Ante el virus: "Primum vivere, deinde… la economía"

Si no nos hace falta ahora mismo el dinero y hemos invertido en función de un plan, no tiene sentido vender al precio que están poniendo al mercado los inversores forzosos

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Hace tan solo un mes, me refería en este mismo blog a la “insospechada tranquilidad” de la que estaba haciendo gala el mercado ante noticias que en otros entornos hubieran resultado muy negativas. De hecho, terminé el articulo invocando a Heráclito y su críptico “espera lo inesperado”. No pensaba, por supuesto, que lo inesperado nos estuviese acechando tan de cerca.

Y lo inesperado sucedió. No como un acontecimiento nuevo, sino como una sensación de pánico y desprotección hacia un fenómeno para el que el mundo occidental no estaba preparado. El virus Covid-19 ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad y, aunque estoy seguro de que terminará haciendo salir lo mejor de nosotros y de nuestras sociedades, está suponiendo un 'shock' brutal que estamos poco a poco digiriendo.

Los mercados financieros, que siempre anticipan, han ido por delante de los gobiernos identificando con sus reacciones que el problema era importante. De hecho, su insensibilidad, hasta ahora, a las declaraciones de los responsables de los bancos centrales podría significar que consideran que no se está entendiendo dónde está el problema más urgente. Lo hemos vuelto a ver este lunes con lo que sucedió en las bolsas con las medidas de la Reserva Federal.

Nos enfrentamos a un problema complejo y ya hemos dicho que estos nunca tienen soluciones sencillas. Realmente son dos problemas distintos que, aun estando íntimamente relacionados, se deberán solucionar en un orden temporal que ya es evidente. Primero la epidemia y luego la economía. 'Primum vivere, deinde philosophari', decían ya los romanos. Hay que detener el contagio de la enfermedad para que los sistemas sanitarios no colapsen y que las personas mayores y las que tienen patologías previas, que son las que verdaderamente están en riesgo, aumenten sus posibilidades de sobrevivir.

Cuando pase el momento crítico de los contagios y los centros sanitarios puedan ir volviendo poco a poco a la normalidad, nos habituaremos a convivir con una nueva enfermedad respecto a la cual en el plazo de un tiempo esperamos también que tengamos ya tratamientos más precisos y, un poco más adelante, hasta una vacuna.

Si no nos hace falta ahora mismo el dinero y hemos invertido en función de un plan, no tiene sentido vender al precio que está poniendo el mercado

Superada esta fase crítica y no antes, es cuando habrá que hacer las valoraciones de impacto económico en la economía en general y poner en marcha todas las medidas que ya están anunciando todas las autoridades que se ponen delante de un micrófono que están dispuestas a poner en marcha.

En este sentido, creo que los inversores van a ser mucho más sensibles en estos momentos a medidas que vayan encaminadas a moderar el nivel de contagios y la mejora que se pueda ir produciendo en los ritmos de crecimiento del número de enfermos graves o de fallecimientos que a anuncios de medidas económicas. Serán fundamentales, pero a su debido tiempo.

Por tanto, lo primero es cuidarnos y tratar que nuestros mayores consigan retrasar al máximo su contagio. Parece claro que la gran mayoría de la población mundial acabará haciéndolo, en la gran mayoría de los casos sin síntomas o con molestias leves, pero esto, que es lo que nos hará inmunes, debe producirse al ritmo adecuado.

Para mí, los mercados, con el nivel de caída que llevan, ya han descontado de sobra los efectos en las valoraciones del parón económico que se va a producir, si los gobiernos, como ya parece, empiezan a tomarse en serio la contención de la epidemia. Pero la volatilidad va a seguir durante las próximas semanas y esto va a poner a prueba los nervios y las convicciones de mucha gente. Si no nos hace falta ahora mismo el dinero y hemos invertido en función de un plan, no tiene sentido vender al precio que están poniendo al mercado los inversores forzosos o los que se están asustando más.

Desnudo de certezas
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