Adiós oro, hola ladrillo

¿Cuál es el mejor activo para preservar la riqueza? La compra de oro es la opción más popular; sin embargo, los grandes patrimonios se decantan por el ladrillo

Foto: Adiós oro, hola ladrillo

Confiemos o no confiemos en la salubridad de los mercados financieros actuales, todo el mundo se plantea en algún momento en dónde refugiarse. Algunos por miedo, otros por simple diversificación, pero en cualquier caso el mercado de los ‘activos seguros’ acapara una enorme atención. ¿Dónde depositar nuestro dinero para sentirnos seguros? Las opciones son múltiples: oro, fondos monetarios y/o muy conservadores, depósitos, cajas fuertes, deuda pública, joyería, arte… si bien una opción cada día más utilizada es el ladrillo.

Tradicionalmente el oro ha brillado con luz propia en cuanto a seguridad se refiere. Cuenta con la herencia de haber ejercido de patrón monetario hasta hace pocos años y también de haber sido usado como moneda de intercambio durante largos períodos de la historia. Pero aun con este legado el oro ya no es lo que era. En la actualidad la existencia de ETFs, certificados, derivados… y toda una retahíla de productos análogos al metal áureo, que influyen en su valor sin poseer necesariamente el activo físico, han provocado una alteración sobre su percepción.

El oro es oro si se posee físicamente. Y aun así, como decía el forero Enrique Gallego en un artículo anterior (comentario 17), dependemos de un ‘papelito’ que nos certifique que efectivamente es auténtico y no una buena imitación, que las hay. Es más, su ‘papelización’ provoca que, aunque estemos seguros de contar con una pieza auténtica, no podamos fiarnos de que realmente conserve su valor. El oro, lejos de ser el activo estable de antaño sobre cuyo precio se determinan todo lo demás, es actualmente un activo especulativo más.

Podemos confiar en la economía ‘fiat’ y elegir los depósitos bancarios para preservar nuestro patrimonio. Desde luego para el pequeño ahorrador, con la garantía implícita existente por parte de los Gobiernos sobre los primeros 100.000 € por cuenta y titular, esta opción es actualmente ganadora. En un entorno de inflación probablemente no lo fuese, pero en dichas condiciones también existirían otros productos interesantes como la deuda pública que hoy se sitúan en terreno negativo en multitud de referencias incluso en países como el nuestro.

¿Queremos un activo que preserve nuestro capital? Si somos un gran patrimonio, probablemente nuestra decisión será comprar inmuebles en zonas céntricas

Pero, así como el depósito es una buena opción para el pequeño ahorrador, los grandes patrimonios deben de pensárselo más. Sirva como muestra este artículo. Según informan los medios suizos, un fondo de pensiones del país ha tratado de retirar su dinero en efectivo de una entidad financiera para almacenarlo en cajas fuertes y evitar así los tipos negativos. Sorprendentemente, el banco se ha negado a entregarlo, alegando que la ley exige transferirlo pero no el medio para hacerlo. Si contamos con montantes importantes de dinero para depositar, debemos valorar no solo el riesgo de quitas en caso de quiebra o liquidación de la entidad, también que en determinados supuestos perdamos el control sobre el mismo. Véase este caso, el caso chipriota… situaciones excepcionales requieren medidas excepcionales.

Una mejor opción pueden resultar los fondos monetarios y/o muy conservadores. Para un inversor normal, diversificando el riesgo de comercializadora, depositario y fondo estos instrumentos también son una opción ganadora, especialmente si contamos con una cartera de fondos y deseamos diferir la tributación. Si bien, además de los riesgos que vimos con Banco Madrid (no solo por el ‘minicorralito’ en los fondos que vendían, sino principalmente por los fondos que invertían en la entidad), con las actuales comisiones probablemente las rentabilidades se situarán en negativo. Así, estamos ante un caso similar a la deuda pública, un buen refugio que sirve para combatir la inflación pero boicoteado por la represión financiera.

No es extraño, por tanto, que haya quien se plantee medidas más extremas. Vimos en su día a El-Erian diciendo que no se fiaba de los mercados cotizados actuales, prefiriendo otras opciones, y hoy traemos un nuevo comentario ‘top’. Nada más y nada menos que Laurence Fink, cabeza visible de BlackRock. Aquí pueden leer un artículo de Bloomberg que recoge sus declaraciones en una conferencia realizada por Credit Suisse en Singapur sobre ‘megatendencias globales’.

L. Fink: “Gold has lost its luster and there’s other mechanisms in which you can store wealth that are inflation-adjusted (…) The two greatest stores of wealth internationally today is contemporary art… and I don’t mean that as a joke, I mean that as a serious asset class (…) And two, the other store of wealth today is apartments in Manhattan, apartments in Vancouver, in London.”

Para Fink el oro ha dejado su trono en favor del ‘ladrillo prime. El comentario tiene mucho mérito si valoramos que quien lo dice representa a la mayor gestora de activos del mundo… algo que está en directa competencia con invertir directamente en ladrillo o en arte. Es cierto que BlackRock cuenta con ETFs y fondos que van en la línea que defiende Fink, pero el comentario no parece ser publicitario ya que quien busque un apartamento en Londres o un cuadro contemporáneo probablemente no recurrirá a la gestora. Además de eso, el comentario tiene sentido.

¿Queremos un activo que preserve nuestro capital y nos proteja de una eventual inflación (incluso de una inflación de activos)? Entonces, si somos un gran patrimonio y tenemos el caudal suficiente, probablemente nuestra decisión será comprar inmuebles en zonas céntricas en donde el alquiler está prácticamente garantizado. En el mercado actual, incluso con un seguro de pagos y/o destrozos, podemos batir a la deuda pública. Y si la liquidez empieza a fluir, entonces rápidamente se repercutirá en el valor del inmueble (y a la inversa, ojo). Si lo hace Amancio Ortega, por algo será.

Sin duda existen también inconvenientes. La mayor rentabilidad potencial de zonas no céntricas se deriva de su mayor dificultad para alquilar, y no todos los patrimonios pueden acceder a las mejores plazas. Existe un riesgo normativo claro, véase la reciente caída del mercado residencial de lujo en Londres, o el auge de partidos que quieren establecer impuestos disuasorios sobre viviendas usadas como inversión. La protección contra la inflación significa también que los activos subyacentes fluctúan de precio, pudiendo entrar en una burbuja y posteriormente caer. Y por último, la compra de un inmueble significa en nuestro país perder de media un 10% del importe por los tributos asociados, por lo que solo es factible pensar en ello como inversión a muy largo plazo.

A pesar de los inconvenientes se trata de un activo con claras ventajas frente a sus comparables: una rentabilidad superior, que además podemos estimar de antemano; protección frente a una eventual inflación, incluso de activos; es tangible; y tiene vocación de inversión a largo plazo. Hay que decir que para el pequeño ahorrador, salvo que nos interese el inmueble en concreto, la opción no es tan buena (el riesgo sobre las rentas es mayor en los bienes a su alcance y la carga tributaria es elevada) frente a los depósitos y los fondos monetarios diversificados. Aunque, teniendo en cuenta que quien mueve el mercado son las manos fuertes, podemos decir adiós al oro como refugio… y hola al ladrillo. Una ‘megatendencia’ que es confirmada cada vez que un banco central aplica políticas expansivas. Palabra de Fink.

Perlas de Kike
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