"Los reguladores europeos tienen el deber de impulsar aún más la ASG"

Los reguladores aún deben actuar más para facilitar un entorno que canalice la utilización de los billones que se encuentran en activos gestionados para generar cambios sociales y medioambientales

Foto: Imagen de Heather Paque en Pixabay
Imagen de Heather Paque en Pixabay

El incremento de la demanda de productos de inversión que abiertamente abrazan los criterios ASG ha significado en los últimos años una ola récord de emisiones de fondos de pensiones y ETF con conciencia social. Solo en 2018, se lanzaron a nivel mundial 382 fondos de estas características, elevando la cifra total a 3.160, según datos de Morningstar. En conjunto, estos productos gestionan 1,2 billones de dólares en activos, el doble de los 622.000 millones de dólares administrados en 2009.

Aun tratándose de una pequeña proporción dentro del conjunto de activos en general, es un potente indicador de la sensibilidad pública al respecto. Dice mucho tanto del nivel de la demanda existente entre los usuarios finales, como de las empresas que, desde las recién llegadas al mercado hasta las firmas más establecidas, están haciendo de la ASG parte integral de su oferta.

A pesar de lo anterior, creemos que los reguladores aún deben actuar más para facilitar un entorno que canalice la utilización de los billones de euros que se encuentran en los activos gestionados para generar cambios sociales y medioambientales. Un enfoque adecuado en la regulación de la ASG permitiría a la industria financiera liderar la satisfacción de las necesidades y preocupaciones de los inversores, ayudando de esa forma a restaurar la credibilidad pública que tanto necesita la industria de la inversión. A esta ya se le ha pasado aquel tiempo de "déjenlo todo en nuestras manos".

Es reconfortante escuchar las declaraciones provenientes de las diferentes administraciones europeas sobre la importancia de la biodiversidad, con ejemplos como la creación en España del Ministerio para la Transición Ecológica y, particularmente la Declaración de primavera del canciller del Exchequer en Reino Unido para revisar la conexión entre biodiversidad y crecimiento económico. Todavía desconocemos el verdadero impacto del cambio climático, pero sí sabemos que nos hallamos ante la carrera más importante de nuestras vidas para evitarlo.

La búsqueda de objetivos de inversión para el beneficio final de la sociedad debe ser impulsada con una mayor conciencia, ritmo y urgencia

La búsqueda de objetivos de inversión para el beneficio final de la sociedad debe ser impulsada con una mayor conciencia, ritmo y urgencia. En este sentido, me gustaría ver que el profesor Sir Partha Dasgupta, el eminente economista y ecologista de la Universidad de Cambridge que ha sido seleccionado para dirigir la mencionada revisión del Exchequer, utilice su nueva responsabilidad para determinar el crucial rol que la industria financiera podría y debería estar desempeñando en la generación de un crecimiento económico que, simultáneamente, mejore nuestro entorno medioambiental.

Hay razones para tener confianza. El profesor Dasgupta es el responsable del libro 'Más allá del PIB para medir el crecimiento de los países', basado en la idea de que las medidas tradicionales de crecimiento económico no reflejan con precisión los sentimientos de prosperidad o felicidad de los ciudadanos. Es seguro que entenderá que la inversión en ASG está lejos de la conflictiva, y estrecha de miras, teoría que los detractores de la ASG nos quieren hacer creer y que viene a decir que aquella solo se explica entre retornos financieros y no financieros. Nuestra riqueza a largo plazo está inextricablemente vinculada al cuidado del planeta, y por lo tanto, los aspectos de gobierno corporativo y social de la ASG también deben complementar y completar el estado futuro de la profesión de gestión de inversiones.

Si bien los científicos registran cinco grandes eventos de extinción masiva ocurridos naturalmente en los últimos 500 millones de años, las consecuencias potencialmente devastadoras del cambio climático inducido por los seres humanos, además de vergonzosas, todavía son evitables. Ante la evidencia de que las acciones de la raza humana ya han provocado la extinción del 60% de todas las poblaciones de animales desde 1970 y que, dependiendo del modelo que se elija, es posible que ya sea demasiado tarde para detener el cambio climático provocado por el hombre, no es creíble afirmar que las finanzas no se ven afectadas por, y no afectan, el medio ambiente.

Es cierto que, en las economías más avanzadas, nos encontramos en un momento crítico y positivo en el que la difusión de la inversión de ASG entre la generación 'millennial' y los ciudadanos más afluentes impulsa la acción explícita en temas como la biodiversidad, la calidad del aire y la reforestación, facilitando una mejora ambiental relativa (como indica la curva de Kuznets). Pero, si no tenemos cuidado, la devastación del medio ambiente todavía podría hacer que la economía mundial se vuelva difícilmente manejable. La industria financiera puede ayudar a detener esta situación. Nosotros somos los que la financiamos.

Solo hay que fijarse, por ejemplo, en las regulaciones para exigir que las empresas informen sobre sus propias brechas salariales de género. Una muestra de cómo una regulación sencilla puede ser un punto de inflexión para el cambio. La transparencia es un primer paso. Simplemente, al exigir más transparencia en este tipo de información, las empresas que al respecto lo están haciendo peor, en comparación con sus pares, se sienten presionadas a cambiar. El mismo enfoque podría ser tomado con la ASG. Regulemos para aumentar la calidad y la estandarización de sus informes y, de ese modo, facilitar que un número creciente de inversores reconozcan la necesidad de tener en cuenta la ASG en sus decisiones de inversión. La transparencia, la calidad y la estandarización de los datos es un mensaje simple y poderoso.

Sin regulación, la inversión en ASG corre el riesgo de ser vista como una indulgencia asequible solo para las naciones más ricas. Las compañías continuarán usando la excusa de que no pueden darse el lujo de hacer más debido a la desventaja competitiva. Estas compañías que generan ingresos y beneficios a corto plazo, pero ignoran el riesgo ASG a largo plazo, no están siendo valoradas correctamente por el mercado. Ninguna empresa pagará por el coste de los plásticos inundando los océanos, ni se enfrentará a la responsabilidad por la escasez de agua, pero sí lo haremos la sociedad; la regulación es necesaria para una mejor exigencia del equilibrio necesario entre la recompensa y la responsabilidad.

*Gary Baker es director gerente de CFA Institute para la región EMEA.

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