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El momento de mirar más allá
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Santiago Satrústegui

Desnudo de certezas

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El momento de mirar más allá

Los niveles de sensación, incertidumbre e impredecibilidad del futuro son muy diferentes a los de hace 30 años

Foto: Foto: Reuters/Akhtar Soomro.
Foto: Reuters/Akhtar Soomro.

El capricho del calendario nos lleva, todos los años en estas fechas, a hacer una fugaz reflexión respecto al pasado más reciente para, de una forma inmediata y mecánica, pasar a plantearnos, una vez más, las decisiones más transcendentales de nuestra biografía. Siempre con inicio el 1 de enero. O, si somos más prudentes, después de Reyes.

El entorno en estos días de comidas, cenas y celebraciones nunca resulta el más favorable ni para el análisis ni para cimentar los compromisos que pretendamos adquirir con nosotros mismos. Paradójicamente, la tendencia a pararse en algún punto a reflexionar con una cierta perspectiva sobre nuestro rumbo es un impulso afortunado y útil, pero los usos sociales parecen estar diseñados para sacarnos, cada año, esa "tontería" de la cabeza. "Ya lo pensaré mañana", como decía Escarlata O´Hara en Lo que el viento se llevó, y que a mí me gusta tanto repetir aquí.

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En lugar de pensar que este año va a ser el bueno, mi consejo es desestacionalizar. Aprovechar el impulso que nos produce el cambio de año, pero agendarnos el momento de reflexión para una fecha posterior, en el primer trimestre.

Y es posible que ahora, a principios del año 2023, sí sea el momento de hacer esta reflexión más profunda. Al menos para todos los boomers españoles que, como yo, afrontan ya, o están a punto de hacerlo, el tercer tercio de su peripecia biográfica. El tercio con el que casi no contábamos hace unos años, para el que poco o nada habíamos planificado, pero que, ahora mismo, consumidos los dos anteriores, es el único que realmente nos importa.

Nuestro mundo, igual que le sucedió a Escarlata, ha cambiado mucho en estos años. Los niveles de sensación, incertidumbre e impredecibilidad del futuro son muy diferentes a los de hace 30 años. Y la flecha de la Historia, como tituló Manuel Cruz en uno de sus libros, vuela sin blanco al que dirigirse. Por eso la llamamos Historia y, seguramente, no comprender esto es la tragedia que vive mi generación. El futuro nos lo tenemos que construir y no está escrito, porque no era verdad que la Historia hubiera terminado al existir solamente un final posible. Si queremos democracia con libertades y con instituciones fuertes, tendremos que luchar por ellas, porque no hay un devenir natural que nos aboque a ese sistema, sino una tendencia a la corrupción del mismo, que supondrá siempre una obligación de mantenernos vigilantes.

Si queremos democracia con libertades y con instituciones fuertes, tendremos que luchar por ellas, porque no hay un devenir natural

Y en esto tampoco hay paraísos, como hemos comprobado este año en nuestras propias carnes, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. La invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin ha despertado a Occidente como sujeto histórico, y a cada uno de nosotros nos obliga a volver a tratar de entender el mundo en el que vamos a vivir.

De los dos problemas globales más importantes del año, la reaparición de la inflación y la crisis geopolítica y energética provocada por Rusia, ha sido el primero; la necesidad de atajar las subidas de los precios, el que más impacto ha tenido sobre los mercados financieros y las valoraciones de los activos. Pero parece que, afortunadamente, poco a poco se va controlando. El segundo problema sigue siendo incierto en cuanto al desenlace de la guerra en Ucrania, pero parece mucho más enfocado en cuanto al impacto que esta pueda seguir teniendo en los precios de la energía. Y, al mismo tiempo, está ya obligando a afrontar soluciones estratégicas de largo plazo.

Seguiremos hablando de inflación y de energía, pero también sobre la viabilidad de la globalización y sus ritmos posibles, o de los modelos político-económicos más eficaces. De Europa, de Estados Unidos o de nuestros exsocios los británicos, pero estamos condenados ya a hacerlo durante un tiempo, debido al deterioro de las instituciones, con un mayor nivel de ansiedad a como lo hubiéramos hecho hace unos pocos años.

Seguiremos hablando de inflación y de energía, pero también sobre la viabilidad de la globalización y sus ritmos posibles

Por eso, enlazando con el principio, es importante este año aprovechar el impulso que nos da el calendario y, desestacionalizando el momento que elijamos para hacerlo, tomarnos un tiempo para mirar más allá, porque nuestra biografía y la de nuestras familias, que es lo que más nos importa, vuelven a estar incorporadas en la Historia.

El capricho del calendario nos lleva, todos los años en estas fechas, a hacer una fugaz reflexión respecto al pasado más reciente para, de una forma inmediata y mecánica, pasar a plantearnos, una vez más, las decisiones más transcendentales de nuestra biografía. Siempre con inicio el 1 de enero. O, si somos más prudentes, después de Reyes.

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