Mayores restricciones a los (ya grandes) desafíos económicos de China

Xi concluía diciendo que el modelo económico chino podía ser considerado una “alternativa rápida” de desarrollo económico al modelo occidental

Foto: Rueda de prensa tras el último congreso del partido comunista. (EFE)
Rueda de prensa tras el último congreso del partido comunista. (EFE)

Tras una semana cargada de titulares y novedades en el terreno político y económico, el XIX Congreso del Partido Comunista Chino (PCC) fue clausurado el 24 de octubre. Y no decepcionó las expectativas que había puestas en él. No sólo porque Xi Jinping consolida su poder al no insinuar ningún sucesor de entre los siete miembros que pasarán a formar parte del Comité Permanente durante los próximos 5 años, sino porque abre una nueva etapa de la economía china (beautiful China) en la que se dará prioridad a la “calidad” del crecimiento sobre la “cantidad”.

Dicho cambio de pensamiento no es baladí, puesto que ha quedado oficialmente registrado en el ideario del PCC, que hasta este momento consideraba que la principal contradicción de la economía china era “las crecientes necesidades materiales y culturales de nuestra gente para un bajo nivel de producción”, enunciada por Deng Xiaoping en 1981. De este modo, Xi se consolida con el líder con más poder dentro del Partido desde Deng Xiaoping.

Según Xi, la manera de alcanzar una China más bella es a través de un paquete de medidas económicas, como reformas del lado de la oferta

Según Xi, la manera de alcanzar una China más bella es a través de un paquete de medidas económicas, entre ellas reformas del lado de la oferta (que, en China, a diferencia del mundo occidental, significan limpieza del balance de las empresas y recortes de capacidad en industrias tradicionales) y un férreo control sobre los mercados inmobiliarios, ya que “la vivienda es para vivir y no para especular”. Estas medidas no sólo garantizarán un crecimiento equilibrado durante los próximos cinco años, sino que servirán de guía hasta el año 2050.

La aparente facilidad con la que China ha conseguido sus objetivos económicos en los últimos años ha hecho que multitud de analistas se hayan contagiado del optimismo que ha emanado del Congreso, proponiendo análisis en los que China podrá conseguir simultáneamente los objetivos propuestos sin mayor problema. El problema de dichos análisis es que obvian el mayor desafío, aún pendiente, que tiene que afrontar la economía china antes ni siquiera de poder abordar cualquiera de los nuevos desafíos: el paso de una economía dirigida por la inversión a una dirigida por el consumo.

El reequilibrio de la economía china

Las economías dirigidas por la inversión (como fue el caso de EEUU en las décadas “ferroviarias” de 1830-1850, de la Alemania nazi de 1930 o de Brasil en 1970) permiten generar un rápido crecimiento económico en países poco desarrollados, pero dichas elevadas inversiones traen consigo elevados niveles de deuda para financiarlas. Cuando los países tienen balances poco apalancados, el recorrido para aplicar dichas estrategias es amplio, los niveles de vida mejoran rápidamente y los observadores externos califican en retrospectiva dichas experiencias de “milagros económicos”.

Desde este punto de vista, Pekín ha tenido la posibilidad de crear tanto crecimiento como ha querido. A diferencia del patrón tradicional de crecimiento en las economías occidentales, Pekín ha generado crecimiento a voluntad a través del control del nivel de la inversión, que a su vez ha estado controlado a través de la creación de crédito bancario. Es decir, China ha creado crecimiento económico fijando simplemente la proporción de inversión sobre el PIB.

Pekín ha generado crecimiento a través del control del nivel de la inversión, que a su vez ha estado controlado por la creación de crédito bancario

Sin embargo, a diferencia de los otros “milagros” intensivos en inversión mencionados en el párrafo anterior, China ha podido mantener este modelo en el tiempo más que ningún otro país debido a su posición de balanza de pagos, ya que en el resto de casos, la expansión económica produce entradas de capital, sobrevaloración de la moneda, déficits en balanza de pagos y eventualmente crisis para ajustar el desequilibrio externo.

El aspecto único de China, históricamente hablando, no ha sido decidir cuánto ingreso crear, sino haber podido mantener en el tiempo un modelo dirigido por la inversión sin haber ocasionado desequilibrios en la cuenta corriente.

Modelo de crecimiento chino

Este año no ha supuesto un cambio en el modelo de crecimiento chino, ya que los altos crecimientos en la inversión se han visto reflejados en el crecimiento de la deuda china (total social financing, ó TSF). En los primeros cuatro meses del año, el TSF se incrementó en 8,3 billones de renminbis, lo que en términos anualizados son 25 billones. Dado que el TSF a cierre de 2016 ascendía a unos 156 billones (o más de dos veces el PIB), significa que el crecimiento anual de la deuda ha venido siendo aproximadamente el 16%, casi dos veces el crecimiento esperado para el PIB nominal.

El ratio de crecimiento de la deuda respecto al del PIB ha venido aumentando en los últimos años, y cuanto más tiempo tarde China en reducir su participación de la inversión en el PIB (hasta el 20%, más en línea con las economía occidentales, respecto al 45% actual) más seguirán creciendo los volúmenes relativos de deuda.

A este respecto, Christopher Balding, profesor de economía y negocios en la HSBC Business School en Shenzhen, ha advertido recientemente que, de acuerdo con el último informe de estabilidad elaborado por el Banco Central de China (PBoC), los activos fuera de balance de las entidades bancarias (activos concedidos por instituciones “bancarias en la sombra”, shadow banking), han estado severamente subestimados en los últimos años, siendo los últimos datos más del doble de altos que los del año pasado (alcanzando 253 billones de renmimbis, además de los 232 que ya están en los balances oficiales).

Xi concluía diciendo que el modelo económico chino podía ser considerado una “alternativa rápida” de desarrollo económico al modelo occidental

La mayoría de los activos de la banca en la sombra han sido probablemente concedidos a empresas regionales del Partido con el fin de alcanzar los objetivos de crecimiento marcados por el gobierno central, evitando al mismo tiempo las restricciones de crédito impuestas por la banca tradicional. El elevado volumen de activos de la banca en la sombra no solo es el mayor obstáculo para continuar con un modelo dirigido por la inversión, sino que hace también peligrar el control que históricamente ha tenido Pekín sobre el crecimiento del crédito.

Xi concluía diciendo que el modelo económico chino (banca estatal, inversión dirigida por el Estado, control de los tipos de cambios y férreos controles de capitales) podía ser considerado una “alternativa rápida” de desarrollo económico al modelo occidental para aquellos países subdesarrollados que seguían estancados en la trampa de la pobreza. Y no le falta razón. Sin embargo, las herramientas que China ha tenido hasta ahora pueden no ser suficientes para los desafíos a los que se va a tener que enfrentar a corto/medio plazo. El proceso de reequilibrio de la inversión al consumo es un desafío tan grande que ningún país históricamente ha conseguido completarlo de manera fluida. En este sentido, las nuevas restricciones al “bello” crecimiento chino impuestas por el PCC en la última Asamblea pueden no hacer más que exacerbar dicho desafío.

*Javier López Bernardo, Ph.D. CFA, miembro de CFA Society Spain, y analista de inversiones en BrightGate Capital

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