Historias imprescindibles de la bolsa y los mercados: La mayor burbuja

La mayor burbuja de la historia se produjo en Holanda en el siglo XVII. Es la conocida burbuja de los tulipanes

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Uno de los libros más antiguos sobre bolsa y mercados financieros y probablemente el más interesante lo escribió en 1688 un español originario de la provincia de Córdoba. Confusión de confusiones, escrito por José de la Vega, relata el ambiente, el tipo de operaciones, los engaños, las euforias y pánicos en la bolsa más importante de la época, la Bolsa de Ámsterdam.

En la Bolsa de Ámsterdam se negociaba de todo: cereales y otras materias primas agrícolas, tulipanes y, obviamente, acciones. La libertad económica de los Países Bajos fue el factor clave para que se desarrollara la bolsa de valores o mercados financieros más importante en siglos. Dos acontecimientos ocurridos en la Bolsa de Ámsterdam han pasado a la historia sobre euforias, pánicos, burbujas y crash.

La Compañía de las Indias Orientales, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales y la especulación sobre tulipanes. Los tulipanes fueron introducidos en 1559 en los Países Bajos desde Turquía, gracias a la Compañía de las Indias Orientales, y desencadenaron probablemente la mayor burbuja de la historia nunca vista. Los tulipanes eran entonces un símbolo de riqueza y ostentación. Las variedades más raras de bulbos eran bautizados con nombres de personajes famosos y almirantes de prestigio.

En febrero de 1637 un solo tulipán llegó a valer en la Bolsa de Ámsterdam lo que valía una vivienda. Según un índice estimado de los precios de estas flores, suponiendo un nivel de 1 florín en 1634, un tulipán se pagaba a algo más de 2 florines a finales de 1635. En 1636, se declaró una epidemia de peste bubónica que diezmó a la población en los Países Bajos. Sorprendentemente, este descenso fuerte en la población no provocó una bajada en los precios de los tulipanes, como podría suponerse por un descenso en la demanda, es decir, de los compradores, lo que demuestra que cuando un activo se encuentra en una fase de euforia o burbuja cualquier noticia acaba acelerando el movimiento.

La falta de mano obra hacía imposible la recolección de la gran cantidad de bulbos plantados en los Países Bajos. Nació entonces un mercado de futuros sobre los bulbos no recolectados. Se contrataban en las tabernas, a pesar de un edicto estatal que en 1610 lo prohibía por su falta de regulación. Se pactaban los precios para el final de la cosecha y en ese ambiente, obviamente, los precios futuros eran claramente más altos a los del mercado spot o de contado. Como en toda burbuja, en su parte final los compradores se endeudaban, se hipotecaban para comprar bulbos en esta especie de mercados de futuros a plazo.

En este entorno, en relación al precio equivalente de 1 florín en 1634, los precios ya se habían multiplicado por 4 o 5 en 1636. Fue tal la euforia que ese año empezaron a cotizar en la Bolsa de Ámsterdam y en las al menos seis bolsas locales (Róterdam, Harlem, Leyden, Alkmar y Horn). Era tal la demanda en la época que empezaron también a negociarse en la Bolsa de Londres y París. Charles Mackay en su libro escrito en 1841, Extraordinary popular delusions and the madness of crowds, relató lo ocurrido con los tulipanes en Ámsterdam. Hay una anécdota muy divertida:

"Un rico mercader había pagado 3.000 florines por un raro tulipán 'Semper Augustus', y éste desapareció de su depósito. Tras buscarlo vio a un marinero (que había confundido el bulbo con una cebolla) comiéndose el tulipán. El marinero fue detenido de inmediato y condenado a seis meses de prisión".

Como en toda burbuja, en su parte final los compradores se endeudaban, se hipotecaban para comprar bulbos en esta especie de mercados de futuros a plazo

Pero la burbuja y la euforia se dispararon en 1637. En apenas unos meses su cotización escalaba hasta siete veces el precio de 1634, pero la subida exponencial aún no había llegado. Los precios escalaban y se multiplicaban semana a semana y alcanzaron un nivel 10 veces mayor que su precio en 1634, luego 15 veces y en apenas semanas se cruzaron a 60 veces su valor original. Como suele ocurrir en los grandes crash, la demanda que cada día empujaba los precios sin descanso se esfumó de golpe.

El 6 de febrero de 1637 un lote de tulipanes no recibió oferta alguna. Se había acabado la gasolina y todo el dinero real y apalancado del país había sido invertido. Supongo que apenas quedaba un comprador más. Como siempre, es imposible predecir el momento final, aunque sí sabemos por la historia que los precios en un proceso de euforia máxima suben mucho más y durante más tiempo del que nadie podría imaginarse con anterioridad. Todo el castillo de naipes se derrumbó aquel 6 de febrero. Curiosamente, el crash no se produjo a mediados de octubre como ocurriría diversas veces en los próximos siglos.

La bancarrota alcanzó a todas las capas sociales de los Países Bajos. Gran cantidad de individuos se habían hecho ricos sobre el papel gracias al apalancamiento en un activo que multiplicaba sus precios. Era todo un beneficio sobre el papel. Como suele ocurrir en la historia de los booms y los crash, la gran mayoría de inversores no venden sus activos, devuelven sus deudas y disfrutan de un beneficio que en este caso sí que sería real. Todos quedan hipnotizados, entusiasmados por los efluvios de las cotizaciones bursátiles.

La próxima semana escribiré sobre el maravilloso libro del judío sefardí de Córdoba que se vio obligado a emigrar de España y que describe el ambiente en la Bolsa de Ámsterdam, los tipos de contratos de la época, tan avanzados como los existentes en nuestros mercados financieros actuales. El libro explica también la historia de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Probablemente, es uno de los manuales de bolsa más antiguos nunca publicados.  

El Abrazo del Koala
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