El 1 de octubre y el silencio sobre la sucesión de Botín
  1. Mercados
  2. El Radar
Rubén J. Lapetra

El Radar

Por

El 1 de octubre y el silencio sobre la sucesión de Botín

Es el banquero de los récords. Y pretende seguir siéndolo. Emilio Botín celebró ayer su 76 cumpleaños, que le convierten en el decano de los ejecutivos

Foto: El 1 de octubre y el silencio sobre la sucesión de Botín
El 1 de octubre y el silencio sobre la sucesión de Botín

Es el banquero de los récords. Y pretende seguir siéndolo. Emilio Botín celebró ayer su 76 cumpleaños, que le convierten en el decano de los ejecutivos entre los principales bancos europeos. Nació en 1934 y lleva 51 años en activo en el sector financiero. Son más de cinco décadas en el Santander, el pequeño banco de origen familiar que ha pasado a convertirse en un coloso financiero a golpe de adquisición y fusión. Son decenas las operaciones que ha protagonizado y siempre ha mandado tras cada una de ellas. La última con el Zachodni, el tercer banco de Polonia.

Y si no manda, no hay operación, como el caso del M&T Bank estadounidense que pretendía retener la gestión en directivos no nombrados por Botín. La cuestión es quién manda, pero sobre todo, quién lo va a hacer en el futuro. Y cada vez que el presidente del Santander celebra su cumpleaños, como es el caso, vuelve a subirse encima de la mesa el mismo debate. ¿Quién le sucederá al frente de la entidad? La pregunta en realidad es doble puesto que no sólo falta por conocer quién será su sucesor (o sucesora), sino también cuál será el equipo que rodee a la nueva figura en el mando. Alfredo Sáenz, consejero delegado de la entidad y el empleado de banca mejor pagado (9,2 millones), también abandonará el puesto en cuanto se despliegue la transición en Ciudad Boadilla.

Porque Botín tiene un plan pensado para que continúe la saga. Él entró por las puertas del Banco Santander en 1958 y casi treinta años más tarde en 1986         -coincidiendo con la entrada en la Unión Europea de España- sucedió a su padre Emilio Botín López en la presidencia, que acumulaba 52 años en la profesión (1934-1986). Pero es que antes que los Emilios, padre e hijo, estuvo su tío Marcelino, verdadero iniciador del banco. 

Si se cumple la tradición será un nuevo Botín quien coja el testigo. Y entre los candidatos se encuentra no sólo Ana Patricia, presidenta de la filial Banesto, sino también Javier Botín-Sanz de Sautuola y O'Shea. Pese a tener como actividad principal su propio bróker, JB Capital Markets, su presencia en el consejo de administración de Santander -en calidad de externo dominical- se apoya en que es el representante del 2,14% de la Fundación Marcelino Botín y del conjunto del clan familiar. Con sólo 37 años y seis años en el sillón está llamado a ocupar altas responsabilidades en el grupo. De igual manera, su hermana, con 50 años y 21 en el consejo, es la apuesta principal en la sucesión en la presidencia del Santander.

Eso será si lo deciden los millones de accionistas de la entidad, previa propuesta del órgano de gobierno que tutela Emilio Botín. Porque Santander, a secas, se ha convertido en un holding bancario de tamaño inimaginable cuando éste asumió presidencia. El crecimiento ha sido verdaderamente vertiginoso. Desde 1990, el tamaño del banco se ha multiplicado por 41 veces, pasando de apenas 32.000 millones de euros en activos a los más de 1,3 billones actuales. Sólo en los último tres años, los de la crisis financiera actual, ha incorporado a su perímetro de consolidación 400.000 millones, o casi un 50% más.

Un enorme balance para el que hacen falta cada vez más directores generales, más energía y un equipo más joven y renovado que liderará Ana Patricia Botín, cuyo currículum parece construido para dirigir el Santander. Se incorporó al consejo a los 29 años, después de una etapa de formación de ocho en el JPMorgan estadounidense. Tiene la experiencia. Bajo la vigilancia de su progenitor y jefe lleva otros ocho años como presidenta de la red de Banesto. Aunque lo más importante y complejo será el talento y la capacidad de los ejecutivos de los que se rodee para montar su equipo.

Por ejemplo, algunos nombres clave le acompañan hasta ahora: José María Fuster, director general de Tecnología del Santander, se ha ganado a pulso los galones con la integración en torno al Abbey de las franquicias del Santander en Reino Unido, o José García Cantera, consejero delegado de Banesto. Pero también será necesario que se gane a otros pesos pesados como Francisco Luzón, responsable de Latinoamérica, o Juan Rodríguez Inciarte, hombre clave en algunas de las operaciones corporativas de los últimos tres años, o José Antonio Álvarez, el director financiero del grupo... ¿Cuándo? Será más pronto que tarde.

Emilio Botín Bancos centrales Ana Patricia Botín