Tres lecciones del pinchazo chino

Bienvenidos a la planificación central. Es lo que querían, pues aquí lo tienen

Foto: El presidente de la compañía de comercio electrónico Alibaba, Jack Ma, durante la primera OPV de la empresa en la Bolsa de Nueva York, en 2014. (Reuters)
El presidente de la compañía de comercio electrónico Alibaba, Jack Ma, durante la primera OPV de la empresa en la Bolsa de Nueva York, en 2014. (Reuters)

“No comprendo tu cara de felicidad, sé que estás pensando en cuerdas y cuchillos”

Radio Futura

Ayer la bolsa china volvía a caer un 8% tras una semana negra en la que perdía un 10%.

Cuando me dicen que el liberalismo genera burbujas y que un gran Estado no permitiría esos “excesos”, pienso: “claro, como en China, ¿no?”.  La planificación central no solo no evita las burbujas, sino que las alienta.

Ya hemos hablado en varias ocasiones en esta columna sobre las causas (en 2013 y hace unas semanas), pero me interesa ahondar en las lecciones para estados y reguladores sobre lo que no hay que hacer:

  • No inflar burbujas. Recomendar y alentar que los ciudadanos se endeuden masivamente para invertir en una bolsa llena de empresas semiestatales ineficientes, poniendo vivienda como colateral. En China, donde el regulador aprobó una ley donde se puede usar el activo inmobiliario para garantizar préstamos usados para invertir en bolsa.

  • No echarle la culpa al chivo expiatorio. Primero, echar la culpa de la corrección a los “cortos” y luego prohibir a los inversores mayoritarios vender. No da confianza, los inversores, sobre todo los pequeños no son tontos, y saben que el desplome diario no lo generan operadores que suponen menos del 15% del mercado (el 85 de las operaciones del mercado chino son inversores minoristas). Los más de 200 millones de inversores minoritarios chinos son los más activos del mundo y no solo generan la mayoría de las operaciones, sino que ven cada día lo que pasa en el país fuera de la propaganda y los mensajes oficiales.

  • No intentar perpetuar la burbuja con dinero público. El gobierno chino, a través de entidades públicas, ha invertido casi $147.000 millones en mantener la bolsa china a flote, según Goldman Sachs y hace unos días anunciaba que permitiría su fondo de pensiones público, de 548.000 millones en activos invertir en bolsa. 

El efecto dominó es difícil de predecir, sobre todo porque no sabemos cuántos de esos préstamos avalados por vivienda –que se estiman en alrededor de 7 billones de yuanes- van a ejecutarse, creando una caída del precio de la vivienda, y lo que viene detrás… Todo ello con una sobrecapacidad enorme y decenas de ciudades fantasma vacías, el porcentaje de casas construidas en los últimos cinco años y deshabitadas se estima ya en un 15% y se espera que crezca al 20% en 2016.

El error, por lo tanto, es construir burbujas planificadas que sostienen a otras pensando que, como el Estado las crea, el Estado las va a gestionar adecuadamente. Deuda que infla el sector inmobiliario que financia a la especulación minoritaria en bolsa, que mantiene a empresas ineficientes capitalizadas y crea mayor sobrecapacidad. 

Existe otro factor preocupante. China lleva intentando que el yuan entre en el sistema de Derechos Especiales de Giro del FMI desde hace tiempo y la decisión sobre su pertenencia llegará en septiembre u octubre. No ayuda tener un mercado en implosión y mensajes contradictorios constantes como decir en abril que no se va a devaluar y hacerlo tres veces unos meses después. Algún amigo de teorías de la conspiración en la City piensa que China está aceptando el desplome de sus bolsas antes de entrar en el FMI y llevar a cabo una enorme devaluación del yuan. Pero si eso pasa, las bolsas, soportadas por préstamos en esa moneda, van a sufrir. Y la economía global va a encontrarse con la bajada de precios de los productos exportados por China. 

Imaginen un enorme soufflé, creado, alimentado por el gobierno. Pensar que el gobierno va a controlar el pinchazo es, como poco, ingenuo.  

Los gobiernos se acomodan con las burbujas –en España seguimos esperando recuperar los 40.000 millones de euros anuales de ingresos fiscales que nos daba la misma-. Lo llaman “nuevo paradigma”. Y mientras se aplauden hablando del efecto multiplicador del gasto inútil, se olvidan del efecto divisor de la deuda y sobrecapacidad creada.

Bienvenidos a la planificación central. Es lo que querían, pues aquí lo tienen.

Lleno de Energía
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