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De Chinchón a Omaha (y de Enron o las .com a OpenAI)
Entre la ironía de José Sacristán y la exuberancia del Silicon Valley moderno, la inteligencia artificial revive los viejos reflejos de una burbuja que podría generar grandes daños si llega a desinflarse
Hoy me siento un poco como José Sacristán cuando dijo aquello de que la fama en España es "muy de andar por casa". En Chinchón todos saben quién es Marlon Brando, pero en Omaha nadie sabe quién es José Sacristán. Pues bien, después de los últimos anuncios de Open AI esta semana, decidí que tenía que escribir sobre las similitudes entre la situación actual y los años noventa, e incluso con algunas de las prácticas de Enron. El problema es que el Financial Times pensó lo mismo y, durante la semana —y en su edición de fin de semana— publicó dos artículos fabulosos que les recomiendo leer.
Solo les resumo el mensaje que yo quería transmitir, y que coincide bastante con ambos textos, de manera muy simplificada: una empresa que genera 13.000 millones de dólares en ventas y quema 100.000 millones al año se compromete a invertir un billón de dólares en la infraestructura necesaria (Oracle, Nvidia, Dell) para que su producto pueda ser utilizado en el futuro.
Sin entrar aún en cómo lo va a pagar a largo plazo, si la demanda resulta menor de lo esperado, en el corto plazo deberíamos analizar cómo las empresas de "infraestructura" van a financiar su propia expansión. Mientras sea con equity, solo tendremos un problema económico. Pero si se financia con deuda o con estructuras complejas como los SPVs, podríamos enfrentarnos a un problema sistémico.
El último mes se ha convertido en una auténtica locura de alianzas en el sector de la IA: Open AI con Nvidia (100.000 millones de dólares), con AMD (6 GW de GPUs + warrants), con Oracle (más de 300.000 millones en cinco años), y el proyecto "Stargate" de SoftBank, valorado en 500.000 millones. Todos se presentan como acuerdos "transformadores", pero las matemáticas financieras resultan cada vez más absurdas.
La "inversión" de 100.000 millones de Nvidia es, en realidad, un flujo circular: financia sus propios chips para luego venderlos de vuelta a Open
AI a múltiplos de 50 veces. El acuerdo con AMD incluye 160 millones de warrants que solo se consolidan si la acción sube, convirtiendo las compras de chips en una posible dilución accionarial. Oracle, con 20.000 millones de flujo de caja operativo y 95.000 millones de deuda, se compromete a gastar 60.000 millones al año —una cifra que simplemente no puede autofinanciar. SoftBank, por su parte, carga con 120.000 millones de deuda neta y un largo historial de "visiones" costosas. Y la propia OpenAI espera gastar 115.000 millones en los próximos años con apenas 13.000 millones de ingresos.
Es un compromiso gigantesco, con flujos de caja mínimos y estructuras cada vez más creativas para mantener viva la historia. Los insiders ya están retirando fichas: el CEO de Nvidia vendió 736 millones de dólares en acciones en los últimos tres meses, mientras que los empleados de Open
Opinión AI acaban de monetizar 6.600 millones a una valoración de 500.000 (por solo el 1,3 % de las acciones), y los líderes de CoreWeave vendieron más de 1.000 millones en acciones tras levantarse el bloqueo bursátil a mediados de agosto.
Esto es la mecánica clásica de una burbuja: promesas desmesuradas, financiación enrevesada, los de dentro cobrando y los inversores financiando el sueño. Como en el ciclo TMT, el exceso de inversión acabaría integrando la IA en la economía, pero antes podría llegar una época de máximo stress.
En un momento en que el nivel de ahorro del inversor estadounidense está en mínimos, y gran parte del consumo parece estar asociado al comportamiento bursátil, el riesgo sistémico aumenta si estos proyectos de IA acaban siendo castillos en el aire. Pero para conocer la realidad, necesitaremos tiempo.
Por ahora, a corto plazo, creo que las nuevas amenazas de Trump a China no son más que un truco negociador. Con las elecciones mid-term a menos de un año, el presidente estadounidense no puede permitirse una recesión. Aun así, el movimiento del viernes nos recuerda la fragilidad de estos mercados, donde una corrección puede ser, incluso, saludable.
Hoy me siento un poco como José Sacristán cuando dijo aquello de que la fama en España es "muy de andar por casa". En Chinchón todos saben quién es Marlon Brando, pero en Omaha nadie sabe quién es José Sacristán. Pues bien, después de los últimos anuncios de Open AI esta semana, decidí que tenía que escribir sobre las similitudes entre la situación actual y los años noventa, e incluso con algunas de las prácticas de Enron. El problema es que el Financial Times pensó lo mismo y, durante la semana —y en su edición de fin de semana— publicó dos artículos fabulosos que les recomiendo leer.