ELA, la liquidez de los bancos en apuros, al descubierto

“Emergency Liquidity Assistance” o simplemente ELA, como así es conocida, es uno de los mecanismos más importantes para lidiar con las entidades financieras en apuros que

Emergency Liquidity Assistance” o simplemente ELA, como así es conocida, es uno de los mecanismos más importantes para lidiar con las entidades financieras en apuros que tienen los bancos centrales nacionales de la Eurozona. Suele atribuírsele al BCE el papel de prestamista de última instancia, de él se espera que financie a los bancos del eurosistema si el mercado no funciona (un ejemplo es el LTRO) o también que ofrezca liquidez extraordinaria a muy corto plazo por necesidades puntuales (mediante el MLF), lo que no es tan conocido es que, en ocasiones, dichos mecanismos formales son insuficientes para solventar los problemas. Es ahí cuando nuestra amiga hace aparición, ELA es la última oportunidad de un banco en apuros para sobrevivir.

¿Qué es, en concreto, la ELA? Como comentábamos el BCE tiene diversos mecanismos para inyectar liquidez en el sistema financiero, a una semana, a largo plazo o incluso a un día, pero en todos estos casos es necesario aportar activos financieros de calidad como garantía o collateral. El problema surge cuando una entidad financiera no tiene dichos activos de calidad que ofertar. En ese caso la puerta del BCE se cierra y solo queda la ELA como solución, esto es, acudir al banco central nacional de su país con activos de baja calidad para obtener liquidez con el precio y las condiciones que se determinen.

La teoría dice que la ELA solo es admisible si el problema se circunscribe exclusivamente a la liquidez y no a la solvencia, pero la práctica nos dice que los casos en los que esa ha sido su verdadera finalidad son menos numerosos que aquellos en los que ha servido como línea de liquidez de entidades zombie posteriormente fallidas. Así, entre sus usuarios se encuentra la banca irlandesa, que fue quien le dio un mayor protagonismo, también la banca griega, chipriota, se dice que portuguesa, y casos menos conocidos como el Hypo-Real Estate alemán, el grupo belga Dexia y, probablemente, también España.

En julio de 2012, cuando la situación era extremadamente delicada, una entidad de nuestro país sin activos elegibles ante el BCE acudió al Banco de España en busca de 400 millones de euros. Nunca se publicó explícitamente, que yo recuerde, que se tratase de esta línea de emergencia, si bien es lo más probable puesto que es el único mecanismo conocido que se ajusta a las características descritas. Nunca lo sabremos, y es que, otra característica de la ELA es su absoluto secretismo, puesto que ni se conocen sus procedimientos formales y condiciones, ni existe ningún requisito de trasparencia al respecto (exceptuando una difusa partida "otros" en los balances de los bancos centrales).

O así era hasta hoy, puesto que el BCE publicó el 17 de octubre una guía de cómo se usa la “provisión urgente de liquidez” (que parece será el término usado en castellano para referirse a la ELA) dándonos a conocer su operativa formal. Algo es algo. Así, dicho documento reconoce la capacidad de un banco central nacional de otorgar liquidez de forma temporal y fuera de la política monetaria única a una entidad, o grupo de entidades financieras, solventes. No obstante se reservan el derecho de veto, puesto que el Consejo de Gobierno del BCE podrá limitar dichas líneas de liquidez cuando lo estime oportuno si considera que van contra su mandato.

En general, la forma de proceder será avisar al BCE en los dos días hábiles posteriores a la ejecución de dicha provisión urgente de liquidez, señalando los aspectos que todos podemos imaginarnos, como son el importe, su vencimiento, la divisa, las garantías aportadas, la contraparte, el tipo de interés a satisfacer, o una evaluación de solvencia de la entidad receptora, entre otros, incluyendo información adicional que pueda solicitar el Consejo de Gobierno del BCE. Podemos interpretar con esta condición que en general un banco central nacional puede prestar la ELA cuando le venga en gana y sin consultarlo con nadie, y sí, así es, si bien también se establecen límites al respecto.

Así, cuando la liquidez prestada a una o varias entidades supere los 500 millones de euros, límite no alcanzado por el Banco de España en julio de 2012, se avisará al BCE tan pronto como sea posible y antes de que el dinero haya sido prestado. Si el importe es aun mayor y supera los 2.000 millones de euros no solo tendrá que avisarse con antelación, también será necesario recibir la aprobación del BCE, quien en teoría juzgará si tales operaciones de ELA ponen en peligro la política monetaria común pudiendo establecerse condiciones y límites negociables. En resumidas cuentas, barra libre hasta 2.000 millones, preavisando por encima de 500 millones de euros.

Se intuye cierta voluntad de “dejar hacer”, ya que las condiciones son bastante laxas, si bien también hay que tener en cuenta que todo es a cuenta y riesgo del banco central nacional que realiza la ELA, y si en algún momento se interfiere en la Eurozona el BCE tiene potestad para frenarlo. Aunque quizá la gran cuestión es, ¿por qué ahora? ¿Por qué se ha tardado tanto en dar algo de luz a una práctica tan controvertida? Es probable que los banqueros centrales crean que lo peor ha quedado atrás, y que el protagonismo de la ELA no volverá a ser el de los últimos meses, resultando más fácil dar algunos detalles de una práctica muy opaca.

Quizá tengan razón, la situación de la Eurozona como ya hemos comentado en anteriores artículos es indiscutiblemente mejor que meses atrás, pero teniendo en cuenta que aun estamos en una emergente mejoría no debemos descartar contratiempos. Por ejemplo, algo tan “insignificante” como un cambio en la metodología en la que S&P fija sus ratings puede causar algún que otro disgusto. Y es que la agencia norteamericana ha abierto un período de consulta para decidir si cambia o no el criterio que actualmente usa en los covered bonds y demás productos estructurados, en España las cédulas hipotecarias por ejemplo

El debate es el siguiente, ¿puede un activo financiero emitido en un determinado Estado ser más seguro que ese mismo Estado? La respuesta aceptada es que sí, por la cantidad y calidad de los activos ofrecidos en garantía, o por los fondos de reserva u otras formas de mejorar el crédito del producto. Ahora bien, el problema es determinar cuánto más seguros pueden ser: actualmente un producto estructurado puede mejorar en seis notchs al soberano, algo que S&P quiere reducir a solo cuatro. Para países como Portugal este cambio puede ser un fuerte golpe a su sistema financiero, pues se calcula que el 60% de los ratings de RMBS, ABS y CLOs de pymes caerán por debajo del umbral elegible por el BCE.

En España el efecto se calcula que sería una bajada de calificación de dos escalones para el 50-60% de los ratings de RMBS, ABS, CLOs de pymes y cédulas, y de 5 a 6 categorías los CMBS. Algo que, si bien no entraña los peligros del caso portugués pues aquí retendrán el grado de inversión, sí dificulta la obtención de liquidez por parte de las entidades financieras ante un potencial aumento de los haircuts. Por el momento el movimiento está siendo consultado sin reacciones en los precios, y además el BCE podría bajar aún más sus requisitos en respuesta, pero ejemplifica cuán fácil sería que la ELA volviese a tener protagonismo en la Eurozona. Esperemos, eso sí, que tarde mucho tiempo en utilizarse para lidiar con entidades zombie y que todo lo que sepamos al respecto en los próximos meses sea, como ahora, para aumentar la trasparencia.

Perlas de Kike
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