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La desigualdad de los estúpidos
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Kike Vázquez

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La desigualdad de los estúpidos

Imagínese que un día andando por la calle alguien, sin conocerle demasiado, le llama estúpido, ¿cómo se sentiría? Ahora imaginémonos una segunda situación en donde dicho

Imagínese que un día andando por la calle alguien, sin conocerle demasiado, le llama estúpido, ¿cómo se sentiría? Ahora imaginémonos una segunda situación en donde dicho sujeto sigue sin saber demasiado sobre usted, pero sí conoce su salario y su patrimonio. ¿Cree justificado que pueda llamarle estúpido en base a dichos datos? En otras palabras, ¿cree que nuestra inteligencia determina cuánto tenemos? No sé qué pensarán, pero hay una persona que esta semana se ha posicionado muy claramente al respecto: Boris Johnson, alcalde de Londres.

¿Qué ha dicho exactamente el Sr. Johnson? Aquí pueden ver los párrafos de la polémica, si bien en resumidas cuentas afirma que la desigualdad es un fenómeno positivo y que al existir individuos con un cociente intelectual muy alto y otros con uno muy bajo, pues es normal que unos tengan éxito y otros no. Algo que en una extrapolación malvada, pero no muy alejada de la realidad, podríamos definir como; los inteligentes triunfan, mientras otros son demasiado estúpidos para conseguirlo. ¿Realmente creen que eso justifica que el 39% de la riqueza mundial esté en manos del 1% más rico?

Ahora el Sr. Johnson seguramente contestaría eso de “no atribuyas a la maldad, lo que puede ser explicado por la estupidez”, aunque personalmente me inclino más a pensar que las diferencias entre los seres humanos no son tan altas como indica su patrimonio, más bien estamos ante diferencias “artificiales” de un sistema que no funciona todo lo correctamente que debiese. Y ojo, cierta desigualdad es positiva y natural, que todo el mundo cobre lo mismo y tenga lo mismo por decreto no tiene más perspectivas de prosperidad que la URSS, pero tan perjudicial es la igualdad total como la desigualdad extrema.

Actualmente vivimos en un mundo en donde nos piden que escojamos entre más pobreza o más desigualdad, en donde una tienda de Walmart en Ohio pide a los clientes que donen comida ¡para sus propios empleados!, en donde McDonalds sugiere a sus empleados buscar un segundo trabajo para sobrevivir o bien cortar la comida en más trocitos para sentirse llenos antes (¡!). Antes era pobre quien no trabajaba, pero hoy en día incluso con un trabajo se puede ser igual de pobre, ¿qué está pasando aquí?

Quizá tenga razón el Papa Francisco cuando critica al actual sistema económico por ser “injusto en su raíz”, por fomentar la “exclusión y la desigualdad”, y por considerar al ser humano “un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar”. O quizá la tenga Raghuram G. Rajan, banquero central de la India y execonomista jefe del FMI, cuando afirma que la actual vorágine crediticia no es sino una respuesta fácil ante la desigualdad en lugar de apostar por una mayor educación.

De hecho cada vez hay más indicios de que esta crisis no empezó en el 2007. El último en plantearlo ha sido Larry Summers, en un discurso 100% recomendable, según el cual la capacidad de la economía para generar demanda está tan mermada que obtenemos burbujas financieras antes de obtener pleno empleo. Y es que, si los bancos centrales se han vuelto tan locos en los últimos años, si ha existido tal desmadre financiero, ¿cómo es que la economía estadounidense no mostró una inflación elevada o un desempleo demasiado bajo? La economía real no responde ni con esteroides, lo que en su opinión podría llevarnos a un estancamiento secular.

¿Y por qué no responde? No hay respuesta, si bien existe una línea de debate que lo achaca a la desigualdad. Es sabido que las rentas altas tienen una propensión al ahorro muy superior a las rentas bajas, quienes consumen la práctica totalidad de lo que reciben. Esto es, el exceso de concentración de riqueza en la parte alta provoca que esas rentas que pasan de la parte baja a la parte alta se dediquen a la inversión en lugar de al consumo, debilitando la demanda. Da dinero a un pobre y lo gastará, dáselo a un rico y lo invertirá.

El problema de la desigualdad no es baladí e incluso, como dice el WSJ, comienza a preocupar por primera vez en Wall Street. Y no, no porque tengan miedo a que esto suponga una subida impositiva, sino porque puede suponer un techo al crecimiento. Un ejemplo es Bill Gross, según el cual la desigualdad de la economía estadounidense la convierte en menos productiva, o Jim Chanos, quien ha manifestado que la gente tiene menos incentivos a participar en la economía si ésta cree que el juego “no es justo”.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Aplicamos el “¡exprópiese, exprópiese!”? Pues en algún caso deberíamos aunque, lejos de quitarle a quien se lo ha ganado como en algún país bananero, habría que quitárselo a aquellos que fruto de la corrupción o los tratos de favor se han llenado los bolsillos. Ojalá todo fuese tan sencillo, el problema es que el fenómeno de la desigualdad es algo creciente en occidente y, aunque en unos países más que en otros, solo en parte achacable a la corrupción. Si quieren entender una explicación más plausible observen la siguiente gráfica:

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Según un estudio llevado a cabo por un profesor de la universidad sueca Karolinska Institutet el mundo sería hoy mucho más igualitario de lo que creemos, puesto que sentimos más diferencias dentro de un mismo país, pero como agregado hoy el mundo está más repartido de lo nunca estuvo en mucho tiempo. ¿Por qué? Pues voy a aventurarme y a decir, ¡por la globalización!

Al contrario que el alcalde de Londres, no creo que la estupidez determine nuestra riqueza, en realidad creo que el factor más determinante es dónde nacemos. Si nacemos en una familia rica tenemos muchas más probabilidades de serlo que naciendo en una pobre, si nacemos en un barrio rico tenemos muchas más probabilidades de tener amistades con patrimonio que en uno pobre… y si nacemos en un país rico tenemos muchas más probabilidades de vivir bien que naciendo, por ejemplo, en África.

¿Queremos que exista movilidad social y alguien proveniente de una familia humilde pueda llegar a lo más alto o no? ¿Y qué los ciudadanos chinos puedan aspirar a nuestro trabajo y nuestra renta? ¿Es lo justo o no? ¿Igualdad de oportunidades? Si es cierto que el mundo converge lo que estamos empezando a ver no es otra cosa que la formación de una élite global, una clase media global, y una clase baja global. Súper-ricos, súper-pobres y trabajadores españoles o de la China Popular.

Parte de la industria de occidente se ha ido a otros parajes, perdiendo salarios que en general eran altos y reconvirtiéndose al sector servicios, en algunos casos con alto valor añadido pero en general mal remunerados. Antes los principales empleadores eran los industriales, hoy la hostelería o los McDonalds de turno. Antes una familia vivía con un sueldo y ahora con estos sueldos sigue siendo pobre. Antes los trabajadores competían con otros en un radio de kilómetros, ahora la competencia es total. Antes éramos locales, hoy globales.

Además el capital ha sustituido a gran parte de la mano de obra por la mecanización y los robots, pasando de la productividad del trabajo como forma de prosperar, que decía Taylor, a la productividad del capital como norma y la del trabajo como mal necesario. Muchos trabajos no sustituibles siguen estando bien remunerados, pero son pocos y cada vez menos, y si bien pareciese simplemente una cuestión de ser productivo, lo cierto es que en países como EEUU las mejoras en la productividad no se trasladan a los salarios. Por lo que va más allá.

¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por una hamburguesa? ¿Y por una camiseta básica? Nuestras acciones nos delatan. Si bien el golpe está siendo asimétrico, puesto que mientras unos son golpeados por una competitividad sin precedentes, otros pagan menos impuestos que nunca. Y no, no me refiero a las rentas del trabajo, puesto que las rentas altas del trabajo sostienen gran parte del sistema tributario. Me refiero a todos esos mecanismos que hacen que el trabajador no solo tenga encima la losa de la competitividad, sino también la fiscal. No puede ser que la fiscalidad moderna se construya por, ¿a quién puedo cobrar sin que se escape?

La desigualdad no solo puede suponer un techo al crecimiento, es que por muy local que sea en contraposición a lo que ocurre globalmente, provoca polarización, malestar y dificultades. Y una vez aparecen todos estos síntomas ya no hay vuelta atrás, porque es imposible cambiar en el corto plazo. Necesitamos una educación de calidad global, unas condiciones mínimas de vida, sanidad, y un sistema tributario justo. Si los políticos miran para otro lado tendremos la desigualdad de los estúpidos, pero no de aquellos con bajo cociente intelectual, sino de quienes pudieron hacer algo cuando estaban a tiempo y no lo hicieron.

Imagínese que un día andando por la calle alguien, sin conocerle demasiado, le llama estúpido, ¿cómo se sentiría? Ahora imaginémonos una segunda situación en donde dicho sujeto sigue sin saber demasiado sobre usted, pero sí conoce su salario y su patrimonio. ¿Cree justificado que pueda llamarle estúpido en base a dichos datos? En otras palabras, ¿cree que nuestra inteligencia determina cuánto tenemos? No sé qué pensarán, pero hay una persona que esta semana se ha posicionado muy claramente al respecto: Boris Johnson, alcalde de Londres.

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