), siendo el desarrollo de los mismos tanto en momentos de expansión como de recesión económica, y con todo tipo de niveles de tipos de interés. En ese contexto, mientras que es imposible predecir el inicio del mercado alcista, sí es posible quedarse fuera y pagarlo caro. El estudio concluía que, en los últimos 15 años, un inversor pasivo hubiera generado un 9,88% de rentabilidad media anual. Aquel que se hubiera perdido los 10 mejores días bajaba hasta un 4,31% anual, y el que se perdiese los 20 mejores días (de los 15 años) solo obtenía un 0,88% anual medio.

Foto: Palacio de la Bolsa de Madrid. (EFE) Opinión

En ese contexto y mientras muchos nos preguntamos cuánto más puede durar este momento dulce de los mercados, las señales de alarma no dejan de encenderse en todos los frentes. La FED ante el dilema de si la inflación es transitoria o no y cómo llevar a cabo el retiro de los estímulos. Los gobiernos comprobando que son necesarios 4 USD de deuda para generar 1 de crecimiento de PIB, magnitud que no ha dejado de crecer (del lado de deuda necesaria) en los últimos 70 años. Los gestores tomando riesgos muy superiores a los que asumirían en condiciones normales de mercado. Los analistas sacando sus conclusiones sobre el nivel de beneficios empresariales necesarios en 2022 y 2023 que justifiquen las actuales valoraciones. Los inversores en estado de optimismo elevado tratando de dilucidar la agresividad (o no) de los bancos centrales y cómo interpretarlo. Sectores como el inmobiliario en USA marcando máximo tras máximo (el incremento anual de precios es superior al observado en el anterior record de 2005). Los bonos basura rentando en mínimos históricos del 4%. El “value” que, desde finales de septiembre de 2020 parecía recobrar fuerza sobre el “growth” tras más de una década de peor comportamiento relativo, vuelve a tambalearse. Y el apalancamiento global observado, ataca igual zona de máximos.

Así las cosas y como decía aquel inversor, pese a sentir el temor de un riesgo inminente, uno debe seguir invertido. Otra cosa muy distinta es que se sea consciente de esta situación, y se tenga un plan para llevar a cabo una gestión de las carteras acorde. Sólo trabajando de esta manera lograremos que, ante un cambio repentino de expectativas, acabemos actuando como pollos sin cabeza sorprendidos por la fuerte volatilidad que, como resultado entre la divergencia de realidad y esperanzas, a buen seguro en algún momento se producirá.

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