El arte de crear... y de creer: una chispa para resistir
La mente puede sabotearnos con pensamientos automáticos, con insatisfacciones crónicas, con distorsiones que nos hacen sentir que fallamos incluso cuando todo parece estar "bien" desde fuera
"Hay un lugar en mí donde se esconden los demonios. Y no importa cuánto corra, siempre terminan encontrándome."
Así empieza Demons, una de las canciones más desgarradoras y reales de Dan Reynolds, líder de Imagine Dragons. No canta sobre el éxito ni la fama. Canta sobre la ansiedad, la depresión, la lucha diaria con una mente que a veces se convierte en enemiga.
Reynolds fue diagnosticado hace años con depresión y trastorno de ansiedad generalizada. Su cuerpo resistía. Su música triunfaba. Pero su mente pedía ayuda.
En sus conciertos lanza un mensaje ante miles de personas que es, en realidad, un canto a la esperanza. Un mensaje que recojo como testigo en este artículo y que debería difundirse en nuestra cultura:
"Resiste. Si puedes, ve a terapia. Háblalo con familia y amigos. Y, sobre todo: no te avergüences. No estás fallando."
Cuando la mente se vuelve contra ti
Después de pasar por una depresión profunda, el cantante Dan Reynolds —como tantos otros— ha comprendido lo terriblemente frágil que puede llegar a ser la mente. La depresión no es simplemente estar triste. Es una grieta interna que desordena la percepción, apaga la energía vital y convierte cada pensamiento en una amenaza. Es una mente que actúa como un gorila enorme, duro, represor, que te domina y no te deja ver la realidad.
La mente puede sabotearnos con pensamientos automáticos, con insatisfacciones crónicas, con distorsiones que nos hacen sentir que fallamos incluso cuando todo parece estar "bien" desde fuera.
A veces, la ansiedad o la depresión llegan en plena juventud; otras veces, en la vejez, cuando la soledad o la pérdida de propósito golpean con más fuerza que cualquier enfermedad física.
Entrenar la mente - como quien entrena el cuerpo - no es una opción estética, es una pura supervivencia.
Igual que nadie se culpa por fracturarse una pierna, tampoco deberíamos culpabilizarnos cuando la mente colapsa. A veces hace falta terapia. Otras veces, terapia y medicación. Pero lo que siempre se necesita es una reordenación de fondo: dominar la mente no es fácil, pero es una de las tareas personales más importantes y transformadoras que existen.
Serenidad, entornos y coraje
Por eso necesitamos cultivar la serenidad. Detenernos. Respirar. Elegir los entornos que nos cuidan. Aprender a distinguir entre los problemas reales y los miedos imaginarios que nos desgastan.
La ansiedad muchas veces no viene de lo que sucede, sino de lo que creemos que podría pasar. De ahí la importancia de la terapia, pero también del proceso de mentalización: conectar lo que pensamos con lo que sentimos, y alinear esa brújula interior que nos dice quiénes somos realmente.
La disonancia entre pensamiento, emoción y acción es el corazón del malestar. Y el primer paso es ser conscientes. Y desde ahí, cultivar algo poderoso: el coraje y el optimismo. El coraje de resistir, pedir ayuda, hablar sin vergüenza. Como insiste Reynolds: "No estás fallando. No te avergüences. Resiste."
Sentirse bien: entrenar la mente también es medicina
Quizá este sea el mejor momento para recordar un libro que se ha convertido en un clásico imprescindible: Sentirse bien, del Dr. David D. Burns. No solo analiza la depresión con precisión clínica, también propone herramientas claras, prácticas y transformadoras. Ejercicios mentales que permiten recuperar el control cuando la mente se desboca.
"Lo que piensas determina lo que sientes." Burns lo llama distorsiones cognitivas: pensamientos que parecen verdades absolutas, pero no lo son. Frases como: "soy un fracaso", "todo me sale mal", "voy a decepcionar". Si no se cuestionan, nos aplastan.
"Los sentimientos no son hechos. Que te se sientas un inútil no significa que lo seas...” y añade: “No estás deprimido porque todo va mal. Todo le parece mal porque estás deprimido."
Cuatro herramientas que ayudan (mucho)
1. Diario de pensamientos disfuncionales
Cuando estamos deprimidos o ansiosos, el diálogo interior se convierte en un flujo constante de crítica, miedo o desesperanza. El problema es que pensamos sin darnos cuenta de que estamos pensando, y acabamos creyendo todo lo que nos dice nuestra mente.
Este diario nos enseña a traducir esos pensamientos en lenguaje comprensible. Se divide en cuatro columnas:
• Situación: qué ocurrió,
• Emoción: qué sentiste,
• Pensamiento automático: “soy un fracaso”,
• y respuesta racional: una reformulación basada en hechos, no en distorsiones.
“Sentirse mal no significa que estés mal. Significa que estás creyendo algo erróneo.” — David D. Burns
2. El método del "pero"
Es una técnica sencilla para romper la lógica del autosabotaje. Ante un pensamiento negativo, añadimos un “pero” que nos devuelva el control:
“Hoy me siento insegura… pero he pasado por esto antes y salí adelante.”
“Estoy muy triste… pero esta tristeza no es permanente.”
“Tengo miedo… pero estoy haciendo lo que puedo.”
“Los pensamientos negativos no necesitan desaparecer. Necesitan ser discutidos con lógica y afecto”, nos dice el doctor Burns.
3. Técnica TIC-TOC
TIC: pensamiento que interfiere con el cambio (“no soy suficiente”, “no vale la pena intentarlo”).
TOC: respuesta que orienta hacia el cambio (“puedo intentarlo, aunque me dé miedo”).
Por ejemplo:
TIC: “Si hablo en público, me quedaré en blanco.”
TOC: “Es probable que esté nerviosa, pero puedo prepararme. He salido adelante antes.”
El doctor Burns lo simplifica así: “lo que interfiere con tu cambio no es la realidad, sino lo que asumes sobre ella.”
4. Plan diario de actividades
La inercia de no hacer nada hunde. Por eso Burns propone organizar el día con pequeñas acciones: vestirse, caminar diez minutos, hacer una llamada, leer un capítulo. Al anotar cómo te sentías antes y cómo te sientes después, compruebas que el movimiento genera energía. Aunque solo sea un 5 %, eso ya es un avance.
“No tienes que esperar a sentirte bien para actuar. A veces, es actuando como empezarás a sentirte mejor”, sentencia el doctor Burns.
El arte de cuidar (y creer)
Todo ello lo entendí con claridad cuando entrevisté en El Arte de Crear a Teresa Pérez-Espinosa, médico psiquiatra. Durante su intervención me dejó un regalo: "Deberías añadirle un apellido más a este programa: El arte de crear… y de creer." Creer en las personas. En su capacidad de sanar. En la ternura como medicina.
Teresa me habló de la necesidad de acompañar, de estar, de no exigir cuando alguien ya está roto por dentro. De la importancia de crear espacios seguros, donde podamos decir "me siento mal" y alguien nos escuche sin juicio.
"Cuidar la mente es cuidar la vida", insiste. Y eso empieza por lo cotidiano: el descanso, la alimentación, las rutinas, el silencio, la calma. Aprender a ordenar lo que pensamos y a vivir con menos exigencia y más compasión.
Lo más valioso no se ve, se entrena
La mente es un espacio salvaje. Puede ser refugio o prisión. Pero cuando se vuelve prisión, no se sale con frases hechas. Se sale con trabajo. Con ayuda. Con entreno. Con fe. A veces, la oscuridad enseña a brillar. Y esa luz no aparece sola: la creas tú.
Pensar que llegará el "momento perfecto" puede ser el mayor freno de tu crecimiento. Ese día no existe. Se construye.
Y desde ahí, hay caminos que ayudan:
Hacer deporte.
Levantarte aunque no tengas ganas.
Comer bien, dormir mejor.
Estar con personas que te nutran.
Escribir. Llorar. Respirar. Hablar.
Y cuando todo eso no basta, acudir a profesionales. Porque no podemos solos. Y no tenemos por qué poder. La personalidad también se desordena. Pero se puede comprender. Y se puede trabajar.
No se trata de no tener miedo. Se trata de saber qué hacer cuando llega. Porque la perfección no llegará nunca. Porque el equilibrio es una práctica, no un destino. Porque vivir con sentido es mucho más que estar bien todo el tiempo.
Así que párate. Escucha. Respira. Haz lo que puedas con lo que tengas hoy. Y mañana, repite. Porque resistir no es sobrevivir. Resistir es reconstruirte desde dentro.
Y como canta Reynolds: " No puedes encender un fuego sin una chispa”. Tal vez esa chispa, justo hoy, seas tú. Y si no, búscala. Porque siempre estás a tiempo.
"Hay un lugar en mí donde se esconden los demonios. Y no importa cuánto corra, siempre terminan encontrándome."