¿Qué debo hacer en 2020? Tener el plan adecuado

Ni sabemos cómo van a evolucionar los temas más candentes que ya están abiertos, ni podemos descartar que surjan incertidumbres nuevas

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Se termina el año 2019 y se confirma el triunfo de lo inesperado en lo que se refiere al comportamiento de los precios de los activos financieros en los últimos doce meses. A pesar del pesimismo con el que terminamos 2018, estamos a punto de cerrar un año con unas rentabilidades excepcionales sin que realmente se haya eliminado ninguna de las incertidumbres que preocupaban a los inversores en esos momentos.

En la entrada de este blog que se publicó a principios de enero, cuya relectura recomiendo, asumiendo el riesgo para el ego que supone lo de la “autocita”, intenté dar las razones por las cuales en ese momento pensaba que el mercado se estaba dejando llevar demasiado por los sentimientos apocalípticos y que, precisamente, esos momentos son los mejores para invertir. Me alegro mucho de que la recomendación haya resultado ser la adecuada y si, además, a alguien que en su momento lo leyera le hubiera servido para evitar el pánico y el error consiguiente que hubiera supuesto vender sus posiciones, se justificaría el esfuerzo de mojarse de vez en cuando haciendo predicciones.

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El problema es que, haciendo buena la máxima de que “ninguna buena acción debe quedar sin su justo castigo”, volver a acertar este año con la previsión se ha puesto bastante complicado. El sentimiento del mercado ya no está en un único lado y el vértigo de los niveles alcanzados tiende a apoderarse del “relato hegemónico” de los expertos más activos y de los medios de comunicación.

Para afrontarlo adecuadamente, conviene distinguir entre dos preguntas muy distintas: ¿qué va a pasar? Y, ¿qué debo hacer?

¿Qué va a pasar?

La realidad es que no podemos saberlo. Ni sabemos cómo van a evolucionar los temas más candentes que ya están abiertos, ni podemos descartar que surjan incertidumbres nuevas. Además, incluso aunque tuviéramos esa información, tampoco podremos saber cuál va a ser la reacción de los inversores y, por tanto, de las cotizaciones ante tales eventos.

En este sentido, conviene retomar la idea de “campo económico”, como en la física, donde todo forma parte de lo mismo y todo tiene relación con todo. La política, la sociología, la educación, los medios de comunicación, la economía y los precios de los activos están cada vez más relacionados entre sí.

Ni sabemos cómo van a evolucionar los temas más candentes que ya están abiertos, ni podemos descartar que surjan incertidumbres nuevas

He escrito ya alguna vez que desde la crisis del 2008 hemos entrado en una de las etapas de la historia donde las expectativas respecto al futuro son de empeoramiento respecto al presente; lo que paradójicamente es la situación más normal, pero esta afirmación conviene matizarla. Si bien es cierto que esto es así en Occidente, donde la crisis económica ha generado una falta de cohesión social que se plasma en problemas sociológicos y políticos, no lo es en otras partes del mundo que están experimentando un auge económico y, sobre todo, un gran aumento de las expectativas de poder mejorar sus circunstancias para una parte grande de la población, como está pasando en determinadas zonas de Asia.

Durante el año 2020, nos vamos a seguir preocupando por el populismo en Estados Unidos, probablemente en los dos partidos. En año electoral, tendremos que pasar por las primarias del partido demócrata y después, las elecciones. En Europa seguiremos con las dudas y los esfuerzos de la integración política, mientras que Reino Unido tendrá que iniciar su proceso de salida controlada.

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Desde el punto de vista global, la guerra comercial y la tentación de la bilateralidad competirán con la fuerza práctica de la globalización. Y habrá que seguir también la continuidad que pueda tener el discurso del cambio climático y su posible impacto político y, sobre todo, económico.

Y nos faltaría saber cómo va a afectar todo esto a la actividad económica (precios, salarios y beneficios) y a las valoraciones de los activos (cotizaciones de acciones y bonos). Habría que meter aquí los niveles de liquidez y de tipos de interés. Si hay o no burbuja o burbujas. Los efectos del incremento de la gestión pasiva. Las dificultades de los gestores value para esa rentabilidad diferencial a la que llamamos alfa…

Con todo, podemos perfectamente asumir que, como ya dijo alguien hace mucho tiempo: “La bolsa subirá y bajará, pero no necesariamente por ese orden”.

¿Qué debo hacer?

Aquí la respuesta es depende, y la diferencia fundamental será tener un objetivo o no tenerlo. O, tratando de expresarlo mejor, haber sido capaz de explicitar el objetivo que todos deberíamos tener o seguir procrastinando con la idea de que hacer planes tampoco es tan necesario.

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Para poder hacerlo bien en momentos como el de finales del año pasado y disfrutar en nuestra cartera de rentabilidades tan buenas como las que se han producido este año, es fundamental contar con un buen asesoramiento que haya sido capaz de anticipar la necesidad de construir un plan financiero adecuado. El nuestro. Lo de personalizado suena ya demasiado manido y, si el plan es adecuado, llamarlo personal es una redundancia innecesaria.

La bolsa subirá y bajará, pero no necesariamente por ese orden

Con el plan adecuado, lo que sigue es diversificar y, para ello, contar con el asesoramiento adecuado es también fundamental. Tener un objetivo y protegernos de nuestros propios errores y, además, como la información que vamos a tener sobre los mercados nos va a hacer dudar muchas veces, contar con alguien que nos acompañe y que esté dispuesto a dar la cara y explicarnos lo que está pasando, precisamente, cuando esto no esté nada claro.

Si tiene la duda de estar haciendo o no lo adecuado con sus inversiones le propongo un sencillo ejercicio de final de año. Compare su rentabilidad total del año 2018 con la rentabilidad total del año 2019 y, si la pérdida ha sido mayor que la recuperación, no tenga duda de que necesita un buen asesor que le ayude a establecer su plan adecuado. Pero recuerde que, como todos los ejercicios de final de año, solo sirve si se hace con sinceridad con uno mismo.

Desnudo de certezas
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