La expresión risk on / risk off se utiliza en los mercados financieros para justificar movimientos especialmente abruptos, ya sea por su velocidad o por su dimensión: al alza en el primer caso, a la baja en el segundo. Una vez que el movimiento se produce, todo el mundo encuentra una explicación plausible. Sin embargo, el verdadero valor está en identificar el desencadenante real, aquello que provoca el giro antes de que suceda.
El problema es que los patrones del pasado no parecen encajar con la situación actual. La especulación masiva por parte de inversores minoristas, el —falso o no tan falso— efecto riqueza, y la mentalidad del buy the dip suponen un riesgo creciente para el mercado. Y esto hace que los triggers o catalizadores sean hoy muy distintos a los que históricamente conocíamos.
El jueves pasado fue el ejemplo perfecto: tras unos resultados espectaculares de Nvidia, la acción subía un 5% y el S&P avanzaba casi un 2% en la apertura… para acabar el día en negativo. ¿La explicación aparente? La debilidad del Bitcoin, que rompía sucesivamente sus niveles de soporte y caía hasta rozar los 80.000 dólares, entrando incluso en terreno negativo en el acumulado del año. Y lo que es más relevante: dejando a prácticamente todos los inversores que entraron vía ETFs —vehículos que replican su rentabilidad— por debajo de su precio del día uno.
Resulta, como mínimo, llamativo que sea el movimiento del Bitcoin el que esté liderando los de los mercados de renta variable y fija. Estamos hablando de un instrumento que, pese a los avances regulatorios recientes, sigue siendo un work in progress… y aun así marca la dirección del resto de mercados. A pesar de haber subido casi un 50% desde que Trump volvió a la presidencia, el Bitcoin capitaliza unos 1,7 billones de dólares frente a los aproximadamente 220–240 billones del resto de activos financieros y los más de 400 billones de riqueza global.
Que un activo importante, sí, pero relativamente pequeño (la renta variable es unas 100 veces mayor en capitalización), pueda dictar el rumbo del resto de mercados es, cuando menos, preocupante. Especialmente en un momento en el que las valoraciones van tan de la mano y cualquier movimiento abrupto puede desencadenar ventas forzadas o deshacer posiciones apalancadas.
La cultura del pelotazo, el trading frenético y la herencia de los millennials traders nos trajo los memes y ese eterno pump and dump de la bolsa americana. Movimientos no justificados por valoraciones, sino puramente por flujos. Y esta semana, esos flujos de salida han hecho que el BTC rompa niveles técnicos relevantes.
Que cuando la regulación, la transparencia y la utilidad de los activos digitales están en máximos, sea la pura especulación la que provoque la reciente caída… es una ironía, pero también una señal. Por eso, solo queda preguntarse: ¿quién provoca realmente qué? ¿La gallina o el huevo?
Hace apenas dos semanas todos los analistas pronosticaban un cierre de año brillante para los activos financieros. Tras esta corrección, el índice de pánico está en máximos. Entonces, ¿quién dirige a quién?
¿Los especialistas al mercado… o el mercado a los especialistas?
¿La narrativa a los precios… o los precios a la narrativa?
Quizá la pregunta ya no sea quién es la gallina y quién es el huevo, sino quién está realmenteen control.
Y la respuesta —por incómoda que sea— es especialmente difícil de contestar
La expresión risk on / risk off se utiliza en los mercados financieros para justificar movimientos especialmente abruptos, ya sea por su velocidad o por su dimensión: al alza en el primer caso, a la baja en el segundo. Una vez que el movimiento se produce, todo el mundo encuentra una explicación plausible. Sin embargo, el verdadero valor está en identificar el desencadenante real, aquello que provoca el giro antes de que suceda.