Smart Beta: entre gestión activa e indexada

El eterno debate sobre gestión pasiva o activa ha dado paso a extremos como los ETFs (o fondos cotizados) o los fondos de retorno absoluto, en

El eterno debate sobre gestión pasiva o activa ha dado paso a extremos como los ETFs (o fondos cotizados) o los fondos de retorno absoluto, en los que el objetivo propuesto es obtener retornos en cualquier entorno de mercado, gracias a su habilidad gestora.

La gran ventaja de los ETFs es su bajo coste ya que, respecto a los fondos de gestión activa, su cartera replica un índice. Cuando las rentabilidades no son muy elevadas, las comisiones ganan una gran importancia, por lo que se argumenta que los inversores posiblemente sólo puedan soportar las comisiones de gestión cuando se trata de los mejores gestores o la mejor asignación de activos. Pero no sólo hay que considerar los costes de gestión, sino también los de operativa, derivados de rotación de la cartera. Con unas rentabilidades difíciles de mantener por largos periodos de tiempo, se argumenta que los fondos de gestión activa que consiguen resultados superiores al mercado podrían considerarse progresivamente como productos de diseño, para aquellos inversores con grandes patrimonios, del mismo modo que un deportivo difícilmente puede ser un automóvil utilizado como herramienta de trabajo.

Consecuentemente, los productos cotizados han tenido una evolución espectacular desde su creación, alcanzando un volumen de 33.500 millones de dólares (aproximadamente 24.600 millones de euros) el pasado abril, según informaba recientemente BlackRock.

Pero la virtud puede estar en el punto medio entre dos extremos. Una nueva opción ha surgido que, conocida como Smart Beta, describe un fondo indexado que se desvía de los índices de capitalización estándar de renta variable, como el S&P 500 y otros índices similares. Normalmente disponibles como productos cotizados.

Según estimaciones de JP Morgan, los ETFs de smart beta en todo el mundo cuentan con un patrimonio de 382.000 millones de dólares (aproximadamente 280.679 millones de euros). El gráfico representa en color morado las estimaciones de los activos del grupo en el mercado estadounidense

Para la construcción de los índices smart beta se siguen diversas estrategias basadas en factores como carry, value, momentum, growth, volatilidad o small caps, entre otras, dependiendo de cada proveedor.

Una estrategia de factor puro riesgo, con exposición a un riesgo específico no tradicional, genera un retorno a cambio de ese riesgo. Los factores de puro riesgo se construyen en muchos casos como estrategias de market neutral, como por ejemplo una cartera que esté larga en renta variable con bajas valoraciones y corta en renta variable con valoraciones elevadas, de tal forma que la exposición sea market neutral, también denominada Factor Value de Renta Variable. O también una cartera con posiciones largas en divisas de elevada rentabilidad y corta en divisas de baja volatilidad, a la que se denomina Factor FX Carry.

Puesto que los productos cotizados no son siempre la inversión ideal para todos los inversores –la fiscalidad es como de la una acción bursátil- podemos utilizar la idea de smart beta para construir una cartera en la que incluyamos fondos con  factores ganadores, tal como Amundi planea hacer próximamente con sus estrategias de Multi Smart Beta, una apuesta diversificada y, por tanto, más sostenible en el tiempo. Entre los factores propuestos por esta gestora -a través de su asociación con ERI Scientific Beta- incluyen Value, Small Caps, Baja Volatilidad y Momentum.

Si consideramos únicamente los tres primeros factores, podemos formar una cartera de fondos ´ganadores´ de acuerdo con los estudios académicos que demuestran cómo, en el largo plazo, la inversión value supera a la de estilo growth, la de baja volatilidad a la de elevada volatilidad y la de small caps a la de empresas de gran capitalización.

Tomando un enfoque global, con estilo valor, el mejor comportamiento en los tres últimos años es el del fondo Robeco BP Global Premium Equities que, con calificación cinco estrellas de VDOS, se revaloriza un 55 por ciento en su clase D en euros, ganando un 4,81% en el año, con una volatilidad en los últimos doce meses de 8,59%. Siguiendo con el enfoque global, AXA Rosenberg Global Small Cap Alpha Fund, de la categoría VDOS Renta Variable Internacional Small/Mid Caps, obtiene a tres años una rentabilidad de 54,22% en su clase E en euros, ganando durante el año un 5,33 por ciento, con una controlada volatilidad en el último año de 7,48%, que le lleva a posicionarse entre los mejores de su categoría, en el quintil cinco, por este concepto.

Para aplicar el factor de volatilidad, seleccionamos los fondos de renta variable, con calificación máxima cinco estrellas de VDOS, que a un año registran la menor volatilidad. MFS Meridian European Smaller Companies Fund es en su clase A1 en euros uno de los mejores, por su reducida volatilidad, pero también por sus comisiones. Gana a tres años un 56,33% y un 6,08% desde enero, con una volatilidad a un año de 7,26%.


Tenemos así una cartera en la que incluimos factores potencialmente con mejor comportamiento en el largo plazo, con volatilidades reducidas, que puede formar parte del núcleo de una cartera agresiva o complementar una de perfil equilibrado. Seleccionando fondos con comisiones reducidas, la inversión a través de fondos es fiscalmente más ventajosa, ya que puede traspasarse el patrimonio entre diversos productos sin que se apliquen retenciones hasta el momento de su rescate, en base a las plusvalías realizadas.

A pesar de cuánto se está ensalzando, smart beta tampoco es la panacea de la inversión. En esencia, puede considerarse simplemente una indexación reforzada o una forma de gestión activa con menor rotación de la cartera. Por ello, como cualquier otro modelo de gestión cuantitativa, su punto débil es la durabilidad y predictibilidad de los factores en que se base, así como de la transparencia en su aplicación, importante a la hora de tomar la decisión de inversión. Es importante también entender claramente por qué se mantiene cada posición y la ponderación de cada una de ellas. Sin contar el efecto desestabilizador que una inversión masiva en un factor como el de baja volatilidad podría provocar en los mercados.

 

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