Un juicio nos muestra como se hacen negocios en Rusia

Un juicio en el Tribunal Supremo en Londres entre dos oligarcas rusos ha permitido al mundo occidental conocer, en parte, cómo funciona el mundo de los

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    Un juicio en el Tribunal Supremo en Londres entre dos oligarcas rusos ha permitido al mundo occidental conocer, en parte, cómo funciona el mundo de los negocios en Rusia. Nadie entendíamos como rusos con 30 años se apropiaron de las 5 o 10 empresas más poderosas del gigante soviético. Son las propietarias de algunas de las mayores reservas de materias primas y commodities mundiales.

    Gracias a sacar los trapos sucios en un juicio, todo el mundo occidental ha visto algunas de las claves del funcionamiento de los oligarcas. Boris Berezovsky ha denunciado en la corte suprema de Londres a Roman Abramovich, el oligarca ruso propietario del Chelsea Club de Fútbol. Ambos viven en Londres. Parece claro que Berezovsky era el “gran padrino” de Rusia en la época de Yeltsin y Abramovich pidió o tenia la “protección” política y de seguridad de Berezovsky y habría aprovechado que Berezovsky tuvo que huir rápidamente del país con la subida al poder de Vladimir Putin, para romper sus relaciones y quedarse con la propiedad de sus compañías.

    Berezowsky ha denunciado a Roman Abramovich por la cantidad de 6.000 millones de Libras Esterlinas. Ambos viven en Londres y son  vecinos y propietarios de varias lujosas villas en la costa azul francesa, en Cap d’Antibes. Berezovsky vive en un finca de 172 acres en Wentworth Park (Surrey).

    Berezowsky, antiguo profesor de matemáticas en Moscú, que hizo su fortuna en las grandes privatizaciones en Rusia de los años 90, ha acusado en un juzgado de Londres a Abramovich de traicionarle y chantajearle. Berezowsky tuvo que huir del país en el año 2000 y, según parece, Abramovich, aprovechó la ocasión para comprarle a un precio ínfimo sus acciones en la gran petrolera Sibneft y en la multinacional rusa de aluminio Rusal.

    Aquí tenéis las 103 páginas completas de la denuncia en el tribunal supremo en Londres.

    Los abogados del Sr. Abramovich habían declarado al Tribunal Supremo que le pagó a Berezovsky $1.300 millones que, según el último, fueron por su 43,5% de las acciones de la petrolera Sibneft, en el año 2001 a través de un vehículo de inversión llamado Devonia, controlada en última instancia por el Sultán bin Khalifa Al Nahyan de Abu Dhabi. Bin Khalifa habría cobrado el 20% de comisión de la transacción de cerca de $1.300 millones entre los dos oligarcas rusos, según los abogados.

    La venta fue una "operación artificial diseñada para satisfacer las regulaciones contra el lavado de dinero del banco británico Clydesdale Bank" en el que el Sr. Berezovksy quiso colocar sus fondos, para luego poder moverlos sin restricciones y evitar los controles de lavado de dinero.

    Abramovich ha negado ante el tribunal que Berezovsky hubiera tenido nunca alguna participación en Sibneft. Abramovich dijo que los $2.500 millones que pagó a Boris Berezovsky en los últimos años no era una parte de las ganancias de la compañía petrolera Sibneft y de Rusal, la compañía de aluminio más importante en Rusia, sino que fue un pago al que fue su "padrino político", una especie de “agradecimiento”. Abramovich reconoce que muchos de los pagos fueron en “cash” y sin documentos acreditativos, solo existieron “órdenes verbales”. Muchos de los pagos habituales eran de unos $5 millones.

    Una de las pruebas aportadas por Berezovsky en el juicio es una conversación grabada entre los dos oligarcas en la sala VIP del aeropuerto de Le Bourget en Paris, con el socio de Berezovsky, el georgiano Badri Patarkatsishvili como testimonio. Justo hace unas semanas se ha revelado ante el tribunal que la grabación se llevó a cabo por Andrei Lugovoi, jefe de seguridad de Patarkatsishvili. Según la Policía del Reino Unido, Lugovoi es el principal sospechoso en el asesinato de Alexander Litvinenko, el ex agente de la KGB que murió por envenenamiento de polonio en Londres.

    El señor Lugovoi, a quien el Kremlin se ha negado a entregar a Gran Bretaña, negando su relación con el asesinato que pareció obra de la nueva KGB. Desde entonces se ha convertido en un miembro de la Cámara Baja del Parlamento ruso.

    Dos testigos principales para Berezovsky, su ex-socio georgiano y su ex abogado Stephen Curtis, abogado de oligarcas rusos, no pueden testificar ya que ambos están muertos. El socio georgiano de Berezovsky, Badri Patarkatsishvili, murió aparentemente de un ataque al corazón en Inglaterra, caso que fue investigado por sospechoso por la policía inglesa. Patarkatsishvili era el presidente del club de fútbol Dinamo Tbilisi y fue en su día presidente del Comité olímpico internacional de Georgia

    Berezovsky, llega cada día al Tribunal Supremo en Londres con una limusina Maybach negra con un grupo de guardaespaldas israelíes. Según el libro del periodista ruso Klebnikov, Berezovsky era el hombre más temido de Rusia en los años 90, que ordenaba asesinatos de sus rivales para amasar su gran fortuna gracias a su relación con Yeltsin, pero especialmente con su hija Tatiana.

    Según Jonathan Sumption el abogado de Abramovich, la Rusia post-soviética era una "sociedad sin ley", equivalente a como era Inglaterra en la edad media.

    Uno de los momentos álgidos del juicio fue cuando la traductora no sabía muy bien cómo explicar una palabra rusa intraducible al inglés. Abramovich solo ha declarado en ruso con traductora y Berezovsky en un excelente ingles pero siempre con traductora. Abramovich reconoció haber pagado a Berezovsky solo por su “krysha” que en terminología rusa significa algo así como “protección” o “protección económica”, y que suele usarse por la mafia rusa y el crimen organizado para proteger tus negocios o incluso tu integridad física. Abramovich explicó que contrató la “krysha” de Berezovsky en la época de Yeltsin. Según Abramovich, la “krysha” significa que tu protector puede pedirte el “dinero que sea y cuando quiera” y que obviamente no puedes desembarazarte de su “krysha” unilateralmente. De hecho, según Abramovich el pago de $1.300 millones en 2001-2002 más otros pagos hasta un total de $2.500 millones fueron para romper definitivamente su “krysha” con Berezovsky y su socio Badri Patarkatsishvili.

    Roman Abramovich reconoció en el juicio que entró en el negocio de aluminio comprando activos del sector para luego fusionarse con Rusal, al ser presionado por Patarkatsishvili, al ofrecerle la protección política y de seguridad necesaria, ya que según Abramovich, “en este negocio cada tres días moría alguien”, y “no me interesaba para nada meter mis narices por allí”.

    De Abramovich se estima que tiene contratado al mayor servicio de seguridad privado, la mayoría antiguos oficiales de la SAS, tanto en Inglaterra con 20 guardaespaldas, para protegerle a él y a sus cinco hijos ante un posible secuestro o asesinato, como en la costa azul francesa donde posee varias villas de lujo y yates , en los que en caso de peligro puede huir en helicóptero o submarino.

    Un caso con ciertas similitudes fue la denuncia de Michael Cherney a Oleg Deripaska, el propietario de Rusal, la compañía de aluminio. Cherney, según la justicia española forma parte de la mafia rusa según aparece en la “operación avispa” y tienen una orden de búsqueda internacional por la Interpol. Además las autoridades norteamericanas no permitieron su entrada en USA por considerarle del crimen organizado. Parecería que Cherney ofrecía “krysha“ o “protección” a Deripaska. Cherney le exigió recibir un porcentaje de las acciones de Rusal.

    La relación entre Putin y Abramovich sería muy estrecha, ya que lo primero que hizo Putin al ser elegido presidente fue acordar con Abramovich para que este y sus aliados tomaran el control de Yukos-Sibneft, una vez se envió a prisión a su propietario el famoso oligarca Jodorovsky. Además Putin declaró públicamente que Abramovich estaba al día de sus impuestos a diferencia de Jodorovsky.

    A quien le interese conocer más los turbios negocios en Rusia, debería leer el libro de Luke Harding, “Mafia State” donde el corresponsal del The Guardian en Rusia en 2007, en el que explica su complicada estancia en Moscú, hasta que lo echaron del país.

    No os perdáis el tremendo vídeo en el que Vladimir Putin humilla públicamente precisamente a Oleg Deripaska, delante de las cámaras de TV.

    El Abrazo del Koala
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