Espírito Santo y el retorno del miedo

Ha vuelto, siempre lo hace. El miedo retorna a la Eurozona. La intensa vorágine de optimismo que nos acompañaba desde finales del 2012 se acaba, volvemos

Ha vuelto, siempre lo hace. El miedo retorna a la Eurozona. La intensa vorágine de optimismo que nos acompañaba desde finales del 2012 se acaba, volvemos a ver titulares que nos recuerdan que “la crisis no ha terminado” y las bolsas caen. ¿Por qué? El origen es financiero, como así demuestra que el índice de entidades financieras de la zona euro se haya hundido un 15% en el último mes. Casi nada. Y todo, dicen, porque el Banco Espírito Santo tiene problemas, lo que ha provocado un derrumbe del 40% en su capitalización en 5 días. ¿Qué está pasando en Portugal? ¿Estaremos ante una señal de que hemos obviado problemas que pueden hacer descarrilar la recuperación?

A tenor de los hechos, y a pesar del ruido mediático, lo que pasa en Portugal debería de quedarse en Portugal. Y es que, según la información que se ha publicado hasta el momento, el Banco Espírito Santo no tiene problemas financieros, lo que contrasta con otras empresas del grupo familiar. Más allá de lo grave de la situación, que lo es, y de los graves daños indirectos que se puedan causar, no estamos ante un fenómeno que podamos extrapolar a toda la banca europea, como así parece haber interpretado el mercado, sino ante algo circunscrito a la buena o mala gestión realizada en un conglomerado empresarial concreto.

¿Cuáles son los hechos? En diciembre del 2013 se empezaron a conocer detalles sobre prácticas poco ortodoxas realizadas por el grupo de empresas de la familia Espirito Santo, que en realidad ocultarían una situación financiera muy delicada de Espírito Santo Internacional (ESI), el holding del grupo. Así, se descubrió que tras el estallido de la crisis en la Eurozona, y ante la imposibilidad de financiarse en los mercados, un fondo llamado ‘ES Liquidez’ gestionado por BES adquirió deuda emitida por ESI en un montante total de 6.000 millones de euros.

No pasaría nada si no fuese porque el fondo fue comercializado en oficinas del Banco Espirito Santo, porque estaba enfocado a inversores minoristas, porque se vendía catalogado como conservador y porque llegó a tener un 80% de sus recursos invertidos en deuda de un conglomerado llamado Espírito Santo Internacional que, si no está en quiebra está próximo a ella. Vamos, que por mucho que en teoría fuese algo legal, que lo era, estamos ante algo totalmente reprochable que podríamos definir como preferentes made in Portugal. Las preferentes también fueron legales, y también trataban de ocultar graves problemas de solvencia en numerosas entidades como ocurre en este caso.

Si bien, a diferencia de España, en el país vecino las autoridades comenzaron a actuar. La CMVM limitó al 20% la inversión máxima permitida por parte de un fondo en una empresa filial, mientras por otra parte el Banco de Portugal encargó a KPMG una auditoria de las cuentas del conglomerado. En mayo se da a conocer que existen multitud de irregularidades y que ESI está en una grave situación financiera, lo que forzó a Espírito Santo Financial Group (ESFG), principal accionista de BES, a dotar una provisión de 700 millones de euros para posibles contingencias de su matriz, y se obligó a que ningún miembro de la familia dirija la entidad financiera.

Alguien se preguntará, si el fondo ES Liquidez reduce su exposición a ESI… ¿cómo se financia entonces el holding? Muy sencillo, en lugar de inversores minoristas buscamos a grandes patrimonios y si aun así no es suficiente buscamos alguna empresa ‘amiga’, por ejemplo Portugal Telecom cuyo principal accionista es BES con un 10% del capital, para que compre la deuda. De hecho la teleco portuguesa compró 900 millones de euros en deuda de Rio Forte, empresa controlada al 100% por ESI, para poder hacer frente al drenaje de recursos que suponía la nueva limitación en el fondo ES Liquidez, motivo por el cual la operadora se está hundiendo en bolsa hasta niveles insospechados, ya que se teme que el descubrimiento pueda poner en peligro su fusión con la brasileña Oi o los acuerdos pactados.

Hay miedo, y no es para menos. A las continuas riñas familiares, la evasión de impuestos de alguno de sus miembros, a los escándalos como el de Angola en donde se desconoce el 80% de los préstamos realizados por la entidad local, unos 5,7 mil millones de dólares con alto riesgo de morosidad presumiblemente otorgados a la casta angoleña, al uso de recursos de empresas solventes para ocultar la mala gestión de otras, a las irregularidades contables, se unen ahora numerosos síntomas de que el castillo de naipes puede estar próximo a caerse: la semana pasada se publicó que ESI no ha podido hacer frente al último pago correspondiente a la deuda colocada a grandes patrimonios. ¿Insolvencia a la vista?

Banco Espírito Santo lleva meses tratando de desligarse del resto del conglomerado, ya en su última ampliación de capital admitía que existía un riesgo reputacional por su vinculación, y ahora ha publicado un comunicado donde desglosa su exposición al grupo, cifrándola en 1.183 millones de euros. De ser así argumentan que podrían soportar el peor de los escenarios por contar con un exceso de capital sobre lo marcado por la regulación de 2.100 millones de euros. A pesar de ello siguen existiendo dudas sobre si estaremos ante la exposición total real, y si realmente el banco se comportará de forma independiente a partir de ahora, haciendo caso omiso a lo que pida su principal accionista. Y es que los prestamistas de prestatarios insolventes también terminan siéndolo.

Pero, a pesar de lo delicada que es la situación, ¿justifican los problemas de la familia Espírito Santo el contagio?  Probablemente no, ya que no se trata de un fallo de la moneda única sino algo particular, algo que afecta colateralmente a Banco Espírito Santo pero que poco tiene que ver con el sector bancario de la Eurozona. Dicho esto, también hay que decir que no viene nada mal que de vez en cuando nos pongan los pies en la tierra, por eso de que somos humanos y a veces somos demasiado pesimistas, y a veces demasiado optimistas, a veces provocamos caídas y otras burbujas. No viene nada mal que nos recuerden que aún queda mucho trabajo por delante, y que en los mercados, más que optimistas, hay que tratar de ser realistas. Hay contagio, pero más que por Espírito Santo, es porque nos preguntamos si no habremos ido demasiado lejos. ¿Lo habremos hecho?

Perlas de Kike
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